Rituales de fin de año: entre la fe, la esperanza y el deseo de empezar de nuevo
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En la recta final del año, hay quienes buscan cerrar ciclos y atraer mejores tiempos a través de rituales que, más allá de la creencia, hablan de deseos compartidos: salud, amor y estabilidad. Desde hace 25 años, Max Hernández observa cómo esas búsquedas se repiten —y se transforman— entre quienes llegan a su local
A unas horas de que termine el año, el movimiento en algunos negocios de Saltillo revela algo más que compras de temporada: personas que buscan cerrar etapas, limpiar lo que pesa y abrir espacio a lo que viene. No es solo curiosidad ni costumbre; para muchos, los rituales de fin de año representan una forma simbólica de volver a empezar.
Desde hace más de 25 años, Max Hernández se dedica a la venta de productos naturales y esotéricos. En ese tiempo, dice, ha visto pasar generaciones completas con las mismas inquietudes, aunque con matices distintos. “El amor nunca deja de buscarse, eso no cambia. Pero ahora también se busca mucho la salud y el trabajo, la estabilidad”, dice.
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A diferencia de lo que muchos podrían pensar, los rituales no parten únicamente de la superstición, sino de la intención. Para cerrar el año, por ejemplo, algunas personas utilizan sahumerios o limpias para “sacar” lo que se acumuló: tensiones, malas rachas o energías que consideran negativas. “Es como una limpieza, no solo del espacio, también de uno mismo”, comenta.
Entre los rituales más comunes están los relacionados con la abundancia. Uno de los más conocidos es el de las 7 lentejas, que se colocan junto a una vela como símbolo de prosperidad para el año que inicia. Otros optan por los sahumerios o riegos preparados con hierbas, que se usan para armonizar casas o negocios. “Todo depende de la intención con la que lo hagas”, dice Max. “La fe es lo principal”.
Uno de los rituales que más se repite, sobre todo entre mujeres, es el de la ropa interior de colores. Según ha sabido, muchas combinan prendas según lo que desean atraer: rojo para el amor, amarillo para el dinero o la abundancia. Incluso hay quienes se colocan dos o tres colores a la vez. “Cada quien busca lo que siente que le hace falta”, comenta.
Otro de los rituales más sencillos, pero efectivo, comenta Max, es el de las maletas. “Sales con tu maleta, te vas a la esquina de tu casa. Luego, arrastras la maleta hacia la esquina contraria y vuelves a tu domicilio. Así, y teniendo en mente el viaje que planeas, seguro lo tendrás en este 2026”, dice.
A lo largo de los años, también ha notado cambios generacionales. Jóvenes que buscan salir adelante, personas que regresan porque sienten que “les funcionó”, y otras que solo aparecen cuando las cosas no van bien. “Hay quien viene cuando todo se cae y luego se olvida cuando le empieza a ir mejor. Así pasa”, dice.
Más allá de los rituales, Max insiste en que no se trata de magia ni de fórmulas infalibles. “No es que uno haga milagros. Es la intención, el enfoque, el querer estar mejor. Yo solo acompaño”, explica. Por eso, asegura, nunca promueve prácticas para dañar a otros: “Eso no va conmigo. Si alguien busca hacerle mal a alguien más, yo no le entro”.
Con los años, dice, ha aprendido que muchas personas llegan buscando respuestas, pero también escucha, historias y un espacio para detenerse. “A veces no es el ritual, es que alguien te escuche y te diga que sí se puede”, señala.
Así, entre sahumerios, semillas, colores y deseos, el cierre de año se convierte en un momento de pausa y reflexión. No se trata solo de lo que se pide, sino de lo que se está dispuesto a cambiar. Porque, al final, como resume Max, “todo empieza con la intención de querer estar mejor”.