Cabañas, siempre Cabañas; América sigue vivo
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Los americanistas logran el triunfo en el "Tec" para mantener opciones de Liguilla de cara a la Jornada 17
MONTERREY.- Salvador Cabañas parecía no creerlo. Sólo eso puede explicar lo discreto que fue su festejo, tras marcar el agónico gol que le permitió al América derrotar a los Rayados (2-3) y con ello mantenerse con vida, de cara a la última jornada del Clausura 2009.
Lo que no hace en su casa, lo consigue afuera. Lo que más de medio equipo es incapaz de realizar, para Cabañas es habitual.
Una vez más, el paraguayo le dio vida a unas Aguilas que deambularon en la cancha del Tecnológico durante la primera mitad. Además, prácticamente aseguró el título de goleo individual, al llegar a 13.
Los locales no tardaron mucho en comprobar las debilidades de la zaga amarilla, pero la vanidad los mató, en especial a Humberto Suazo.
El Chupete perdió el duelo directo ante Cabañas. La de ayer, no sólo fue la tarde de la esperanza amarilla, también la que el ariete americanista demostró que nadie en México marca diferencia como él.
Mientras, el atacante chileno de los albiazules apenas acertó una de las cuatro opciones claras de gol que tuvo, Salvador cristalizó el par que se le presentó.
Y es que, las Aguilas no han dado más pena en los últimos años, gracias a su goleador.
El guaraní es el alma del equipo. Potente, hábil y certero, le dio una cátedra a Suazo de cómo debe definirse.
El transitorio 2-2 (69') se dio apenas 120 segundos después de que El Chupete desaprovechó el grosero error de Juan Carlos Valenzuela en el mediocampo.
Octavio Valdez emuló al Topo. Fueron jugadas casi gemelas... Hasta la definición.
Eso explica que Suazo se llevara las manos al rostro, mientras Cabañas festejaba el empate.
El goleador del Monterrey sabía que ambas acciones marcarían el rumbo del partido... Y acertó.
Aunque los Rayados mantuvieron el control de la pelota, el visitante se dio cuenta de que podía ganar el cotejo. De pronto, la resignación mutó en ilusión.
Eso sí, las carencias americanistas continuaron. Sin orden, pero con el liderazgo de hombres como Pável Pardo y Cabañas, los pupilos de Jesús Ramírez decidieron lanzarse en pos del triunfo... Y su Salvador se los dio muy cerca del final, cuando ya comenzaban a hacer cuentas sobre las combinaciones que necesitarían con el empate.
Por eso, Cabañas no celebró, pero qué importa, si su equipo sigue con vida, la que se jugará ante su desesperado hermano necaxista.