Toyota y Japón en crisis de gestión

Dinero
/ 4 febrero 2010

    A los japoneses se les considera extremadamente conscientes de la importancia de la calidad. Para los fabricantes extranjeros, minúsculas carencias cualitativas siguen constituyendo las mayores barreras para llevar sus productos al mercado japonés

    Los japoneses cumplen siempre con orgullo los estándares de alta calidad y su excelente servicio a los clientes.

    Pero el mito de un Japón cuya calidad mejora continuamente se está tambaleando.

    Sólo unos días después de la bancarrota de la mayor aerolínea japonesa JAL, siguió el escándalo por los pedales de aceleración defectuosos del mayor consorcio automotor del mundo, Toyota. Pese a que los dos casos no tienen nada que ver directamente, simbolizan sin embargo los problemas del país: el que fuera "estudiante modelo" de la economía mundial se encuentra estacando en una grave crisis de gestión y podría ser pronto desbancado por China del segundo puesto entre las mayores potencias económicas del mundo.

    La debacle de la aerolínea JAL muestra una cara de la miseria: las reformas postergadas durante décadas y la falta de rentabilidad en el interior del país.

    Durante la crisis económica japonesa que duró años, la industria exportadora volvió a reaccionar con una expansión sin consideraciones en los mercados mundiales: las empresas japonesas no sólo exportaban a nivel global, sino que ampliaban masivamente su producción a nivel internacional. Así, ganaron más produciendo en el extranjero que con sus exportaciones.

    Falla sin embargo, creen los economistas, a la hora de establecer una nueva gestión global que garantice la calidad, la comunicación y las estrategias en todos los mercados regionales.

    Por eso, el caso de Toyota sirve como ejemplo: en contra de su filosofía empresarial tradicional de una mejora paulatina ("kaizen"), unida a un siempre alto grado de inversión, el consorcio automotor se concentró en los últimos años en una expansión sin precedentes, finalmente a costa de las garantías de calidad.

    El caso de Toyota muestra de forma ejemplar aquello que deben enfrentar también muchas empresas japonesas: las dificultades con la gestión global y la comunicación con la opinión pública a nivel global. Una de las acusaciones de las autoridades estadounidenses contra Toyota es que reaccionó con demasiada lentitud.

    Trasladar las miserias de Toyota al conjunto del modelo de producción y garantías de seguridad japonés sería quizá equivocado. Sin embargo, el caso muestra los grandes desafíos que supone reaccionar a la globalización.

    Las empresas japonesas tienen desde hace tiempo representación en todo el globo, pero ello supone nuevos retos en la gestión, no sólo en lo que respecta a las garantías de calidad en las instalaciones de producción, sino también desde el proceso de fabricación conjunto hasta la comunicación con la opinión pública y los gobiernos en todo el mundo. Sin embargo, es evidente que muchas empresas japonesas no dominan precisamente esta cuestión.

    A las crisis externas, que también tienen mucho que ver con la comunicación con sus suministradores y clientes en otros mercados, la mayoría de los niveles de gestión que dirigen las firmas japonesas reaccionan con frecuencia con demasiada lentitud. También aquí Toyota sirve de ejemplo.

    Para los economistas está claro que lo que los japoneses necesitan es un estilo de gestión más global que incluya también la transferencia de la responsabilidad a los mercados en que se encuentren presentes.

    Pese a que Toyota podría solucionar rápidamente los problemas técnicos, los daños causados a su imagen por una reacción lenta y las carencias en la comunicación, por ejemplo con el gobierno estadounidense durante años.

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