Richard Butler, ex ligamayorista, es acusado de fraude a familias del beisbol juvenil en Canadá
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Los demandantes pagaron por un programa de formación que fue cancelado abruptamente y cuyo proceso de bancarrota habría resultado falso
El nombre de Richard Butler, quien jugó en las Grandes Ligas con los Blue Jays de Toronto y los Rays de Tampa Bay a finales de los años noventa, quedó envuelto en un escándalo que golpea al béisbol juvenil de Canadá.
El exligamayorista y su esposa, Michelle Butler, enfrentan acusaciones por un presunto fraude relacionado con la academia Ontario Devil Rays, un programa que ofrecía entrenamiento y desarrollo deportivo para jóvenes durante la temporada 2025-2026.
De acuerdo con reportes de medios canadienses, la pareja habría recaudado cerca de 60 mil dólares canadienses mediante cuotas de inscripción pagadas por familias que confiaron en la promesa de brindar a sus hijos una formación de alto nivel.
La ilusión de los padres se convirtió en indignación en octubre de 2025, cuando recibieron la notificación de que el programa quedaba cancelado por supuestas dificultades financieras y un proceso de bancarrota.
Sin embargo, las investigaciones habrían encontrado irregularidades en esa explicación: no existía un procedimiento de bancarrota en curso y el abogado mencionado en los mensajes de cierre habría negado haber sido consultado o autorizado para intervenir en el asunto.
EL DINERO HABRÍA TERMINADO EN CUENTAS VINCULADAS A LA PAREJA
Las pesquisas policiales apuntan a que el dinero entregado por las familias fue depositado inicialmente en una cuenta asociada con la organización y después transferido a otras cuentas relacionadas directamente con Richard y Michelle Butler.
Por estos hechos, ambos enfrentan cargos que incluyen fraude por más de 5 mil dólares, posesión de bienes obtenidos mediante un delito y falsificación de documentos, según la información difundida sobre el caso.
Las acusaciones deberán resolverse ante las autoridades correspondientes. Mientras tanto, la policía mantiene abierta la investigación para esclarecer el destino de los recursos y determinar si hubo otras personas afectadas.
Los investigadores tampoco descartan la existencia de más víctimas. Debido al alcance regional del programa, las autoridades han llamado a otras familias que hayan realizado pagos a la academia para que se presenten y aporten información.
El caso ha generado preocupación en la comunidad deportiva de Ontario, donde los programas de formación representan una oportunidad para que niños y adolescentes desarrollen sus habilidades y busquen avanzar hacia niveles más competitivos.
DE LAS GRANDES LIGAS A LA POLÉMICA
Richard Butler, originario de Ontario, disputó encuentros en las Grandes Ligas entre 1997 y 1999, cuando vistió las camisetas de los Toronto Blue Jays y los Tampa Bay Devil Rays, nombre que entonces utilizaba la franquicia de Tampa Bay.
Durante su paso por la MLB participó en 86 juegos, con promedio de bateo de .223, siete cuadrangulares y 22 carreras impulsadas.
Aunque su trayectoria en las mayores fue breve, su experiencia profesional representaba un atractivo para las familias interesadas en la academia. La posibilidad de que sus hijos recibieran instrucción de alguien que había jugado al máximo nivel del béisbol norteamericano daba credibilidad al proyecto.
Además, Butler pertenece a una familia con antecedentes en el deporte canadiense. Su hermano, Rob Butler, formó parte de los Blue Jays que conquistaron la Serie Mundial de 1993, uno de los títulos más recordados en la historia de la franquicia de Toronto.
Esa conexión con el béisbol profesional contribuía al reconocimiento del apellido Butler, una circunstancia que ahora contrasta con las acusaciones que enfrenta Richard.
El impacto del presunto fraude va más allá de la cantidad de dinero involucrada. Las familias que pagaron las cuotas esperaban que sus hijos recibieran preparación deportiva, participaran en un programa organizado y tuvieran la oportunidad de avanzar en el béisbol competitivo.
La cancelación repentina habría dejado a los participantes sin el servicio prometido y a sus padres con dudas sobre el destino de los recursos entregados.
Para los jóvenes deportistas, la desaparición del programa también significó perder tiempo de preparación y una oportunidad de desarrollo que sus familias habían considerado una inversión en su futuro.
La investigación plantea, además, una advertencia para el deporte formativo: la reputación de un exjugador profesional no sustituye la necesidad de verificar las condiciones de una academia, sus mecanismos de pago y la transparencia de quienes la administran.
Por ahora, las autoridades canadienses continúan reuniendo elementos para esclarecer los hechos y establecer las responsabilidades correspondientes.