Velocidad de los autos, la eterna lucha por los récords
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La siguiente meta la tiene en el punto de mira Richard Noble, que con un Bloodhound SSC planea ser el primero en superar la marca de 1,000 millas por hora
Turín, Italia.- Ernest Eldridge sólo tenía una meta: el aventurero británico quería ser el piloto más rápido del mundo, para lo que no escatimó dinero ni esfuerzo.
Como para ello su Fiat SB/4 de 1908 y 150 caballos no era suficiente, "tuneó" el coche como se hacía entonces. Alargó el chasis con piezas de un autobús urbano de Londres ya inutilizado y colocó debajo del capó un motor de avión como el que Fiat había construido para los bombarderos de la Primera Guerra Mundial: seis cilindros, casi 22 litros de cilindrada y 320 caballos. Con eso debería bastar.
La historia la conoce bien Raffaele Terlizzi, responsable de la colección histórica de Fiat en la ciudad italiana de Turín. El 12 de julio de 1924, el sueño de Elridge se hizo realidad: en una larga recta en Arpajon, a las puertas de París, alcanzó los 234,98 km/h, un nuevo récord. "El coche más rápido del mundo", confirmó el Automovil Club de Francia, el primero en reconocer oficialmente el registro.
Hoy en día, muchos coches producidos en serie son más rápidos que el Fiat de Ernest Eldridge, "pero su récord perdurará en la eternidad", dice Terlizzi. "Porque Eldridge fue el último que lo logró en una carretera pública normal", explica.
El adoquinado, las curvas, el tráfico en contra se convirtieron en algún momento en algo peligroso para los ricos amantes de la velocidad, que se decidieron por los nuevos circuitos, como el de Brooklands, en el sur de Londres, el primer circuito fijo del mundo.
Allí se batió en noviembre de 1909 el primer récord del mundo, según Mercedes: Victor Héméry logró en el óvalo un promedio de 205.7 km/h en la media milla de trazado y se convirtió así en el primero en superar los 200 km/h con un motor de combustión.
La vuelta más rápida en Brooklands la logró, sin embargo, el británico John Cobb, que en un Napier-Railton de 12 cilindros, 24 litros y 500 caballos estableció en 1934 con 230.84 km/h un récord que nadie superó nunca en ese circuito, ya que en agosto de 1939 tuvo lugar la última carrera.
Los buscadores de récords encontraron otras pistas. Los óvalos resultaban cada vez más pequeños y limitados, por lo que se miró a los lagos de sal, sobre todo en el estado de Utah, en Estados Unidos.
En torno a la pequeña ciudad de Bonneville, los pilotos de los años 30 y 40 del siglo pasado disponían de 10,000 kilómetros cuadrados de superficie blanca, lisa y resplandeciente sin que ninguna pequeña planta interrumpiera el camino.
El documental "Boys of Bonneville", de 2011, cuenta la historia de esos fetichistas de la velocidad, cuyo rey sin corona fue David Abbott "Ab" Jenkins, quien estableció supuestamente más récords que cualquier otra persona.
En 1935 condujo el Düsenberg Mormon Meteor durante más de 24 horas con un promedio de 217 km/h, y en 1940 aumentó la velocidad a casi 260 km/h, una cifra que sólo fue superada 50 años más tarde. Muchas de esas marcas continúan vivas hoy en día, según los responsables de la semana de la velocidad de Bonneville, un evento anual que celebra los nuevos récords.
Jenkins aún sigue siendo en los Estados Unidos el héroe de la velocidad en el lago salado, pero sus marcas palidecen en comparación con las de Andy Green. El piloto militar británico ostenta desde 1997 el "Land Speed Record" con una velocidad de 1,228 km/h en el desierto de Nevada. Fue el primero en romper con un coche la barrera del sonido.
El ThrustSSC con el que logró la proeza Green hace 16 años no tiene mucho que ver con lo que es hoy un coche. El monoplaza se asemeja más a un cohete: 16,5 metros de largo, estrecho como un puro y propulsado por dos turbinas de jet para una potencia de 100,640 caballos.
La siguiente meta la tiene en el punto de mira Richard Noble, que con un Bloodhound SSC planea ser el primero en superar la marca de 1,000 millas por hora, 1,609 km/h. El equipo Bloodhound anunció en Londres que lo intentará dentro de seis meses.
En una liga menor compiten pilotos como Pierre-Henri Raphanel, que como probador de Bugatti alcanzó en 2010 en el circuito de pruebas de Ehra-Lessien una velocidad de 431 km/h con el Veyron, el deportivo en serie más rápido del mundo.
Quedó constatado con la entrada en el libro Guiness de los récords. El ex piloto francés de Fórmula 1 acabó orgulloso, pero también un poco asustado: "La aceleración hasta los 400 km/h dura unos 20 segundos y en esos 20 segundos hay tiempo para pensar. Lo que me quedó claro es que no lo quiero repetir".
Por Thomas Geiger/DPA