La taconera: historias de terror y leyendas de Saltillo
¿Qué hace que una calle siga recordando los pasos de alguien mucho después de que dejó de recorrerla?
En la antigua calle del Camposanto, hoy Juárez, cerca de Bravo, los vecinos reconocían sus tacones desde la cama. Primero se oía abrir la puerta; después, los pasos que se alejaban por la calle de Saltillo. La mujer esperaba a que su madre enferma se durmiera para salir a encontrarse con su amante.
Antes de irse, se acercaba al lecho y permanecía ahí hasta distinguir la respiración. Dejaba al alcance el agua y acomodaba la ropa que podía necesitar. Luego recogía sus cosas, procuraba cerrar sin ruido y caminaba deprisa. Conocía el tiempo que le tomaba llegar y el que debía reservar para estar de vuelta antes del amanecer.
Una noche regresó y se detuvo junto a la cama. Le habló en voz baja, como hacía cuando necesitaba despertarla para darle de beber. Acercó una mano a su hombro. La movió apenas, volvió a llamarla y terminó sacudiéndola.
Su madre había muerto mientras ella estaba fuera. En los días siguientes entraron vecinos a ayudarla y salieron cargando lo necesario para el entierro. Después, la puerta quedó cerrada. La mujer dejó de acudir a sus encuentros. Se fue consumiendo dentro de la casa, donde cada noche tenía por delante las mismas horas que antes pasaba lejos. Cuando también la enterraron, los vecinos llevaban tiempo sin escuchar sus zapatos.
Meses después, los tacones volvieron a pasar frente a las ventanas. Quien los reconoció se incorporó antes de acordarse del entierro. Hubo puertas que se abrieron y gente que salió hasta la banqueta. Los pasos seguían hacia Bravo, claros en la calle vacía. Algunos caminaron detrás del sonido.
Al llegar a una esquina ya lo escuchaban en la siguiente, siempre a una distancia que parecía posible alcanzar. Uno de los que iba siguiéndolo se cansó y dio media vuelta. Dejó de oírlo. Se quedó inmóvil, escuchó un momento y volvió a orientarse hacia donde venía caminando. Los tacones continuaban ahí, a unos pasos de él.
¿En dónde se dice que ocurrió esta historia?<br /> Calle Benito Juárez, cerca del cruce con Nicolás Bravo.
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