Reactivan templos católicos de Saltillo

Saltillo
/ 12 octubre 2020

No pueden tocar imágenes no tampoco darse de mano el saludo de paz

Tras tener a “san Internet” como intercesor ante Dios durante poco más de ocho meses, las parroquias de Saltillo reabrieron las puertas a limosnas, alabanzas y rezos de los feligreses que acudieron a misas presenciales ayer domingo.

Las campanas de 37 parroquias y 9 rectorías de la Vicaría en la Región Sureste llamaron a misa para dedicar la mayoría de las celebraciones eucarísticas presenciales a quienes fallecieron por coronavirus, con un aforo del 25 por ciento.

El incienso devolvió a los fieles la esperanza de que pronto todo vuelva a la normalidad, confesaron algunos, quienes no ven como un riesgo de contagio acudir a misa, pues además de salir una vez a la semana de su casa, el espacio es suficiente para mantener las normas que dictan las autoridades, consideraron.

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Tan solo en la misa del mediodía en Catedral, acudieron poco más de 100 personas, distribuidas en las 4 filas de bancas para mantener distancia de un metro y medio entre cada asistente.

“Ya nos hacía falta venir a la casa de Dios y elevar nuestras súplicas en silencio; en medio de esta paz que nos da la parroquia, ver a vecinos aunque sea de lejos o aportar algo porque sabemos que estuvieron en crisis este tiempo”, expresó don Julián Márquez en el atrio del templo de Nuestra Señora de la Luz. 

Se pudo observar que se cumplió con las normas obligatorias de salud como acudir con cubre bocas, conservar sana distancia, usar gel antibacterial, tapete sanitizante o tomarse la temperatura al ingresar.

Entre otras adecuaciones, los templos restringieron el uso de misales o libros dominicales, así como las pilas de agua bendita, y anunciaron la dispensa del precepto dominical para evitar un conflicto de conciencia entre los feligreses por quedarse en casa.

Por la tarde, el obispo de Saltillo, Raúl Vera López celebró la eucaristía en punto de las 17:00 horas en la que 11 jóvenes recibieron el ministerio del lectorado, para leer la Sagrada Escritura en asambleas litúrgica, pero no el Evangelio, en la misa y en las demás celebraciones sagradas.