Hoy comienza la leyenda JC Chávez en el Salón de la Fama
COMPARTIR
El pugilista sonorense quien marcó una historia dorada en el boxeo, será hoy uno más de los que alcanzarán la inmortalidad
CIUDAD DE MÉXICO.- El Macho Camacho tenía el rostro desfigurado y su mamá le pedía desde ring side que ya no saliera para el décimo round. El hablantín puertorriqueño pagaba una a una las palabras que escupió toda la semana previa al combate contra el campeón del mundo llamado Julio César Chávez. Vociferaba desde los micrófonos el inolvidable Sony Alarcón: "El Macho se ha quedado sin habla y sin bailoteo, trae el ojo izquierdo casi cerrado, le sangra la ceja derecha y el labio. Se acerca JC y ¡casi le arranca la cabeza!"
Aquella noche del 12 de septiembre del 92, en Las Vegas, el grito de "¡Chá-vez!, ¡Chá-vez!" se escuchó con más fuerza que nunca. Julio César, el hijo pródigo de Culiacán, tenía a todo un país mirando destrozar a un rival odioso que llegó disfrazado de Capitán América y terminó zarandeado luego de 12 memorables asaltos en el Thomas & Mack Center.
Ese era el JC Chávez que todos querían mirar, el campeón del planeta en tres divisiones, el invicto por más de 13 años, el amigo del presidente Carlos Salinas, el que metería 132 mil paisanos al estadio Azteca, el que hizo hablar español a Don King, el nacionalismo hecho guantes, el que regalaba dólares en las conferencias, "el ay ay ay mamá por Dios, por Dios que borracho vengo", el guerrero mexicano que robó la atención del mundo boxístico luego de que el feroz Mike Tyson mordiera el polvo ante un desconocido de apellido Douglas. El yerno que toda mamá soñaba y el modelo que todo anunciante quería en su espacio.
Con Chávez se inauguraba el `Pague por ver' en su combate ante Camacho. Se acababan los campeones gratuitos, luego de que uno viera por TV abierta las glorias del Púas Olivares, Vicente Saldívar, Mantequilla Nápoles, Cassius Clay y Pipino Cuevas, entre otros.
Aquella noche, el pueblo se volcó sobre los hogares de los vecinos, arenas de boxeo con pantallas gigantes, los bares y restaurantes. Algunos marcaron a los teléfonos de las redacciones deportivas para pedir, asalto por asalto, lo que sucedía del otro lado de la frontera.
Julio César venía de vencer en los últimos segundos a un Meldrick Taylor, medallista olímpico en el 92, que le hizo ver su suerte. JC Confesaría a Excélsior, 20 años después de dicho combate, que "contra Taylor sentí miedo y mucho dolor". El padre de Julito, el actual campeón de peso medio, recordaba que "aquella noche lloré como nunca. Fue la pelea más dura que tuve en mi carrera. Las de Whitaker y De La Hoya valen gorro, porque los enfrenté ya con problemas de drogas y alcohol".
Damas y caballeros -decía el anunciador Jimmy Lennon Jr., consentido de JC en los 90- ¡it's showtime!
II
Placas con imágenes de Alí, Joe Louis, Rocky Graziano, Jake LaMotta, Sugar Ray Leonard, George Foreman, Joe Frazier, Vicente Saldívar, Mantequilla Nápoles y el Púas Rubén Olivares se encuentran colgadas en las paredes del recinto llamado Museo del Salón de La Fama del Boxeo, enCanastota, Nueva York. Allá se encuentra un Julio César Chávez de 48 años de edad, quien este domingo recibirá el anillo que se otorga a los inmortales de los cuadriláteros.
Volverán los recuerdos de aquel chamaco desconocido que sorprendiera a Mario Azabache Martínez y le arrebatara el título superpluma en el octavo asalto, en 1984. Se revivirá el episodio de 1987, cuando JC noqueaba en el onceavo round al Chapo Edwin Rosario para conquistar el cinto ligero AMB (Chávez comenzó a utilizar la cinta roja en la frente para protegerse de supuesta brujería por parte de la mamá del rival) y la tarde aquella, dos años después, cuando el zar del boxeo se convertía en campeón superligero CMB tras tender en el décimo episodio a Roger Mayweather.
En algún rincón gringo levantará la mano un hombre llamado Greg Haugen, quien presumirá a sus amigos que una vez en su vida enfrentó al "aporreador de taxistas" mexicano y que colaboró para que JC consiguiera un lugar en donde pernoctan los inmortales. Pocos recordarán su nombre, en una tarde en la que el estadio Azteca entró al libro de Guinness con un sobrecupo de 132 mil 247 adoradores de la `Chavezmanía'.
Podrá presumir el boxeador retirado que una tarde previa a dicho combate el helicóptero presidencial se asomó en el coso de Santa Ursula y de cuyo caparazón salió Carlos Salinas de Gortari para saludar al campeón en pleno entrenamiento.
Pocos quieren recordar aquellos combates fallidos ante Frankie Randall, Oscar de la Hoya y Kostya Tszyu. Y, aquél que rasque en los viejos diarios encontrará la crónica de su último combate:
"Julio César Chávez abandonó la pelea ante Grover Wiley en el quinto round, indicando que sentía un dolor en la mano derecha". El combate se llevó a cabo en Phoenix, Arizona, el 17 de septiembre de 2005.
Aquella noche, relataría años más tarde el propio Chávez, pasaría una larga y solitaria noche. JC Chávez ya no quería pelear, pero una demanda de su promotor por 78 millones de dólares hizo que el boxeador regresara a los encordados para finiquitar uno de tantos adeudos.
III
Julio César Chávez tiene varios fantasmas enterrados en su pasado. ¿El más grande? Su amistad con Francisco Arellano Félix, a quien visitaba en Mazatlán cada vez que defendía exitosamente algún título y quería perderse en la juerga. A Pancho le regaló un Rolls Royce negro que Don King le obsequió después de una millonaria pelea, con el mayor de los Arellano Félix le entró al negocio de las discos (Frankie Oh) casas y un hotel de cinco estrellas.
Cuando la PGR detuvo a Francisco (en 1993, por delitos contra la salud, acopio de armas e intento de soborno), éste se encontraba escondido en una de las casas del boxeador. Después de aquello, la amistad se vino abajo.
También tuvo enemigos legales. Luego de que terminara el sexenio de Salinas, el boxeador perdió su "fuero", permitiendo Ernesto Zedillo que Hacienda lo buscara por un fraude fiscal de casi cien millones de pesos.
Dicen que la droga y el alcohol acabaron con el campeón. Que las recaídas son difíciles y que los fajos de dólares se perdieron. Julio César lo platica cada vez menos.
Para aquellos que prefieren historias de película, platicarles la vida de un niño que nace en uno de los vagones de tren en las afueras de Ciudad Obregón, donde su padre (don Rodolfo) era trabajador de los Ferrocarriles del Pacífico y vivía ahí con esposa e hijos. Con Julio de tres años, la familia se mudó a Mazatlán y luego a Culiacán, donde crecería el futuro campeón.
Vendedor de chicles, dulces, periódicos y lavador de coches, un día llegó por casualidad al gimnasio "Culichi" donde conoce a Ramón Zurdo Félix. Este mánager fue quien le enseñó a boxear, lo llevó a los Guantes de Oro sin permiso de la mamá y lo subió a un cuadrilátero en Los Angeles (1984), donde el mundo observaría a un JC Chávez de 22 años arrebatarle al Azabache Martínez el cinturón mundial superpluma y comenzar a escribir su historia. Una historia que hoy estará en el recinto de los inmortales.