Orozco

Semanario
/ 14 septiembre 2009

    José Clemente dedicó al ambiente de la calle, acuarelas, dibujos y lienzos con un tema común: "el café, el cabaret, las casas de citas en los barrios galantes, el trago de ron, los vapores etílicos y el intercambio de besos por dinero en lugares sórdidos...

    Hubo algún tiempo en que el mundo se disfrutaba in situ, en el justo lugar de los acontecimientos. Mundo que se podía ver, oler, comer, paladear y beber. Aún no se adivinaba que todo podía ser "virtual", light, ligero, descafeinado. Las cosas han cambiado. Antes, los prostíbulos, los lupanares, eran lugares para tomar la copa, agarrar parranda, charla, trago y conversación. hoy los prostíbulos -los pocos que aún subsisten- son "fenómenos sociológicos." La vida y el buen ron, las prostitutas, las cantinas, los cabarets, las casas de mala nota, la vida en los arrabales mexicanos son los protagonistas principales en no pocas obras literarias y pictóricas que ya forman parte no sólo de la historia, sino de la memoria del pueblo. Santa de Federico Gamboa asoma la cabeza. Escenas fundamentales suceden en casas de cita en la novela histórica La sombra del Caudillo de Martín Luis Guzmán, por citar sólo dos ejemplos paradigmáticos al respecto.

    Al estilo del pintor francés Toulouse-Lautrec, José Clemente Orozco (Zapotlán el Grande, Jalisco, 1883- México, 1949), dedicó al ambiente de la calle, a lo que éstos consideraban un arte para todo el público, acuarelas, dibujos y lienzos con un tema común: el café, el cabaret, las casas de citas en los barrios galantes, el trago de ron, los vapores etílicos y el intercambio de besos por dinero en lugares sórdidos; esos lugares donde de verdad se conoce y se pulsa la vida de un pueblo. Orozco expuso hacia 1916 su ya mítica muestra "La casa de las lágrimas", alrededor de un centenar de trabajos donde retrataba el ambiente prostibulario en los inicios del México revolucionario. Todo esto no sin un dejo de conmiseración y claro, crítica social.

    José Clemente Orozco junto a David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera, son los forjadores de un México artístico, movimiento ancilado en el muralismo, la resaca social no pocas veces antepuesta a la vena artística y la denuncia al parejo de la creación.Orozco, han señalado los especialistas, consiguió en su obra plástica un clima de violencia, de realismo más que efectivo, por lo cual fue definido en su momento como el "Goya mexicano." En su obra (los dibujos, las acuarelas y la obra de caballete) refleja las tensiones y vibraciones del ser humano, las cuales son un testimonio convulso de los tiempos que se vivían.

    Lo anterior se valora en su justa dimensión cuando Orozco, junto a Rivera y Siqueiros, al formar el Sindicato de Pintores y Escultores, y al realizar éste vastos murales en escuelas e instituciones, sólo exige como pago por su trabajo -en un gesto que es ejemplar y consecuente con sus ideas-, la remuneración equivalente al salario mínimo que ganaba un obrero. No más, pero tampoco menos.

    Damas y caballeros, la obra de Orozco es ingente, vasta, tanto por sus dimensiones como por su magnitud: realizó murales en la Escuela Preparatoria, frescos en el Templo de Jesús el Nazareno, en el Palacio de Bellas Artes y en la Suprema Corte enla Ciudad de México; frescos en el Hospicio Cabañas, en el Palacio de Gobierno y en la Cámara de Diputados de Guadalajara, Jalisco. En diferentes ciudades norteamericanas, tanto en California (en la Biblioteca Baker) como en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

    Entre 1936 y 1939, Orozco radicó en Guadalajara, Jalisco y aquí están esas estampas escolares que se anidan en nuestros ojos y las cuales recordamos desde los más tempranos tiempos colegiales. Hidalgo, con una tea ardiendo, es un fragmento de un mural que éste pintó en el Palacio de Gobierno. En la Capilla del Hospicio Cabañas pintó 40 murales al fresco que cubren todo el edificio. Los temas son de todos conocidos: aquí se aprecia eso que llamamos el rostro nacional, el mundo prehispánico tan revalorado por la tríada de muralistas mexicanos; la conquista material y espiritual de los españoles, el periodo ardiente de la Revolución y lo que ya se adivinaba en aquella época: el urbanismo, la industrialización del país. pero también la politiquería, la demagogia, las ilusiones, el circo político.

    Orozco llega en este 2009 a los primeros 60 años de su muerte, más vivo que nunca.

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