Así es la vida en gaza tras ocho meses de tregua en Gaza cumple marcados por el avance territorial de Israel
En total desde el 7 de octubre de 2023 hay casi 73 mil muertos y más de 173 mil heridos
GAZA- Cuando el alto el fuego en Gaza entró en vigor el 11 de octubre de 2025, el acuerdo dejaba un 53 % de la Franja bajo control militar de Israel, que se reduciría progresivamente conforme la tregua avanzara y las tropas se retiraran. Ocho meses después, las autoridades israelíes se jactan de dominar el 60 % y aspiran a llegar al 70 %.
La Franja se encuentra dividida en dos sectores. Israel concentra sus tropas en el perímetro entre la línea amarilla (la marca imaginaria hasta la que se replegaron los soldados al comenzar la tregua) y, hacia el este, la frontera israelí, mientras que la población se hacina entre esta línea y el mar, al oeste, en un espacio cada vez más reducido y aún gobernado por el grupo islamista Hamás.
A caballo entre ambas zonas, Israel profundiza su control de Gaza con otra línea, la naranja, que extiende un 11 % más el área en el que el tránsito (de las organizaciones humanitarias) debe coordinarse con las fuerzas armadas, explicaron a EFE fuentes humanitarias.
ZONA HABITABLE MENGUANTE
“La línea amarilla concentra a más de dos millones de personas en menos de la mitad del territorio de la Franja, exacerbando el hacinamiento insoportable que perjudica la salud pública, incluyendo brotes de enfermedades e infestaciones de ratas y otras plagas”, denuncia la ONG israelí Gisha.
Fuentes del COGAT, el brazo del Ejército israelí que administra asuntos civiles en los territorios ocupados, indicaron a EFE que las fronteras de la línea naranja no están determinadas, sino que son variables en función de las necesidades de las fuerzas armadas.
Esto, sumado a la propia ambigüedad de la línea amarilla (la población gazatí denuncia que el Ejército ha movido los bloques con los que la señala para ganar terreno) ha permitido que Israel alcance el control de alrededor del 64 % de Gaza en los últimos 8 meses.
La mayoría de la población se concentra en las áreas de tres grandes ciudades: unos 688,300 en la ciudad de Gaza (norte), 607,500 en Deir al Balah (centro) y 718,248 en Jan Yunis (sur), indicaron a EFE fuentes de la ONU.
También hay dos concentraciones de población reducidas en la Gobernación Norte de Gaza, con unas 92,800 personas; y en Rafah (sur), de apenas 11,300, siendo ambas áreas próximas a la zona militarizada israelí.
La población ha quedado arrinconada cerca de la costa, donde el 83 % de las estructuras están total o parcialmente destruidas, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
“Nunca hay que perder de vista el hecho de que Israel, como potencia ocupante, está en control de toda Gaza y tiene obligaciones hacia la vida, dignidad y salud de la gente que vive allí”, dijo a EFE el portavoz del Comité Internacional de la Cruz Roja, Patrick Griffiths.
TRAS LA LÍNEA AMARILLA: EL EJÉRCITO Y LAS MILICIAS
Tras la línea imaginaria, Israel lleva a cabo demoliciones de edificios con asiduidad, y bajo el que han quedado también la mayoría de territorios agrícolas de la población.
Una información del diario israelí Haaretz del 26 de marzo recoge que las fuerzas armadas cuentan con 32 puestos en el área militarizada, siete de ellos construidos junto a la propia línea amarilla desde la entrada en vigor del alto el fuego.
“En cinco puntos del Ejército en Gaza, el terreno se ha cubierto con asfalto, permitiendo actividad operacional prolongada”, recoge el artículo.
Además del Ejército israelí, en el área militarizada se mueven con su connivencia al menos siete milicias locales, armadas por Israel, contrarias a Hamás. En algunos casos, sus líderes son antiguos miembros de las fuerzas de seguridad de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en Gaza.
En Rafah se concentran las Fuerzas Populares, la milicia anti Hamás más grande del enclave (con unos 700 miembros, según fuentes locales) y liderada por Ghassan Al Dahini. Al este de esta ciudad meridional, está el grupo armado liderado por Akram Jargoun, con entre 100 y 150 miembros.
En Jan Yunis actúa la milicia de Hussam Al Astal, con unos 150 miembros, y algo más al norte también en la ciudad sureña se encuentran los en torno a 50 milicianos encabezados por Shawqi Abu Nasira.
A la altura del campo de refugiados de Bureij (centro) opera la milicia de Issam al Nabahim, con menos de 20 miembros.
En la capital, la ciudad de Gaza (norte), se encuentra la milicia de Rami Helles, con entre 200 y 250 combatientes, y finalmente al noroeste de Beit Lahia y este de Yabalia se extiende la banda de Ashraf Al Mansi, con unos 100 alistados.
Estos grupos llevan a cabo incursiones en el lado occidental de la línea amarilla, en ocasiones para asesinar a miembros de Hamás o su policía o, en otras, como en las últimas semanas, para llamar a la población a abandonar zonas que pasarán a estar controladas por el Ejército.
RATAS, MONTAÑAS DE BASURA Y TIENDAS DE CAMPAÑA
Casi ocho meses después de un acuerdo de alto el fuego que no ha detenido los bombardeos israelíes, la situación humanitaria de los dos millones de gazatíes es crítica: la mayoría sigue malviviendo en tiendas de campaña rodeados de montañas de basura, escombros y, ahora también, con plagas de roedores y menos ayuda humanitaria.
Anas Huséin al Nagla, desplazado en el campamento de Deir al Balah (centro) pero originario de la sureña ciudad de Rafah, arrasada por el Ejército israelí y bajo control militar desde mayo de 2024, asegura que el armisticio “es una mentira” y que sus vidas son ahora más difíciles.
“No ha habido ningún cambio. De hecho, la situación y el sufrimiento han empeorado. Nos estamos hundiendo en un lodazal”, dice a EFE mientras su voz queda apaciguada por el zumbido de un dron o de un caza israelí cercano. “¿Qué tregua? ¡Aquí no hay ninguna tregua!”, añade poco después.
En estos ocho meses durante los que el Gobierno israelí no ha levantado el veto a la entrada de periodistas ni retirado a sus tropas de la Franja, se ha profundizado la escasez de agua potable para quienes viven bajo tiendas de lona, así como la acumulación de residuos fecales, basura y, con ellos, la propagación de enfermedades en unos campamentos hiperpoblados.
La ONU estima que quedan en Gaza miles de toneladas de munición sin explotar y al menos 61 millones de toneladas métricas de escombros -alrededor del 80 % de los edificios de la Franja están destruidos o dañados: viviendas, escuelas, universidades, mezquitas-, lo que contamina acuíferos e imposibilita cualquier tentativa de reconstrucción.
“Vemos muchos casos de infecciones respiratorias agudas y de diarrea ya que el agua no es potable (...) Hay desechos sólidos en cada lugar de Gaza”, dice a EFE desde Gaza Salwa al Tibi, directora en el enclave palestino de la ONG médica estadounidense MedGobal.
Al Titi también describe la presencia ubicua de ratas en los campamentos y vertederos y, entre los más pequeños, de piojos y otros ácaros que les provocan enfermedades cutáneas.
“Los niños se despiertan gritando en medio de la noche cuando roedores les muerden los dedos de las manos y pies (...) Sus madres se aferran a lo poco que les queda para descubrir que las ratas han roído mantas, ropa y sus escasas pertenencias”, describe el responsable de desarrollo de recursos de Cáritas Jerusalén, Harout Bedrossian.
ELECTRICIDAD BASADA EN GENERADORES
Desde la noche del 7 de octubre de 2023, día del ataque múltiple de Hamás contra Israel, el gobierno cortó el suministro directo de electricidad a Gaza y, a día de hoy, solo permite una línea que alimenta una planta desalinizadora. El resto -hospitales, tratamiento de aguas, quirófanos, cámaras frigoríficas- depende de la energía de decenas de generadores y de paneles solares.
Pero las autoridades israelíes no permiten la entrada de nuevos dinamos, paneles o piezas de repuesto, que clasifica como artículos de ‘doble uso’ (tanto civil como militar). Esto está sumiendo a la Franja en una situación insostenible, según denuncian diferentes ONG, a medida que la demanda continúa pero los generadores se estropean, sobrecargan o escasea el combustible.
«Israel tiene la obligación legal de satisfacer las necesidades básicas de la población civil en Gaza, abstenerse de bloquear el suministro esencial y de atacar la infraestructura civil. El acceso al agua y al saneamiento son derechos esenciales», denunció en un comunicado en abril la ONG israelí Gisha.
RESTRICCIONES A LA AYUDA HUMANITARIA
En el ámbito de ayuda humanitaria, el Supremo avaló el pasado 20 de mayo la prohibición israelí -aprobada en diciembre- contra más de una treintena de ONG internacionales, que no podrán seguir en Gaza si no completan este junio un nuevo registro israelí que les obliga a dar información personal sobre sus empleados palestinos.
Entre las afectadas están Acción Contra el Hambre, varias ramas de Médicos Sin Fronteras, Oxfam o el Consejo Noruego para los Refugiados: la espina dorsal humanitaria que sostiene Gaza junto al Programa Mundial de Alimentos de la ONU.
Y otras que sí seguirán activas en Gaza como World Central Kitchen (WCK), del chef español José Andrés, han reducido a la mitad las raciones de comida que reparten a diario en el norte, área central y sur de Gaza debido a la creciente «presión financiera».
“Esta reducción no significa una disminución de las necesidades sobre el terreno”, detalla a EFE Wadhah Hubaishi, responsable de esta organización para Oriente Medio, que explica cómo priorizan el reparto de comida entre 70 centros médicos, pacientes y personal, además de escuelas y orfanatos con niños.
“La situación humanitaria es devastadora. Gracias a Dios que nos podemos mantener de pie”, dice el palestino Al Nagla, que asegura que se morirían de hambre en Deir el Balah si no fuera por esas cocinas comunitarias.
NI TREGUA NI VÍA POLÍTICA
A punto de cumplirse ocho meses del alto el fuego en Gaza, los ataques israelíes siguen desangrando a la Franja y la solución política que pretendía la Junta de Paz, impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump, se encuentra en punto muerto desde el inicio de la inconclusa guerra de Irán.
Los datos hablan por sí solos: casi mil muertos y 3 mil heridos desde que el pasado 11 de octubre Israel y el grupo islamista palestino Hamás rubricaran la tregua con intermediación de Estados Unidos. En total desde el 7 de octubre de 2023 hay casi 73 mil muertos y más de 173 mil heridos
“Se suponía que el plan traería alivio. En cambio, los palestinos en Gaza siguen pasando hambre, continúan sin tener acceso a atención médica y siguen muriendo civiles”, afirmaba Adam Coogle, subdirector para Oriente Medio de Human Rights Watch, el mes pasado.
“UN SUEÑO LEJANO EN MEDIO DEL GENOCIDIO”
Amnistía Internacional también aseguraba entonces que la reconstrucción del enclave palestino, donde aproximadamente el 77 % de las viviendas han sido destruidas o dañadas, “sigue siendo un sueño lejano en medio del genocidio y los ataques aéreos”.
Los bombardeos, el uso de drones, disparos contra civiles, ataques contra puestos policiales y fuego naval en las costas de Gaza se han repetido en estos 8 meses, aterrorizando a una sociedad de más de 2 millones de habitantes.
“Cada día hay una masacre, cada día la sangre del pueblo de Gaza sigue derramándose, cada día una madre pierde a su hijo, una esposa pierde a su esposo o mueren niños (...) ¿Qué alto el fuego es este?”, indicó a EFE Um Fadi Shannar, desplazada del norte de la Franja desde el sur de Gaza.
ISRAEL Y LA “AMENAZA INMIMENTE” EN LA “LÍNEA AMARILLA”
El Ejército israelí dice continuar atacando Gaza para protegerse de Hamás y de acercamientos “sospechosos” a la ‘línea amarilla’, la divisoria donde las tropas israelíes debían mantenerse replegadas en esta primera fase de alto el fuego, que consideran una “amenaza inminente”.
No obstante, se han documentado muertes de familias, con mujeres y niños, cerca de esa línea y también bombardeos a campos de desplazados como el de Mawasi (sur), alejado varios kilómetros al oeste de ella-,o al corazón de la ciudad de Gaza. En estos casos, los objetivos de Israel suelen ser presuntos miembros de Hamás o miembros de las fuerzas de seguridad gazatíes.
Desde el ala política de Hamás, su portavoz en Gaza, Hazem Qasem, lleva meses expresando que «carece de sentido» hablar de alto el fuego porque Israel “sigue con sus operaciones de matanza” e imponiendo “una nueva realidad sobre el terreno”.
TROPAS ISRAELIES DESPLEGAGAS EN 60 % DE GAZA
El propio primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, afirmó a mitad de mayo que sus tropas controlan ya el 60 % de la Franja de Gaza, expandiéndose más allá del 53 % estipulado donde debían quedar apostadas tras la ‘línea amarilla’.
El cese de las hostilidades y la disposición del Ejército israelí -además de los continuos bloqueos a la ayuda humanitaria- han sido los puntos principalmente incumplidos de la primera fase de alto el fuego, que se enmarcaba dentro del ‘Plan de paz para Gaza’ pergeñado por Trump.
El intercambio de 20 rehenes vivos israelíes y una treinta de cuerpos sin vida por unos 2 mil presos palestinos de Gaza y Cisjordania, sin embargo, sí se consumó.
PARÁLISIS DE LA SEGUNDA FASE DEL ALTO AL FUEGO
EE.UU. declaró formalmente en enero la entrada en vigor de la fase 2 del acuerdo -que debía incluir la desmilitarización de Hamás, la creación de una fuerza internacional de estabilización y la entrada de un comité tecnocrático palestino para gobernar la Franja-, pero en la práctica se encuentra completamente bloqueada.
Desde Hamás continúan manteniendo contactos con mediadores en Egipto y Catar, además de representantes estadounidenses de la Junta de Paz, para destrabar la segunda fase del alto el fuego, cuyo punto clave para Israel es el desarme total del grupo islamista, que no se ha mostrado por el momento abierto a ello.
PROBLEMAS DE FINANCIACIÓN PARA LA JUNTA DE PAZ
Otro de los grandes escollos por los que la Junta de Paz, que Trump ideó como una suerte de organización multilateral sustituta de Naciones Unidas integrada por países afines, no opera a pleno rendimiento es su déficit de financiación con respecto a los fondos prometidos.
Nickolay Mladenov, Alto Representante para Gaza de la Junta de Paz, ha reconocido que existe un “agujero crítico” entre el desembolso real de fondos, hasta 70 mil millones de dólares para la reconstrucción de la Franja en la hipotética fase 3 del plan, y el compromiso estipulado por los donantes.
Arabia Saudí, Kuwait y otros países del Golfo acordaron un plan de pagos escalonados, pero la falta de garantías de seguridad en la Franja y las dudas sobre la gobernanza en el enclave palestino -al que Israel no permite el acceso del comité tecnocrático palestino- han hecho que el envío de fondos se interrumpa.
“Cuando la Junta de Paz dijo que quería detener la guerra y establecer una tregua, ¿a qué se refería? La ocupación continúa en marcha, sigue habiendo asesinatos, matanzas, bombardeos, destrucción y aniquilación”, se pregunta la gazatí Fadi Shannar.
Por Paula Bernabéu, Ahmad Awad, Patricia Martínez Sastre y Guillermo Azábal, Agencia de Noticias EFE.