¿Tu hijo nació en diciembre? Esto debes saber sobre su desarrollo frente a sus compañeros
Un niño nacido en enero puede compartir salón con otro que nació en diciembre del mismo año, aunque entre ambos exista casi un año de diferencia.
Nacer a principios o finales del mismo año puede parecer un detalle sin importancia, pero durante la infancia la diferencia de edad puede ser significativa. Un menor nacido el 2 de enero y otro que llegó al mundo el 30 de diciembre pueden pertenecer al mismo grado escolar, pese a que entre ambos hay casi 12 meses de desarrollo.
La diferencia suele ser mucho menos evidente conforme pasan los años. Sin embargo, entre los cuatro y seis años puede reflejarse en aspectos como el lenguaje, la concentración, la coordinación motora, el manejo de las emociones y el control de los impulsos.
Esto ocurre porque durante esa etapa el cerebro atraviesa un periodo de rápido desarrollo. Por ello, algunos niños simplemente necesitan más tiempo para adquirir determinadas habilidades.
EL EFECTO DE LA EDAD RELATIVA
Esta situación es conocida como efecto de la edad relativa y ocurre cuando menores de un mismo grupo son comparados pese a tener diferencias importantes en su edad cronológica.
Por ejemplo, un niño de cinco años y diez meses puede permanecer concentrado durante más tiempo o realizar determinadas actividades con mayor facilidad que uno de cinco años recién cumplidos. Esto no significa necesariamente que tenga mayores capacidades intelectuales o que sea más disciplinado.
La diferencia puede estar relacionada, sencillamente, con los meses adicionales de maduración que ha tenido.
El problema aparece cuando esas diferencias normales comienzan a interpretarse como falta de capacidad. Expresiones como “es inmaduro”, “se distrae demasiado” o “no se esfuerza lo suficiente” pueden terminar influyendo en la percepción que el propio menor tiene de sus habilidades.
NACER EN DICIEMBRE PUEDE GENERAR DESVENTAJAS
Los niños que nacen durante los últimos meses del año pueden encontrarse entre los más pequeños de su generación escolar. Al principio, esto puede traducirse en mayores dificultades para seguir determinados ritmos académicos, deportivos o sociales.
La comparación constante también puede afectar su confianza. Si un menor observa que sus compañeros realizan con facilidad actividades que a él todavía le cuestan trabajo, puede comenzar a pensar que tiene menos capacidades.
Por esta razón, especialistas señalan que las evaluaciones durante la infancia deben considerar la edad exacta del menor y no únicamente el grado escolar al que pertenece.
LOS NACIDOS EN ENERO TAMBIÉN ENFRENTAN OTROS RETOS
Ser de los mayores del salón puede representar algunas ventajas iniciales, como desarrollar antes determinadas habilidades o asumir posiciones de liderazgo dentro del grupo.
Sin embargo, esto tampoco significa que los niños nacidos en enero tengan asegurado un mejor desempeño futuro. Las experiencias individuales, el entorno familiar, la educación y las características propias de cada menor tienen un peso importante.
¿DEBERÍAN CAMBIAR LAS REGLAS ESCOLARES?
El debate plantea si la organización estricta por año de nacimiento debería contemplar mayor flexibilidad en determinados casos, especialmente para niños nacidos durante noviembre y diciembre.
Una alternativa sería valorar individualmente si un menor está preparado para incorporarse al siguiente grupo escolar, aunque cualquier decisión debe considerar su desarrollo integral y no únicamente su fecha de nacimiento.
La edad relativa puede explicar algunas diferencias durante los primeros años, pero no determina el potencial de un niño. Más que comparar a todos bajo el mismo parámetro, especialistas plantean la importancia de reconocer que cada menor tiene su propio ritmo de desarrollo.