EU quiere la ayuda de sus aliados para perseguir a la extrema izquierda

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Cuando altos funcionarios de Occidente se reunieron en Ottawa el mes pasado para debatir las posibles amenazas terroristas ante la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, un alto funcionario antiterrorista del Departamento de Estado transmitió un mensaje inesperado

Internacional
/ 10 abril 2026
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Por: Jack Nicas, Alan Feuer, Matina Stevis-Gridneff, Edward Wong and Jim Tankersley

Estados Unidos estaba tan preocupado como siempre por el terrorismo islamista, dijo la funcionaria, Monica A. Jacobsen, según una copia de sus comentarios que fue revisada por The New York Times y tres funcionarios al tanto de la reunión. Pero, según les dijo a sus homólogos de Europa, Canadá y Australia, el gobierno de Donald Trump también quería que se prestara más atención a lo que consideraba una amenaza insidiosa y subestimada: la extrema izquierda.

Los gobiernos occidentales deben combatir “el terrorismo antifa y de extrema izquierda”, afirmaba el discurso de Jacobsen, presentando el esfuerzo como una evolución en la lucha antiterrorista tras la “guerra global contra el terror”. Su discurso definió el terrorismo de extrema izquierda para incluir las amenazas comunistas, marxistas, anarquistas, anticapitalistas y aquellos con “ideologías ecoextremistas” y “otras ideologías antifascistas autoidentificadas”.

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“Es importante reconocer sus acciones como terrorismo político y no como mera protesta o criminalidad”, decían sus comentarios preparados, aunque no estaba claro si los pronunció exactamente como estaban escritos. Como prueba, el discurso señalaba a los manifestantes de izquierda que se habían enfrentado recientemente a la policía en Italia.

Los llamados de Jacobsen formaban parte de un nuevo y amplio esfuerzo de la Casa Blanca para presionar a los gobiernos extranjeros y a las embajadas en el exterior para que se unan a su lucha contra lo que denomina como terroristas de extrema izquierda. El gobierno de Trump está desplegando su maquinaria antiterrorista global contra movimientos de extrema izquierda como antifa –abreviatura de “antifascista”– a pesar de ofrecer pocas pruebas de que representen una amenaza grave para los ciudadanos estadounidenses.

Este artículo se basa en documentos internos del Departamento de Estado y en entrevistas con funcionarios y exfuncionarios estadounidenses, así como con funcionarios de gobiernos extranjeros a los que se les pidió que colaboraran en el esfuerzo, todos los cuales hablaron bajo condición de anonimato para poder discutir cuestiones de seguridad delicadas y sobre reuniones a puerta cerrada.

Uno de los líderes de la iniciativa es Sebastian Gorka, el principal director antiterrorista del Consejo de Seguridad Nacional del presidente Trump. Él ha presionado para designar a más grupos de extrema izquierda en el extranjero como organizaciones terroristas, presionar a los aliados extranjeros para que investiguen a los grupos y buscar conexiones entre ellos y los estadounidenses.

En noviembre, el Departamento de Estado dio el primer gran paso en la estrategia al designar a cuatro grupos políticos de izquierda en Europa –dos en Grecia, uno en Alemania y otro en Italia– como organizaciones terroristas. No se tiene constancia de que ninguno de los grupos haya planeado atentados contra estadounidenses en la última década, lo que suele ser un criterio para esa designación.

Aunque las designaciones suelen imponer restricciones financieras, el gobierno podría intentar utilizarlas con el fin de ampliar sus poderes para vigilar, investigar y perseguir a los activistas de izquierda en suelo estadounidense. El gobierno ya tiene en la mira a muchos activistas de izquierda.

Gorka ha dicho repetidamente a los funcionarios estadounidenses que “no hay lobos solitarios”, según dos funcionarios que fueron testigos de esos comentarios, al instarles a encontrar vínculos entre extremistas de izquierda en el extranjero y estadounidenses, lo que podría crear una vía legal para investigar a ciudadanos estadounidenses.

Esa posibilidad ha alarmado a actuales y exfuncionarios estadounidenses, a quienes les preocupa que el gobierno de Trump esté politizando los esfuerzos antiterroristas, con el objetivo último de castigar a los opositores de Trump en casa, potencialmente con cargos de apoyo al terrorismo. La forma inusualmente amplia en que el gobierno ha definido el extremismo de extrema izquierda, advirtieron, podría permitir a los investigadores utilizar conexiones poco sólidas con personas en el extranjero para ir tras estadounidenses que no tienen antecedentes reales de violencia.

“Están tratando de inventar el antifa como una amenaza internacional para vincularlo a grupos e individuos en Estados Unidos”, dijo Tom Joscelyn, un experto en contraterrorismo que ayudó a redactar el informe del Congreso sobre el atentado del 6 de enero de 2021 en el Capitolio. “Esto sugiere que el gobierno está más avanzado de lo que la gente cree en su intento de manipular los mecanismos antiterroristas de los Estados Unidos para perseguir a sus opositores políticos en casa”.

REORIENTAR LA LUCHA ANTITERRORISTA

A las personas consultadas también les preocupa que el gobierno esté canalizando los recursos antiterroristas hacia los extremistas de izquierda justo cuando los servicios de inteligencia muestran un aumento de las amenazas potenciales a los estadounidenses relacionadas con la guerra de Irán. Se produce después de que los equipos del FBI y del Departamento de Justicia encargados de enfrentar esas amenazas se vieran desbordados tras un año de despidos, renuncias y reasignaciones.

La estrategia refleja un cambio en la lucha antiterrorista estadounidense. El gobierno de Joe Biden identificó a los extremistas de derecha, como los supremacistas blancos, como la principal amenaza. Ahora, el gobierno de Trump ha redirigido en gran medida esos recursos hacia grupos de extrema izquierda como los antifa.

En la última década, los extremistas de derecha han matado a 112 personas en 152 ataques terroristas en Estados Unidos, según un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, una institución de investigación bipartidista. Durante el mismo periodo, los extremistas de izquierda mataron a 13 personas en 35 ataques, según el análisis, mientras que los ataques yihadistas dejaron 82 muertos.

Christopher A. Wray, el director del FBI nombrado por Trump, declaró ante el Congreso durante el gobierno de Biden que la principal amenaza de terrorismo interno a la que se enfrentaba la nación procedía de “extremistas con motivaciones raciales o étnicas”, en particular los supremacistas blancos. Señaló que los extremistas antigubernamentales tanto de derecha como de izquierda, también eran una amenaza significativa.

El Departamento de Estado dijo en un comunicado que estaba trabajando con socios internacionales para contrarrestar el “terrorismo antifascista”, incluso persiguiendo el financiamiento y los viajes de grupos políticos de izquierda violentos. El Departamento de Estado ha ofrecido una recompensa de 10 millones de dólares por información que ayude a desbaratar las finanzas de esos grupos. El departamento dijo que muchas naciones europeas compartían sus preocupaciones, aunque no nombró a los países.

Gorka, un incendiario comentarista conservador, ha estado coordinando el nuevo impulso con Thomas G. DiNanno, subsecretario de Estado para el control de armamento y la seguridad internacional.

En una reunión antiterrorista celebrada en Budapest en diciembre, DiNanno expuso su creencia de que antifa es un grupo terrorista. “Antifa es un falso profeta que abraza la intimidación, la censura y, en última instancia, la violencia. Antifa es fascismo”, dijo. “Hemos aprendido de nuestras luchas de décadas con Al Qaeda y el Estado Islámico que debemos detener las amenazas de este cáncer destructivo antes de que haga metástasis”.

Felicitó a Hungría por presionar a la Unión Europea para que designe antifa como organización terrorista. Muchos funcionarios del gobierno de Trump ven a Hungría y a Viktor Orbán, su primer ministro, como la piedra angular de un movimiento transnacional de extrema derecha contra los valores liberales. Gorka también tiene raíces familiares en Hungría y vínculos con grupos de extrema derecha de ese país.

En un mensaje de texto, Gorka dijo que la información de este artículo era “errónea”, pero no respondió a un correo electrónico en el que se exponían las conclusiones. DiNanno no respondió a las solicitudes de comentario. El Departamento de Estado se remitió a sus declaraciones públicas.

ACCIÓN INTERNA

Las personas designadas por Trump han añadido a los antifa a una lista de objetivos establecida en el Marco de Prioridades de Inteligencia Nacional, un documento clasificado que la Oficina del Director de Inteligencia Nacional y otras agencias utilizan para determinar dónde centrar sus recursos y su atención, según un actual funcionario estadounidense y otro anterior. Antifa nunca antes había aparecido en la lista, que ha incluido a organizaciones terroristas establecidas como Al Qaeda y el Estado Islámico.

En septiembre, Trump firmó una orden ejecutiva etiquetando a antifa como una “organización terrorista doméstica”, pese a que no existe tal designación en la ley federal. Y, en realidad, antifa no es una sola organización. Es un amplio movimiento de grupos vagamente afiliados que se identifican con la etiqueta antifascista, y carece de una membresía o jerarquía claras. Puck y Reuters han informado anteriormente sobre algunos de los recientes movimientos del gobierno estadounidense contra antifa.

Durante meses, Gorka ha dirigido una reunión antiterrorista periódica con decenas de funcionarios de las agencias de seguridad estadounidenses. En esas reuniones, ha presionado para que se preste más atención a los antifa, así como a otros grupos, como los activistas transgénero y los migrantes indocumentados.

Con frecuencia, los participantes se sentían frustrados porque la atención prestada a los grupos de izquierda distraía de amenazas más urgentes, como las vinculadas a Irán y al Estado Islámico, según dos funcionarios que han asistido a las reuniones de Gorka.

Con el fin de recabar apoyo, el Departamento de Estado tiene previsto organizar en mayo un taller en La Haya dirigido a funcionarios de las fuerzas del orden de otros países para enseñarles los peligros de los grupos de extrema izquierda y cómo contrarrestarlos, según un documento interno del Departamento de Estado, un funcionario actual y un exfuncionario.

Entre los invitados previstos figuran funcionarios de Canadá, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Hungría, Brasil, México, Argentina, India e Indonesia, según el documento. Hasta ahora, los funcionarios estadounidenses han recibido menos interés del que esperaban, según dijeron los dos funcionarios.

El Departamento de Estado también está planeando una cumbre sobre el tema en Washington en julio para funcionarios de gobiernos extranjeros.

Los encuentros propuestos se asemejan a un programa previo conocido como Foro de Aplicación de la Ley Antiterrorista, que reunía a investigadores internacionales en gran medida para discutir la amenaza de los extremistas de derecha, dijo Ian Moss, quien trabajó como funcionario antiterrorista del Departamento de Estado bajo la presidencia de Joe Biden. El gobierno de Trump cerró ese programa, pero ahora parece que intenta revivirlo y redireccionarlo hacia la extrema izquierda, pero sin mucha justificación, dijo.

El gobierno también ha frenado en gran medida una iniciativa del Departamento de Seguridad Nacional para mapear las redes de grupos de extrema derecha, según un exfuncionario del departamento.

Al mismo tiempo, el gobierno ha intentado estrechar lazos con los grupos de extrema derecha en el extranjero y reforzar su posición en sus propios países.

PRESIONAR A LOS ALIADOS

En septiembre, días después de firmar su orden ejecutiva sobre antifa, Trump emitió un memorando de seguridad nacional en el que le pedía al gobierno que contrarrestara la violencia impulsada por creencias ideológicas, como el anticapitalismo, el anticristianismo y la hostilidad hacia “los puntos de vista estadounidenses sobre la familia, la religión y la moralidad”.

En noviembre, el Secretario de Estado Marco Rubio señaló preocupaciones similares cuando designó a los cuatro grupos europeos como terroristas. El Departamento de Estado dijo que todos los grupos habían realizado o amenazado con realizar actos violentos, incluida la colocación de bombas en edificios gubernamentales. Sin embargo, los actos que el departamento esbozó en una hoja informativa estaban muy lejos de la violencia ejecutada por organizaciones terroristas establecidas, que a menudo persiguen muertes masivas.

Al mismo tiempo, los diplomáticos estadounidenses han presionado a los gobiernos en el extranjero, especialmente en Europa, para que investiguen a la extrema izquierda, diciéndoles que había grupos terroristas operando dentro de sus fronteras.

Los aliados de Estados Unidos se han mostrado inseguros sobre cómo responder.

Las dos organizaciones griegas recientemente designadas como grupos terroristas se consideran pequeñas y no particularmente activas, según dijo un alto funcionario del gobierno griego. Sin embargo, el funcionario dijo que, para evitar molestar al gobierno de Trump, las autoridades griegas no se opusieron a la designación estadounidense.

Michalis Chrysochoidis, ministro griego encargado de la lucha antiterrorista, declaró a un medio de comunicación de su país en noviembre que antifa no es un grupo terrorista. “Antifa existe en toda Europa, incluida Grecia”, dijo. “Pero, hasta hoy, han sido activistas. No han participado en ninguna actividad terrorista”.

Los funcionarios alemanes quedaron igualmente desconcertados cuando el Departamento de Estado designó a un pequeño grupo poco organizado llamado “Antifa Ost” como organización terrorista. En su designación, el departamento señaló que algunos de los miembros del grupo utilizaron martillos para atacar a manifestantes de extrema derecha en Hungría.

Las autoridades alemanas declinaron calificar al grupo como una organización peligrosa.

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“La amenaza potencial que representa el grupo ha disminuido considerablemente en los últimos tiempos”, según declaró a la prensa en noviembre Sarah Frühauf, portavoz del gobierno. “Los cabecillas y los miembros especialmente violentos del grupo ya han sido condenados o están bajo custodia”.

Un grupo en Alemania expresó su alegría por la designación: el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania, o AfD, que la inteligencia alemana ha etiquetado como grupo “sospechoso de extremismo”. En entrevistas, varios miembros de AfD dijeron que habían presionado al Departamento de Estado para que aplicara la designación terrorista a Antifa Ost, y se jactaron de que la medida de la agencia era una muestra de su influencia.

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