Jesús Sommers: a la eternidad el rey del hit y símbolo de constancia en el beisbol mexicano

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Deportes
/ 23 febrero 2026

‘El Guapetón’ dedicó su vida entera al deporte: jugador, manager, coach, instructor y formador. Hoy el diamante mexicano guarda luto, pero también gratitud

El beisbol mexicano perdió a una de sus figuras más grandes la tarde del sábado 21 de febrero de 2026, cuando a los 76 años falleció Jesús “Chucho” Sommers, el legendario “Rey del Hit”. Con su partida se fue mucho más que un extraordinario bateador: se despidió un símbolo de constancia, disciplina y amor absoluto por el diamante.

Nacido el 11 de noviembre de 1949 en Guaymas, Sonora, Sommers fue hijo de Armida López y de Lonnie Sommers, pelotero estadounidense que jugó en la Liga Mexicana de Beisbol (LMB) en la década de los años 40. Desde su cuna, el beisbol marcó su destino.

Aunque sonorense de nacimiento, creció en Tijuana, donde dio sus primeros pasos en el beisbol amateur. Su talento fue precoz: debutó como profesional a los 16 años en 1966, con los Rojos de San Luis Potosí en la Liga del Centro. Aquella irrupción temprana fue el inicio de una carrera que se extendería por casi tres décadas.

Su llegada a la Liga Mexicana de Beisbol ocurrió en 1970, a los 20 años, con los Leones de Yucatán. El 18 de marzo de 1970, en Mérida, conectó su primer hit en la LMB ante Juan de Jesús Quintana. Era el primero de miles.

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Sommers convirtió el bateo en un arte. Le decían “El Guapetón”, pero también el artesano del madero: era de los pocos jugadores que adelgazaba la parte baja de sus bats con una navaja para mejorar el agarre. Aquella obsesión por el detalle definió su carrera: técnica depurada, contacto constante y hambre insaciable de imparables.

Tras su paso por Yucatán, defendió los colores de los Ángeles de Puebla (1974-1976), Rieleros de Aguascalientes, Alijadores de Tampico, Diablos Rojos del México, Bravos de León, Charros de Jalisco, Industriales de Monterrey y varios más, en una travesía que lo convirtió en referente nacional.

Con los Rieleros de Aguascalientes fue campeón en 1978, año en que firmó su primera temporada arriba de .300, al batear .304 en 145 juegos. Fue el único título en la historia de esa franquicia, y Sommers fue pieza clave.

En 1981 volvió a coronarse, esta vez con los Diablos Rojos del México, aportando un sólido .316 de promedio en 119 encuentros. Su nombre ya era sinónimo de liderazgo y producción ofensiva.

El 27 de junio de 1979, jugando con Tampico, conectó su hit número 1,000 en la LMB. Aquel registro fue apenas una estación en un viaje que parecía no tener límites.

La década de los 80 fue explosiva para él. En 1984 pegó 27 jonrones, su máximo en una temporada; en 1986 firmó su mejor año con .356 de promedio, 160 hits y 100 carreras anotadas; y en 1987 produjo 114 carreras, la cifra más alta de su carrera.

El 30 de abril de 1987 alcanzó los 2,000 imparables, y el 16 de julio de 1993 empató el récord histórico de 2,752 hits de Héctor Espino. Un día después lo superó con el imparable 2,753, escribiendo su nombre en la cima de todos los tiempos.

Pero la cima definitiva llegó el 17 de mayo de 1996, cuando se convirtió en el primer pelotero en la historia de la LMB en alcanzar los 3,000 hits. Lo hizo ante Elmer Dessens, en el Estadio Heriberto Jara. Fue un momento irrepetible.

Se retiró ese mismo año dejando una marca que aún permanece: 3,004 hits, cifra récord vigente. Su legado estadístico impresiona: .291 de promedio de por vida, 1,455 carreras anotadas, 241 jonrones, 1,534 impulsadas y 138 bases robadas en 2,908 juegos.

“El Guapetón” llegó a los Saraperos de Saltillo como coach de bateo en la temporada 2006, el mismo año en que llegó Guadalupe Chávez como coach de infield; ambos se han ido de este mundo hacia la eternidad del beisbol. Ambos fueron hombres de confianza del mánager Dereck Bryant.

Posee además los récords históricos de la LMB en temporadas jugadas (27), juegos disputados (2,908) y turnos al bat (10,327). Fue segundo en dobles con 488, quinto en impulsadas y octavo en anotadas. Son números que retratan grandeza.

Durante 19 temporadas conectó 100 o más hits, marca que comparte con Héctor Espino y Luis “El Rayo” Arredondo. Además, tuvo 11 campañas con 10 o más jonrones y en nueve bateó por encima de .300.

Defendió la tercera base por 18 temporadas, récord histórico para la posición en la LMB, antes de cerrar su carrera como primera base y bateador designado. Su versatilidad fue tan notable como su longevidad.

Tras colgar los spikes en 1996, inició su etapa como manager. Dirigió a nueve equipos en distintas campañas y dejó marca global de 330 triunfos, 339 derrotas y un empate en 670 juegos. En 1997 tuvo su mejor año con Poza Rica: 67-52 (.563) y boleto a postemporada.

En 2002 ingresó al Salón de la Fama del Beisbol Mexicano, reconocimiento justo para un pelotero que redefinió el significado de la consistencia. Fue exaltado junto a otras figuras históricas, consolidando su sitio entre los inmortales.

Más allá de las cifras, quienes lo conocieron hablan de un caballero dentro y fuera del campo. De carácter fuerte, sí, pero respetado por compañeros y temido por lanzadores. “Hemos perdido a una de sus estrellas más grandes y a un gran ser humano”, resumieron quienes compartieron vestidor con él.

Jesús “Chucho” Sommers dedicó su vida entera al beisbol: jugador, manager, coach, instructor y formador. Hoy el diamante mexicano guarda luto, pero también gratitud. Porque mientras exista una pelota rodando por el infield y un bate buscando contacto limpio, el eco del Rey del Hit seguirá vivo en cada imparable.

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Periodista potosino radicado en Saltillo Coahuila, con una experiencia de más de 20 años en medios impresos y la web, como reportero y editor.

Licenciado en Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila. Manejo principalmente de noticias locales, comunitarias, deportivas y policiacas.

Hago lo que me gusta y se me retribuye. Eso es felicidad.

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