Bacrims, nueva preocupación en Colombia
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Conformadas por ex paramilitares, estas organizaciones se encargan de la producción y el tráfico de drogas. Y actúan asociadas a la guerrilla para conseguir armas
Cali.- Pese a que han perdido terreno -de 32 organizaciones sólo quedan siete-, las bandas criminales (bacrim) se han convertido en el nuevo problema de los colombianos, que sufren a diario sus violentos crímenes. Así lo reconoció en una entrevista con la agencia Efe el director de Antinarcóticos de la Policía Nacional, el general César Augusto Pinzón.
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El funcionario indicó que dominan ahora el negocio del tráfico de drogas son hombres como Maximiliano Bonilla (alias "Valenciano"), los hermanos Calle Serna ("Los Comba") y Daniel Barrera ("El Loco Barrera"). Los jefes de las bacrim se las han ingeniado para suplantar a los antiguos cárteles colombianos, como los que lideraron Pablo Escobar o los hermanos Rodríguez Orejuela, que sucumbieron al "ataque frontal" contra ellos y a las extradiciones a los Estados Unidos.
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Estos nuevos capos "manejan una estructura criminal, son una transición de lo que fueron las mal llamadas Autodefensas, con las que hubo un proceso de paz", explicó Pinzón, en referencia a los paramilitares que se desmovilizaron entre 2003 y 2006 tras un acuerdo con el gobierno del anterior presidente, Alvaro Uribe.
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Si bien los jefes de las Autodefensas Unidas de Colombia fueron extraditados a los Estados Unidos, sus lugartenientes se reorganizaron hasta formar las nuevas bacrim, para operar en el primer país productor de cocaína del mundo.
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"Tienen el control zonal en determinadas partes donde se produce la mata de coca, cuidan laboratorios, practican secuestros y extorsión", agregó Pinzón al afirmar que, si bien tras la desaparición de los carteles de Medellín y Cali la distribución a los Estados Unidos recayó en las mafias mexicanas, los nuevos narcos colombianos se encargan, en algunos casos, de hacer llegar la droga al exterior.
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Una buena parte de la droga se produce, según el general, "en el municipio de Tumaco, donde se da la mayor concentración de cultivos de coca, también hay amapola y laboratorios". Desde allí surge "la ruta del Pacífico, inclusive utilizando sumergibles, que hacen su arribo hacia Centroamérica, México y Estados Unidos", señaló.
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En el norte, dijo, "el golfo de Urabá (fronterizo con Panamá) sigue siendo un epicentro de envío de drogas sacadas de cultivos del Cauca o los Llanos Orientales; salen por el Atlántico hacia Centroamérica y países del Caribe, y de allí a Europa".
En zonas como el Guaviare, en el sur, "aglutinan grandes cantidades de hoja de coca, generan la base y producen el clorhidrato en laboratorios cerca de la frontera de Venezuela, así pasa al oriente y logran la ruta africana", agregó.
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La alianza con las FARC
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Otra parte del negocio del narcotráfico está en manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que, según Pinzón, "tuvieron un trasegar inicialmente filosófico, una guerra subversiva contra el Estado y no lograron su cometido".
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Por eso, explicó, en los noventa, "empiezan a convertirse en lo que son hoy: narcoterroristas, están supeditadas sus finanzas al narcotráfico".
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Y sostuvo que la guerrilla se asocia ahora a las bandas criminales "rompiendo su estructura que se creía de enemigos y buscando una alianza que les permite la compra de armas para seguir atormentando al país".
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Aun así, Pinzón aclaró que en los últimos diez años, desde que se implementó el Plan Colombia, se ha reducido a la mitad la salida de cocaína colombiana del país, al pasar de 400 a 224 toneladas, gracias a las incautaciones y erradicación de cultivos.
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Ese Plan, acordado en 2000 y por el que Colombia ha recibido más de 8.000 millones de dólares de los Estados Unidos, ha supuesto "un verdadero apoyo policial y militar", dijo Pinzón.