Así fue como Trump supo que tenía un gran problema en Mineápolis
El presidente de Estados Unidos suele fanfarronear en las crisis y negarse a retroceder. Lo ocurrido en esta ciudad puso a prueba los límites de esa estrategia
WASHINGTON- La crisis en Mineápolis no amainaba.
La versión del gobierno sobre la muerte a tiros el sábado de Alex Pretti, ciudadano estadounidense sin antecedentes penales, se estaba desmoronando. Stephen Miller, el cerebro de la política migratoria de línea dura del presidente Donald Trump, había calificado a Pretti de “terrorista” y les había dicho a otros funcionarios del gobierno, entre ellos Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Nacional, que lo llamaran “asesino”.
Pero los videos contradecían claramente esa versión. Pretti estaba inmovilizado cuando los agentes de migración abrieron fuego y lo mataron. Las protestas y un palpable sentimiento de indignación crecían en todo el país. Incluso los aliados del presidente estaban alarmados. Muchos de ellos querían ver cambios sobre el terreno, y varios hicieron una recomendación directamente en llamadas al presidente: enviar a Mineápolis a Tom Homan, el zar fronterizo de la Casa Blanca.
TE PUEDE INTERESAR: Minnesota sangrienta
A primera hora del lunes, Brian Kilmeade, copresentador del programa Fox & Friends, del que Trump es fiel espectador, repitió el mensaje tres veces en dos horas.
Veinte minutos después, el presidente anunció en las redes sociales que enviaría a Homan a Mineápolis, un reconocimiento tácito de que estaba perdiendo el control de una situación que planteaba una de las amenazas políticas más graves de su segundo gobierno.
Gregory Bovino, funcionario de la Patrulla Fronteriza que había estado dirigiendo las operaciones sobre el terreno en Mineápolis, y quien era conocido por sus tácticas agresivas, estaba fuera. “Bovino es bastante bueno, pero es un tipo bastante inusual”, le dijo Trump a Fox News. “Quizá eso no era bueno aquí”.
Y aunque no hay indicios de que Trump esté repudiando las tácticas empleadas por los agentes federales en Minnesota o los principios básicos de sus políticas de migración, el momento fue un ejemplo inusual de cómo el presidente se mueve para mitigar la severa imagen asociada a una represión que, por lo demás, su gobierno ha celebrado.
Durante muchos años, Trump ha perfeccionado una táctica de supervivencia frente a las críticas de la opinión pública: crea distracciones para pasar de un ciclo de noticias al siguiente. Pero en otros momentos, cuando se ha enfrentado a una protesta pública especialmente intensa —y políticamente perjudicial—, ha hecho balance de la cobertura informativa y ha decidido adoptar una táctica diferente, a menudo de manera temporal.
La muerte a tiros de Pretti y sus consecuencias crearon uno de esos momentos. Y Trump pareció darse cuenta en este caso de que su mensaje, al menos, tenía que cambiar. Poco después de hacer el anuncio sobre Homan, Trump y su secretaria de prensa, Karoline Leavitt, suavizaron su tono sobre la muerte de Pretti y se distanciaron de los comentarios incendiarios de Miller, Bovino y Noem. Trump también dijo que había hablado con el gobernador de Minnesota, Tim Walz, contra quien había arremetido solo unos días antes.
Y mientras la Casa Blanca se retracta de algunas de sus declaraciones más duras, ha estallado una especie de juego de acusaciones, en el que Miller insinúa que las autoridades de migración de Mineápolis podrían no haber seguido el protocolo.
En un comunicado, Miller dijo que la Casa Blanca había aconsejado a los funcionarios de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por su sigla en inglés) que crearan una “barrera física” entre los “equipos de detención” y los “alborotadores”.
“Estamos evaluando por qué es posible que el equipo de la CBP no siguiera ese protocolo”, dijo Miller, quien días antes había calificado a Pretti de “asesino en potencia”.
Queda por ver si el cambio retórico tranquilizará las protestas o si dentro del gobierno de Trump hay voluntad de cambiar las tácticas sobre el terreno. Homan, funcionario del ICE desde hace tiempo, es considerado por los aliados de Trump como alguien que podría aportar algo de calma al caos en Minnesota, sobre todo porque ha pedido detenciones selectivas en lugar de redadas generalizadas. Pero está totalmente de acuerdo con la campaña de deportación masiva de Trump; en 2018, él, junto con dos funcionarios de alto rango, recomendó una política que finalmente condujo a la separación de familias en la frontera sur.
TE PUEDE INTERESAR: Qué saber sobre Gregory Bovino, el comandante de la ofensiva migratoria de Trump
El lunes por la tarde, Trump estaba sentado con Homan en el Despacho Oval. La reunión ya figuraba en la agenda del presidente para tratar cuestiones de migración, pero ahora servía de despedida para Homan, cuya nueva misión comenzó de inmediato.
“El presidente Trump pidió a Tom Homan que volara a Minnesota, porque Tom Homan es el hombre perfecto para el trabajo”, dijo Leavitt en un comunicado. “En seguimiento de la directiva del presidente, Tom estaba en un avión en cuestión de horas”.
Este relato del cambio de estrategia de Trump en Minnesota, y de la toma de conciencia de que sus tácticas habituales no estaban funcionando, se basa en entrevistas con una decena de personas, la mayoría de las cuales hablaron bajo condición de anonimato para describir conversaciones privadas.
‘NADIE ENTIENDE MEJOR LA TELEVSIÓN’
En los días posteriores a la muerte de Pretti, a Trump no le gustó lo que vio en televisión.
Encerrado en la Casa Blanca durante el fin de semana, con las temperaturas en descenso y una fuerte tormenta de nieve en camino, Trump les expresó su preocupación por la muerte a tiros a sus ayudantes y aliados. Pero sus frustraciones se referían más a la cobertura de los hechos que al incidente en sí, según personas familiarizadas con la dinámica.
El presidente le dijo a la gente que la muerte a tiros de Pretti y las protestas estaban eclipsando sus logros en materia de migración y la frontera, dos temas que considera sus logros emblemáticos y a los que vuelve una y otra vez cuando se siente asediado políticamente.
“Nadie entiende mejor la televisión que él”, dijo el senador Lindsey Graham, republicano por Carolina del Sur, quien habló con Trump durante el fin de semana. “Yo estaba entre los muchos que le decían que sus instintos eran correctos”.
Graham dijo que él y otros le dijeron a Trump que debían encontrar una solución.
“Seguiremos persiguiendo lo más duro de lo duro, pero las imágenes estaban socavando la idea de que la causa del caos es la política de ciudades santuario”, dijo.
El domingo por la noche, Trump dio a entender que estaba abierto a un cambio cuando declaró a The Wall Street Journal que estaba dispuesto a que se investigara la muerte a tiros, aunque él y sus ayudantes ya se habían apresurado a juzgar a quien consideraban culpable.
A la mañana siguiente, cuando Trump anunció que Homan se haría cargo de las operaciones diarias en Minnesota, los críticos dijeron que el presidente simplemente estaba tapando el problema.
El representante Bennie Thompson, demócrata por Misisipi, dijo que el nombramiento de Homan no era más que un “juego de la silla”.
“No se hace un cambio simplemente echando a alguien y trayendo a un portavoz del mismo tipo, pero con otro traje”, le dijo a CNN. “Así que lo que queremos es un cambio sustancial”.
‘Un incidente muy desafortunado’
Noem, secretaria de Seguridad Nacional, sabía que un reajuste en Mineápolis era una mala noticia para ella. Al fin y al cabo, era la responsable de migración. Era la cara pública de toda la operación.
Los demócratas pedían que se le hiciera un juicio político, e incluso algunos aliados republicanos criticaban la respuesta del gobierno a la muerte de Pretti.
Así que Noem llamó a la Casa Blanca y solicitó una reunión con el presidente.
Trump iba retrasado y estaba en medio de una entrevista radiofónica cuando Noem llegó. Pero la invitó a ella y a Corey Lewandowski, su principal ayudante y primer jefe de campaña de Trump en 2015, a reunirse con él en el Despacho Oval mientras terminaba.
Una vez que Trump estuvo libre, el grupo discutió la respuesta del gobierno en Minnesota y las formas de comunicar mejor los logros del presidente en la frontera.
Pero no fue una reunión de crisis. La situación en Mineápolis fue solo uno de los temas que trataron durante las casi dos horas que duró la charla en el Despacho Oval. Trump también habló sobre la construcción del salón de baile de la Casa Blanca, uno de sus temas favoritos, y sobre las elecciones de mitad de mandato.
Noem, a pesar de encabezar una represión mortal y caótica, parecía a salvo, al menos por ahora. El martes, Trump les dijo a los periodistas que estaba contento con ella.
“Creo que ha hecho un buen trabajo”, dijo.
Mientras Trump viajaba a Iowa para pronunciar un discurso sobre la economía, Miller viajaba en el Air Force One, señal de que su prestigio tampoco había disminuido.
A pesar del cambio de tono de Trump, su intensa represión federal seguía activa. El lunes, en Mineápolis, los agentes federales detuvieron a unos 100 migrantes indocumentados, con lo que superaron por mucho el promedio diario previo a la operación en la ciudad, según dos funcionarios estadounidenses.
E incluso mientras intentaba pasar página a la crisis de Mineápolis, diciendo que quería “frenar la escalada” de la situación, siguió culpando de su propia muerte a Pretti, el enfermero de la unidad de cuidados intensivos al que le dispararon agentes de la Patrulla Fronteriza.
“No puedes aparecerte con armas”, dijo Trump sobre Pretti, que portaba legalmente un arma con permiso y se encontraba bajo un montón de agentes cuando, de repente, uno le disparó por la espalda. Luego calificó la muerte de Pretti de “un incidente muy desafortunado”. c. 2026 The New York Times Company.
Por Tyler Pager, Katie Rogers, Zolan Kanno-Youngs y Hamed Aleaziz, The New York Times.