Saltillo: Sobre Tumbas
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¿Sabe usted por dónde pisa? Bajo nuestros pies descansan los huesos de las generaciones de antaño. Esta es la historia de los nueve panteones que con los años se fueron cubriendo de asfalto
El 12 de Marzo de 1999 la familia García Salas se encontraba en el jardín de su casa, un solar amplio que se extendía al fondo del inmueble ubicado en la calle Juárez. Habían decidido construir otro cuarto; un albañil se esmeraba en escarbar, mientras su ayudante recogía tierra y acarreaban ladrillos. A las tres de la tarde el trabajador se acercó asustado con don Miguel, dueño de la propiedad, y le susurró al oído: "encontré huesos, señor, son de cristiano, ahí hay una calavera".
Los trabajos se suspendieron, todos entraron a la casa, don Miguel y su esposa se acercaron a observar el hallazgo. "Sí, eran huesos humanos, eran grandes, ni lo dudamos porque el cráneo era de hombre. Nos asustamos, mi mujer se persignó y nos metimos a rezar un rosario", relata el padre de familia. Ese día por la noche el matrimonio discutió, porque él se empeñaba en tirar los restos en algún paraje desierto, pero doña Rosario, muy católica, temía al castigo divino.
Consultaron a un sacerdote, quien les recomendó dar parte a las autoridades para descartar algún delito. Ellos dudaron. La casa había pertenecido a la familia por varias generaciones y no tenían conocimiento de nada irregular.
Tres días después, un vecino les dijo: "parece que por aquí antes era un panteón". Ellos al principio no le creyeron, "porque siempre dicen eso, que aquí o allá había panteones, sobre todo en casas antiguas, pero uno no se la cree", dice don Miguel.
Pero su curiosidad y la necesidad de deshacerse del esqueleto lo llevaron al Archivo Municipal, ahí le despejaron su duda, porque comenta "consultaron no sé qué papeles y me dijeron que sí, que donde está mi casa hubo un panteón grande".
¿Quién no ha escuchado o dicho que debajo de su escuela hubo alguna vez un cementerio? ¿Cuántos no han afirmado al ver una vieja casona o edificio que fue un antiguo hospital con cementerio incluido?. Semanario persiguió estas historias en el Archivo Municipal y encontró que bajo Saltillo no hubo uno, sino nueve cementerios.
+ CERCA DE DIOS
Hace poco más de treinta años, durante la remodelación de la calle de Hidalgo, los trabajadores reportaron el hallazgo de algunos huesos. La maestra de la Facultad de Historia de la UAdeC, Alma Victoria Valdez, explica que ahí fue un panteón.
"Ahí fue el primer cementerio de Saltillo. Se fundó la Villa a finales del siglo XVI y ya para mediados del XVII ya se enterraban muertos alrededor de la capilla de las Animas, donde ahora está Catedral".
Recordó que la costumbre de aquel entonces era construir los cementerios en el atrio de las parroquias, o alrededor de los templos, incluso dentro de la misma iglesia.
"Ahorita no es un secreto que abajo del altar de Catedral hay enterrados Obispos y sacerdotes y en la Capilla se dice que está Santos Rojo y su familia", comenta Alma Victoria, quien realizó su tesis de maestría sobre cementerios: "Morir y testar en la Villa de Santiago del Saltillo y San Esteban de la Nueva Tlaxcala", se titula el documento.
En el mencionado trabajo aparece que muchas más personas pidieron y pagaron dinero para que se les enterrara debajo de algunos altares, como el de la Purísima, de las Animas, La Candelaria, Santa Elena o Del Rosario.
Explica que mientras mayor era la paga, más cerca de Dios y mayor posibilidad de descansar en paz. Por lo que se cree que quienes no tenían suficiente dinero (que eran la mayoría) obtuvieron un espacio de tierra para ser enterrados alrededor de la entonces parroquia de Santiago. Es decir, en lo que son los atrios de Catedral, la calle Juárez, Hidalgo y parte de lo que hoy son los Portales.
De este cementerio existen documentos consultados por Semanario, en los que aparece que su uso se extendió casi hasta mediados de 1800, cuando la Villa había crecido lo suficiente y el panteón comenzó a estorbar.
Sin embargo, la decadencia la marcó la llegada de una epidemia de sarampión en 1825, con lo cual se prohibió enterrar a los muertos dentro de la iglesia principal y su atrio, así que pidieron a las autoridades de la Villa de San Esteban (en ese tiempo llamada Villalongín) permitieran usar el Panteón de aquel poblado, de manera provisional, mientras se construía otro.
Ese año se clausuró el panteón del atrio, las tumbas fueron desapareciendo hasta que quedó un solar vacío. Veinte años pasaron para que se abriera un nuevo campo santo. Se tiene tienen datos de que la mayor parte de los cuerpos no fueron exhumados.
+ DE FIESTA
Seguramente los jóvenes que cada fin de semana salen de los bares ubicados en la calle Ocampo desconocen que al salir de ahí y bajar por la calle Padre Flores, caminan sobre tierra que alberga esqueletos.
El cementerio que se mencionó anteriormente, donde enterraron a las víctimas de sarampión, era el de la Parroquia de San Esteban, templo ubicado dentro de lo que en ese tiempo fue el Convento de los Franciscanos. También data de 1600.
Como la fachada del templo estaba por la calle Ocampo y no en Victoria y el panteón estuvo en lo que hoy es la calle Padre Flores, se extendía hasta Aldama y hasta a lo que hoy es Allende. Es decir, que bajo todos los negocios ubicados en esa cuadra, seguramente hay todavía muertos.
"Ese era un panteón más grande, porque duró mas tiempo, como hasta 1842, aunque las tumbas duraron expuestas hasta 1866, cuando el gobierno ordenó desaparecerlo por el mal aspecto que daba", señala la especialista. Semanario encontró en el Archivo Municipal el documento PM C 109 e 17 donde se señala: "Como el cementerio anexo a la Iglesia de San Esteban sea del todo innecesario y por su situación y estado ruinoso, que presenta un aspecto desfavorable en la parte más importante de la población, se hace preciso cambiarlo de lugar para que (el predio) de mayor ornato sirva para mayor comercio". Fechado el 8 de Octubre de 1866.
El predio se expropió a la Iglesia conforme a las leyes de Reforma, se vendió y se lograron exhumar algunos cuerpos. El resto continúa descansando en paz bajo los pies de los paseantes de las calle Padre Flores y Abbot.
+ EL CEMENTERIO MALDITO
Pocos conocen que ahí, frente al Lago de la República hubo un panteón apodado "de la Alameda", o también cementerio "maldito".
 "Porque allí enterraron a muchos muertos de la peste negra, o del Cólera grande, como le llamaban. No era un panteón oficial, eran unas fosas comunes donde prácticamente iban a tirar a los muertos, porque no los querían en los campos santos del pueblo", resalta la entrevistada.
En efecto, varios cronistas hacen referencia a la epidemia de Cólera morbus que mató, sólo en el pueblo de San Esteban a seiscientas noventa y nueve personas, en 1833. Como las autoridades temían al contagio, pidieron al sacerdote de la villa de San Esteban, don José Manuel Camacho, donara un terreno lejos del pueblo, para enterrar a los "apestados", como llaman en los documentos a quienes morían a causa de la epidemia..
El libro de la Historia de Saltillo, de Pablo M. Cuellar, narra que "pasaba una carreta por las calles de los dos pueblos, Santiago y San Esteban, la gente sacaba a sus muertos envueltos en sábanas y dejaban que el carretero se los llevara a enterrar en pozos grandes más allá de las huertas. Allá donde ahora está la Alameda".
Los textos encontrados por Semanario en el Archivo describen el lugar como "un solar con cruces regadas, sin orden alguno, al que no visitaba nadie y nunca había flores". La población creció y el montón de cruces existió incluso hasta luego de la construcción de la parte norte de la Alameda. Por un tiempo, cementerio y Alameda convivieron, hasta que en 1858, la señora Mariana Huerta, en ese entonces dueña del terreno, lo donó para que desapareciera.
Los registros recabados por la maestra Alma Victoria dicen que 44 labradores, 90 artesanos, 210 jornaleros, 41 arrieros, 2 clérigos, 2 comerciantes, 3 barberos y 301 mujeres y niños fueron enterrados en 1833 y hasta la fecha, ahí continúan sepultados, pues no existe documento alguno que testifique que los cuerpos fueron desenterrados.
Lo que si desapareció fue una capilla que mandaron construir en honor a San Caralampio, a quien encomendaban a los enfermos de epidemias.
+ ENTERRADOS BAJO EL CINE
Existe en los documentos antiguos la referencia de otro panteón provisional, correspondiente a la fecha de la peste del Cólera negro. Al empezar la epidemia, el padre Camacho intentó abrir un cementerio afuera del pueblo (anterior al llamado de la Alameda) y se cree que estuvo donde hoy existe un cine. "En 1833 se había iniciado la construcción de un nuevo camposanto al final de la calle de la Cruz, que hoy es Manuel Acuña, en un lugar retirado. Ese sitio debió ser demasiado reducido, porque fue insuficiente para dar sepultura a los 230 cadáveres de las víctimas de la epidemia que asoló a la región, por eso se usó también el de la Alameda", explica la entrevistada.
La ubicación exacta de los enterramientos se desconoce, pues el documento AMS, D y C, e 325 2f, solo pone como referencia el final de la calle de la Cruz, sin especificar si al norte o al sur.
"Entonces no tengo claro donde están enterrados esos cuerpos, puede ser en la esquina de Acuña con Presidente Cárdenas, más o menos, si es hacia el norte, o allá por el cine Palacio si es al sur", comparte la especialista.
Hasta el momento, la hipótesis más aceptada es la que lo ubica cerca o bajo el actual Cine Palacio. Por otro lado, la teoría de que pudo estar en Presidente Cárdenas, perdió peso luego de que durante la excavación para construir el drenaje pluvial, no se hallaron restos humanos.
+ TAMBIEN JUNTO A SAN FRANCISCO
Luego de la clausura del cementerio del atrio de Catedral en 1825, y mientras se abría otro en las afueras de la ciudad, existió otro camposanto provisional.
Por diez años, a un costado del entonces Convento de los franciscanos se permitió enterrar a personas, debido a que los panteones del pueblo habían sido clausurados, lo cual se pensaba duraría poco, pero se extendió casi hasta 1836.
Con la apertura del nuevo cementerio, se podría pensar que los familiares trasladarían los cuerpos, pero no existen documentos que constaten que se autorizaron y llevaron a cabo exhumaciones de ese lugar.
"Lo más probable es que como eran pocas, pues la gente no se preocupó por eso, pero luego se olvidaron y ahí quedaron las tumbas, yo creo que fueron desapareciendo cuando se modernizó ese tramo. Todavía deben estar enterrados ahí", expresa.
+ CLASES EN EL CAMPO SANTO
La Escuela Primaria Centenario, ubicada en la esquina de Abasolo y De la Fuente, también fue un panteón. Data de alrededor de 1836, fue abierto en lo que en aquel entonces era despoblado y fue nombrado "De la Parroquia Principal", pues algunos de los cuerpos de quienes habían reposado en el atrio de Catedral, fueron trasladados ahí.
Para 1859 el gobierno confisca la administración de ese panteón, "no obstante, para esas fechas estaba ya muy saturado", dice Alma Victoria Vázquez y ya el gobierno liberal albergó la posibilidad de clausurarlo.
Se tiene registro de que ese panteón abarcaba desde la calle de Juárez hasta De la Fuente y de Abasolo a Matamoros, muy cerca del arroyo de la Tórtola. Es en uno de esos tramos, donde se ubica la casa de don Miguel García, el hombre que terminó por enterrar el esqueleto hallado, en la fosa familiar del actual panteón de San Esteban.
"Pero no fui el único, eh, conozco vecinos que anduvieron escarbando que dizque para encontrar tesoros y hallaron puros huesos. Pero no quieren decir, a mí me contaron, pero a la demás gente le dicen que no", refiere don Miguel.
Por casi cuarenta años estuvo abierto ese cementerio. En el terreno no se volvieron a sepultar cadaveres, perocontinuó existiendo el sitio hasta entrado el siglo XX, cuando los vecinos fueron comprando poco a poco los terrenos, sin retirar todos los cuerpos, únicamente las cruces o montones de tierra y construyendo encima.
La historiadora Alma Victoria tiene datos de exhumaciones masivas, de cuerpos que se trasladaron al nuevo Panteón de Santiago, pero sólo de familias de posición alta, el resto de los cuerpos se quedaron enterrados.
+ EL SECRETO DE LA PRIMARIA COAHUILA
"De 1846 a 1848, las tropas norteamericanas ocuparon Saltillo. En ese lapso, muchos soldados invasores murieron en una epidemia de viruela y eran enterrados en huertas, hasta que decidieron acondicionar un panteón provisional", afirma la historiadora Alma Victoria. Los documentos sitúan este lugar cerca del arroyo La Tórtola y junto al cementerio principal, es decir, frente al cruce de la calle de Matamoros con De la Fuente. Es decir, abarcaba desde la actual Escuela Coahuila, hasta su patio y todo el jardín de niños ubicado a su costado. Hasta donde alguna vez estuvo en pie el Cine Elena.
Se desconoce el número de muertos enterrados, pero de lo que sí ha quedado constancia es que con el tiempo, el terreno se volvió solar y varios vecinos de aquel entonces, como Marcelino Sánchez, intentaron comprarlo en 1896.
"En 1897, las aguas del arroyo de La Tórtola -que corría a un costado del cementerio- desenterraron los restos de los soldados norteamericanos. La noticia dio pie a un reclamo del Senado de los Estados Unidos y los esqueletos se recogieron para enterrarlos en el Panteón Principal, que ya estaba cerrado al público", explicó la especialista en cementerios antiguos.
+ TUMBAS EN EL MIRADOR
También durante el episodio de la Invasión, hubo otros lugares donde pudieron haber sido enterrados soldados extranjeros. Hay quienes especulan sobre los posibles sitios, pero con el tiempo un hecho señaló un punto en específico.
Durante la construcción de la Plaza México, mejor conocida como El Mirador, los trabajadores encontraron varios restos humanos. Por las botonaduras se identificaron como antiguos soldados norteamericanos. Además los expertos señalaron ese como el lugar donde los invasores instalaron un fortín. De ello platica el historiador Javier Villarreal Lozano, quien comenta que los cuerpos encontrados fueron alrededor de cinco o seis, los cuales una vez notificado a las autoridades, se hizo del conocimiento a la embajada estadounidense para recibir instrucciones. "Vinieron elementos del Ejército de Estados Unidos, pero vestidos de civiles. Recogieron los restos y se los llevaron, así, sin más protocolo. Ya no se supo nada mas", explicó Villarreal.
- ¿Serían los únicos restos de soldados que estaban enterrados por ahí?. "No, no creo, debe haber muchos más, porque enterraban donde fuera, y ahí, acuérdate era un fortín, así que debe haber más cuerpos enterrados, pero ve tú a saber donde", contesta.
Nooficialmente, ni de forma continua, pero se sabe que dentro del mencionado fortín, existía un lugar usado como cementerio, antes de que extendieran su territorio al mencionado pequeño hospital.
+ JUNTO A LAS AVES
Existen documentos que señalan la existencia de un panteón particular en ese sitio, que antes de la Revolución era el famoso Colegio de San Juan. Los historiadores no se han puesto de acuerdo en el sitio donde estaba ubicado el espacio físico de las tumbas, pero se cree que la mayoría era de clérigos o personal del mismo colegio, atendido en aquel entonces por la orden de los Jesuitas.
Para testimoniar que en efecto hubo y posiblemente todavía hoy haya muertos bajo el terreno comprendido entre las calles Hidalgo, Escobedo y Allende, se citan varias exhumaciones y nuevos entierros.
Como ejemplo, se menciona el oficio PM C 149/4 L 22 e 6, expedido el 15 de septiembre de 1906, donde "se ha cedido permiso al Presbítero Julián Martínez, director del Colegio de San Juan, para exhumar los restos de los finados Miguel Martínez y Pbro. Enrique Cappelleti, del antiguo panteón principal y trasladarlos al cementerio que ad oc tiene dicho colegio".
La historiadora Alma Victoria sugiere que existen dos lugares donde pueden estar los cuerpos. Dentro de la actual iglesia de San Juan Nepomuceno o a un costado del actual salón de recepciones del Museo de las Aves, que en aquel entonces era una especie de capilla dentro del Colegio.