SEMANARIO: Estanque de León: Los Marginados del Gobierno

Semanario
/ 28 enero 2008

    Sobreviven en el desierto sin agua potable, luz y con poco alimento. Ellos, como muchos otros en Coahuila, no saben qué significa Cero Marginación

    Dicen que Coahuila es uno de los estados del país con el más bajo grado de marginación y una de las entidades con menor rezago social en México. Pero el caso del ejido Estanque de León, municipio de Cuatrociénegas, demuestra lo contrario.

    Y es que los cerca de 300 habitantes de esta comunidad, situada a casi 200 kilómetros de Saltillo, por el rumbo de Parras, sobreviven un día con otro sumidos en la pobreza.

    En este lugar, clavado en las profundidades del desierto coahuilense, la gente no conoce la electricidad, tampoco hay caminos pavimentados y el agua que beben está contaminada.

    No hay trabajo para los hombres de esta región árida, que no sea el de cortar y quemar candelilla; tampoco hay servicios de salud y la escasez de alimentos ha hecho que los lugareños de Estanque de León vayan hasta otros poblados lejanos para buscar comida.

    Nadie que andara por las calles sin asfalto y entre las casas de tierra con techo de garrocha de este pueblo, creería eso de que Coahuila ocupa, a nivel nacional, el cuarto lugar entre los estados con menos marginación, tal y como lo presume el gobernador Humberto Moreira.

    La gente de este ejido, al que sólo se llega por una accidentada brecha de más de 70 kilómetros de terracería, tampoco lo cree. Será porque el agua verdosa que toman del estanque, donde además abrevan los pocos animales que hay en este lugar, huele y les sabe a miseria.

    Un pueblo de cera
    Para llegar allá hay que tomar la carretera a Torreón, cortar por una desviación que se encuentra a la altura de Parras y seguir 70 kilómetros por una brecha de terracería sin letreros, llena de hoyancos y montículos, donde el acceso a coches pequeños resulta más que difícil.

    El camino, trazado en medio de la nada y bordeado por la maleza del desierto, parece interminable.

    Llegamos a Estanque de León una mañana fresca, justo cuando los hombres quemando candelilla sobre las pailas que lucen a flor de tierra en la entrada del ejido. El polvo es tal aquí que se pega como talco al cuerpo y se mete por la nariz hasta el fondo mismo de la garganta.

    Sentado encima de una montaña de candelilla recién cortada encontramos a don Francisco, un hombre que rasa los 70 años y que ha dedicado -nos cuenta- casi toda su vida al rudimentario oficio de sacarle cera a esta planta del desierto.

    Su historia no es distinta a la de los demás campesinos de esta comunidad, que día con día salen con el sol al monte para recolectar candelilla. Todo porque en este lugar, que se halla a unos 155 kilómetros de Cuatrociénegas, la cabecera municipal, no hay otra fuente de trabajo para ellos.

    "Está duro el tirón aquí", suelta don Francisco con el rostro empolvado, mientras saca con una pala de mango largo la cera que hierve a borbotones dentro de la paila, y la vacía en un pequeño tambo metálico.

    Luego toma con sus manos rudas y rasposas un manojo de candelilla seca y atiza con ella el horno subterráneo sobre el que se cuece la cera.

    Antes don Francisco, lo mismo que el resto de los ejidatarios de Estanque de León, ha debido caminar o ir montado en su burro hasta los campos donde crece este arbusto y que se localizan, por caminos apenas accesibles, a 15 y 30 kilómetros de este poblado.

    "Está retirado", platica Francisco y agrega que por esa razón familias enteras de Estanque de León, hombres, mujeres y niños, se han ido a vivir a la sierra, donde han instalado pailas y levantado jacales de garrocha para guarecerse durante las noches de frío.

    Las familias regresan al pueblo el fin de semana, o sólo hasta que han reunido la cera suficiente para sobrevivir cuando menos unos días.

    Después hay que ir a ver a Oliverio, "el coyote" que desde hace algunos años vino de Cuatrociénegas para poner aquí su negocio de compra de cera de candelilla, a 28 pesos el kilo.

    "Es mucha friega y poco dinero", se queja Ernesto, uno de los hijos de don Francisco que viene llegando del monte en su camioneta vieja cargada con esta planta.

    Ernesto platica que un campesino que ha trabajado de sol a sol cortando y quemando cera, puede ganarse entre 500 y 700 pesos semanales, pero no más.

    ¿Agua clara?
    Más allá se ve el poblado, dividido por un camino de tierra a cuyos extremos se observan hileras de casas de tierra como amontonadas unas encima de las otras.

    A la vera de este camino se levantan unas ruinas de adobe, en torno a las cuales la gente de aquí cuenta leyendas de espantos y tesoros escondidos.

    Y hasta aseguran que a este pueblo aislado de la civilización han venido buscadores de tesoros de todos lados.

    De cerca, las calles polvorientas de Estanque de León parecen las de un pueblo fantasma, en el que apenas y se oye el ladrar de los perros y el silbido del viento.

    "Se fueron al campo a traer candelilla": la voz de Humberto, otro de los casi 300 habitantes de esta comunidad, nos sale al paso y sin pensarlo mucho accede a darnos un paseo a pie por la ranchería.

    Echamos a andar por el camino principal rumbo al bordo del estanque. A medida que subimos por este bordo, nuestras piernas se hunden como si la tierra quisiera tragarnos.

    Desde arriba se mira un charco de agua verdosa en el que beben varios caballos y algunas vacas.

    Humberto nos explica que este estanque almacena la escasa agua de lluvia que cae en el ejido, bien entrado el verano.

    Y nos cuenta que esta agua es utilizada por las cerca de 80 familias del ejido para quemar candelilla, pero además para consumo humano.

    "Una vez vino un ingeniero y me dice `no creo que tomes de esa agua, le digo `¿qué quiere apostar?' y dice `¡a ver, toma!'. Me agaché y tomé del estanque donde toman los caballos y las vacas", refiere Humberto con una risa irónica.

    Dice que por eso es común que en época de calor los pobladores de esta comarca, sobre todo niños y ancianos, enfermen de diarrea, con todo y que lasmujeres del pueblo hiervan el agua.

    Bajamos del bordo y caminamos entre una nube de polvo hacia el centro del poblado, donde se encuentra otro depósito de agua convertido en basurero. Es una trampa de agua de lluvia que el gobierno instaló aquí, Humberto ya no recuerda cuándo.

    A unos metros de la trampa se ve además un aljibe de piedra y más allá un viejo tinaco de color negro empotrado sobre una base de concreto, pero ninguno tiene siquiera una gota de agua.

    Humberto explica que la gente de Estanque de León ya se ha cansado de solicitar a las autoridades de Cuatrociénegas y al Gobierno del Estado la reparación de estos depósitos, pero que todo se les ha ido en promesas.

    "Gobiernos van, gobiernos vienen y es lo mismo", dice Humberto mientras enfilamos por el camino polvoriento hasta donde termina el pueblo.

    El hombre recuerda que alguna vez las autoridades intentaron buscar agua en el subsuelo de Estanque de León, que perforaron a más de 600 metros, pero que nada encontraron.

    Refiere que muy pocas veces el Ayuntamiento de Cuatrociénegas se acuerda de traer pipas con agua potable para la gente del pueblo y revela que desde que Gabriel Villarreal, el alcalde Cuatrociéngas tomó posesión, una sola vez ha visitado al ejido.

    "Cuando andaba de candidato venía diario, no lo sacábamos de aquí y ¿ahora?", declara y se despide de nosotros en la puerta de su casa.

    Vivir en penumbras
    Avanzamos con la mañana entre el caserío de Estanque de León. Un grupo como de cinco niños salen a nuestro encuentro.

    Llevan todos las ropas sucias y el rostro cubierto de polvo hasta el último poro, pero parece que lo único que les importa es posar para la cámara.

    Luego la emprenden con nosotros por las calles del ejido y sin más ni más arremeten a preguntas que quiénes somos, que a qué venimos y que si van a salir en el periódico.

    En el trayecto por una de las tantas veredas que en este lugar van a ninguna parte, nos encontramos con Sofia, una mujer morena. Esta vez conversamos frente a una casa en cuyo exterior se ve un poste de madera que sostiene en lo alto una celda solar.

    Sofía nos cuenta que uno de los problemas más graves en este ejido distante es la falta de electricidad.

    Y platica que por eso hace cosa de 17 años, las autoridades dotaron a algunas familias de la comunidad con celdas solares, módulos y acumuladores para alumbrarse.

    Pero advierte que aún así la mayoría de la gente en Estanque de León pasa las noches a oscuras, "cuando se acaba la batería tenemos que comprarla nosotros y cuestan como mil 200", agrega que los lugareños deben proveerse de celdas y módulos por su propia cuenta.

    Con todo y eso Estanque de León no se encuentra incluido dentro del Programa Cero Marginación, que promueve el gobierno de Humberto Moreira sólo en seis municipios del estado.

    Con clínica, pero sin doctor
    Ya sin Sofía y los niños, atravesamos el camino principal del pueblo. Afuera de una de las chozas, que aquí la gente construye con tierra y techos de quiote o garrocha, vemos a Fidencia reclinada en un lavadero, fregando ropa con jabón y un poco de agua sucia que trajo del estanque.

    Juega cerca de ella uno de sus hijos pequeños, quien - relata la mujer -, hace algunos días enfermó de gripa y garganta.

    Fidencia no pudo llevarlo a la clínica del pueblo, que a falta de un doctor de planta y medicinas, casi siempre está cerrada.

    Como hace en estos casos la mayoría de las mujeres del ejido, Fidencia tuvo que echar mano de remedios caseros para curar al niño.

    Dice que de vez en cuando viene a consultar una doctora de Cuatrociénegas, pero que para colmo de males nunca trae medicamentos. "Tenemos clínica, pero no tenemos doctor" , advierte.

    Y comenta que algunas familias de Estanque de León tienen que viajar una hora y media hasta Parras para buscar doctor, eso si hay dinero y las llantas de sus camionetas viejas resisten el camino, "a veces los niños se agarran llorando por un dolor de garganta y no hay para ir hasta Parras. Está el problema del camino y mire las llantas de las camionetas".

    Fidencia detalla que en reiteradas veces los habitantes de este lugar han pedido al alcalde de Cuatrociénegas, Gabriel Villarreal, les mande medicinas, pero nadie les hace caso.

    "Por este tiempo los niños se enferman mucho del pecho y la gente no sabe qué hacer", dice Fidencia al tiempo que enjuaga la ropa en una cubeta de plástico.

    No hay alimentos
    Detrás de unas mallas metálicas, rumbo al corazón del pueblo se ven las escuelas. Se trata de un kinder que atiende Conafe; una escuela primaria a la que los niños asisten tres días a la semana, "porque las maestras no siempre encuentra raid para venir hasta acá"; y la secundaria a la que los habitantes de Estanque de León no hallan si bautizar con el nombre de Rubén Humberto Moreira Flores, padre del gobernador de Coahuila.

    Son más de la 1:00 de tarde y la tienda de Distribuidora Conasupo que hay en el pueblo aún no ha abierto sus puertas.

    Rumbo al camino principal, junto a uno de los depósitos de agua, se ve a un grupo de mujeres y niños en torno a una camioneta con cámper que recién llegó.
    Se trata de abarroteros venidos de San Pedro de las Colonias, que al menos dos veces por semana, vienen aquí para vender sus mercancías.

    Y es que, a decir de la gente del ejido, es común que la tienda Diconsa permanezca cerrada incluso, semanas enteras, a falta de víveres.

    Las familias no tienen otra alternativa que surtir la despensa en estas camionetas, donde generalmente es cara, o salir de la comunidad, hasta Parras o caminar 10 kilómetros al ejido Lucio Blanco para conseguir comida.

    "Carecemos de alimentos porque no hay tienda. No han traído mandado a la tienda", nos dice Felícitas bajo el arco de su casa de tres cuartos y en la que vive con su esposo y sus tres hijos.

    Felícitas platica que rara vez vienen al rancho funcionarios del gobierno estatal o el Ayuntamiento de Cuatrociénegas, para traer alguna despensa que remedie un poco la escasez.

    "A ver si el Gobernador se acuerda de acá, de Estanque de León, lo hemos estado invitando a que venga a ver cómo estamos, cómo vivimos y nada", reprocha la mujer.

    `Vivimos en la pura jodidez'
    Antes de irnos echamos una última mirada por el pueblo. Hincado en el piso de tierra, a las afueras de su casa encontramos a Marcelo, que se ocupa en limpiar con una brocha el motor que, hace unos días, bajó de su camioneta.

    "La tengo descompuesta", explica y agrega que por eso no ha podido ir al monte para traer candelilla. Marcelo nos cuenta que son pocos los campesinos que en Estanque de León se dedican a la siembra de maíz y frijol, porque aquí casi no llueve.

    Que las escasas cosechas de granos son utilizada por las familias para alimentarse y que el Gobierno les mintió cuando les dijo que iba a ayudarlos con semilla para sembrar.

    Marcelo comenta que recientemente los hombres de la comunidad fueron incluidos por la Comisión Nacional Forestal en un programa de plantación de candelilla y nopal, pero que "fue poco, nos tocó de a mil 500 pesos", narra.

    Nos cuenta además que en Estanque de León casi nadie tiene animales, "la otra vez entramos en un proyecto de vacas, nos tocaron dos a cada quien...".

    Y refiere que hace tres años las mujeres del ejido instalaron, con apoyo de Alianza para el Campo, una microempresa de extracción y venta de aceite de orégano.

    A falta de un permiso para la explotación de esta planta, pero también de capital para echar a andar el proyecto, la empresa se atoró.

    La máquina que sería utilizada para el procesamiento del orégano está abandonada y la bodega que fue construida con ayuda de Sagarpa para este proyecto está rentada a Oliverio, el "coyote" que compra la cera en Estanque de León.

    "Vivimos en la pura jodidez", suelta Marcelo y sin más ni más se da la vuelta. Al cabo de un rato nosotros nos perdemos otra vez entre el polvo, rumbo a la salida del pueblo.

    EU entra al rescate
    La Engineers Without Borders, una organización estadounidense dedicada a brindar apoyo tecnológico a comunidades marginadas de todo el mundo, podría aplicar un fondo de 38 mil dólares en un proyecto para mejorar las condiciones del Ejido Estanque de León.

    Así lo informó Mario Flores Alanís, estudiante de la Universidad de Kettering, en Michigan, y uno de los principales promotores del desarrollo en este ejido de Cuatrociénegas.

    El proyecto, que será financiado por la oficina de General Motors en Detroit, consiste en la construcción de captadores que hagan más eficiente el almacenamiento de agua de lluvia, la reparación de los depósitos que existen en el ejido y la introducción de un sistema de purificación, a base de filtros de arena, que permita limpiar el agua de bacterias y parásitos hasta en un 95 por ciento.

    "Están por aprobarnos este proyecto y yo creo que para el mes de abril vamos a estar trabajando en el ejido", declaró Flores Alanís y expuso que entre los colaboradores en este trabajo se encuentran la Kettering University, la Universidad Autónoma de Coahuila, el Banco de Alimentos de Saltillo, la Promotora para el Desarrollo Rural de Coahuila y el Club Rotaract Saltillo 100.

    Detalló que el proyecto incluirá en fases posteriores la solución de problemáticas como la falta de electricidad, la adaptación de tecnologías para la industrialización de la candelilla y la instalación de sistemas sépticos.

    "Sólo esperamos que la comunidad adopte estas soluciones. La gente está bastante desanimada porque no ve el progreso".

    Llaman a unir esfuerzos
    Miembros del Club Rotaract Saltillo 100, hacen un llamado a dependencias gubernamentales y organizaciones de la sociedad civil, para sumarse a los esfuerzos en favor de la comunidad de Estanque de León.

    "Queremos hacer un vínculo con autoridades de gobierno y organizaciones no gubernamentales, para que apoyen más", dijo Edna Liliana Carreón Domínguez, vicepresidenta de esta asociación internacional que agrupa a líderes empresariales y profesionales.

    no están incluidos
    Por su parte Saúl Vara Rivera, director general de la Promotora para el Desarrollo Rural de Coahuila, advirtió que aunque Cuatrociénegas no está incluido en el Programa Cero Marginación, sí tiene comunidades marginadas.

    "No quiere decir que los municipios que no están en el Programa Cero Marginación no cuenten con marginación, sí se cuenta con marginación, pero a otros niveles".

    Aclaró que las condiciones de pobreza extrema no son privativas del Ejido Estanque de León y que en comunidades de Cuatrociénegas como Lucio Blanco y Cuates de Australia, se vive una situación similar.

    "Las familias viven en situaciones bastante extremas de falta de luz eléctrica, servicios de salud y fuentes de empleo".

    Los más pobres entre los pobres
    El sacerdote Héctor Jorge García Rodríguez, quien hace algunos años fuera párroco de Cuatrociénegas, sostuvo que el tamaño y la lejanía son dos de los factores que mantienen empobrecidas a comunidades rurales de la región centro-desierto de Coahuila.

    "Los pobres del desierto de Coahuila están entre los más pobres, por lo lejos y por la poca gente que hay en estas comunidades".

    El ahora ecónomo de la Diócesis de Saltillo explicó que por ello estos lugares marginados son poco atractivos para los políticos, los universitarios e incluso para los religiosos como él.

    "¿A qué vamos a celebrar misa a cinco familias que están allá en un ejido?". Detalló que un signo distintivo en estos lugares es la falta de esperanza y afán de buscar alternativas de progreso.

    "Los tenemos tan abandonados que han dejado de esperar. Nos esperaron mucho tiempo, pero como no llegamos con recursos, no llegamos para suscitar en ellos una actitud de cambio, entonces perdieron la esperanza.

    "Entre muchos de los campesinos que yo conocí en esas comunidades falta el pan en la mesa, pero lo que más falta hace es el coraje en el corazón para salir adelante, para dar un giro a su historia, para cambiar las cosas. Han dejado de creer, han dejado de esperar".

    El ex párroco, miembro también del Consejo del Banco de Alimentos de Saltillo y de la asociación Cáritas, señaló que hoy la tarea de la iglesia, el gobierno y la comunidad universitaria, es transformar con acciones concretas el rumbo de Estanque de León:

    "Suscitar en ellos una esperanza, que no se resignen a morir, que no estén esperando la muerte sentados".

    'Nos preocupamos por ellos': El Alcalde Entrevistado sobre el tema Gabriel Villarreal Jordán, alcalde de Cuatrociénegas, declaró que desde el inicio de su administración, se ha mantenido al pendiente de la problemática y las necesidades que vive esta comunidad. Informó que prueba de ello es que pondrá en marcha este año un proyecto de perforaciones profundas del suelo, para dotar de un pozo de agua a Estanque de León.

    "Ya tenemos la autorización del Gobernador de empezar con la primera, porque es compromiso, tanto del él como de nosotros, que todos los ejidos de Cuatrociénegas tengan agua".

    Villarreal Jordán señaló también que durante 2008 se entregarán a las familias de este ejido nuevos equipos de energía solar, se iniciarán trabajos de mejoramiento de techos de las viviendas y se dará continuidad al programa de entrega de leche gratuita para la gente de esta comarca.

    "Estamos trabajando con Lala un programa en el que se les da leche. ¿No te dijeron de eso? Se les está apoyando con leche de manera gratuita a todos. "Cuando menos una vez al mes se les entrega una dotación, una buena cantidad, no creas que nada más un litro".

    Gabriel Villarreal comentó que estas acciones se llevarán a cabo también en otros ejidos de Cuatrociénegas como Lucio Blanco y Cuates de Australia, que viven en condiciones similares.

    "No pueden decir que no son atendidos. Eso no quiere decir que las personas no vivan con una necesidad, que no nos preocupemos por ellos, tenemos que hacerlo, buscarles una mejor forma de vida".

    - La gente de allá nos platica que usted desde que "se sentó en la silla" nada más ha ido una vez, pero que cuando andaba de candidato iba diario - pregunta el reportero.

    -No sé quién te diría eso...
    - Es el sentir general - agrega.

    -Mira cuando andaba de candidato fui una vez, ¡pa' que sepas!, y de alcalde he ido como unas... No te voy a decir que voy todos lo días, pero sí he ido como unas ocho veces, 10 veces".

    Reportero del Semanario Vanguardia. Ha incursionado en el género del reportaje, la crónica y el perfil, en el abordaje de distintos temas, sobre todo con un enfoque social. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila

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