Irán enfrenta una creciente asfixia económica mientras el bloqueo naval de Trump paraliza sus exportaciones de petróleo
Consideran que las consecuencias más graves podrían comenzar a sentirse durante el otoño, cuando el gobierno iraní tenga que hacer frente a nuevos compromisos financieros
La presión económica sobre Irán ha entrado en una nueva fase. El bloqueo naval impuesto por Estados Unidos estaría reduciendo drásticamente la capacidad de Teherán para sacar su principal fuente de ingresos del país, mientras Washington intensifica las sanciones con el objetivo de poner contra las cuerdas al régimen islámico.
De acuerdo con Miad Maleki, exfuncionario del Departamento del Tesoro estadounidense y actualmente vinculado a la Fundación para la Defensa de las Democracias, las exportaciones petroleras iraníes se encuentran prácticamente paralizadas. El especialista considera que las consecuencias más graves podrían comenzar a sentirse durante el otoño, cuando el gobierno iraní tenga que hacer frente a nuevos compromisos financieros.
Uno de los principales puntos de preocupación es la isla de Kharg, principal terminal petrolera de Irán. Imágenes satelitales recientes mostrarían una actividad considerablemente menor en sus instalaciones, una señal de que las restricciones estadounidenses estarían dificultando las operaciones de exportación.
El problema para Teherán va mucho más allá de la caída de las ventas. Según Maleki, una parte sustancial de los recursos utilizados para financiar al aparato estatal, las fuerzas de seguridad, el Ejército, la Guardia Revolucionaria y otros sectores estratégicos procede de los ingresos petroleros. Una interrupción prolongada podría, por tanto, comenzar a afectar directamente a quienes sostienen al régimen.
Hasta ahora, las dificultades económicas han recaído principalmente sobre la población iraní. Sin embargo, el escenario podría cambiar si la falta de recursos comienza a repercutir sobre las fuerzas de seguridad y las élites económicas y políticas.
Washington, por su parte, parece decidido a mantener la estrategia de máxima presión. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha anunciado nuevas medidas contra las principales fuentes de financiación iraníes, incluidas casas de cambio y operaciones relacionadas con criptomonedas. El objetivo declarado es llevar el aislamiento económico de Irán a un nivel sin precedentes.
Pero Teherán tampoco parece dispuesto a ceder fácilmente. El gobierno iraní apuesta a resistir la presión mientras Estados Unidos enfrenta sus propios costes derivados del conflicto. El cierre del estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del planeta, ha contribuido a mantener elevados los precios internacionales del crudo.
El barril de Brent llegó a rondar los 90 dólares, mientras que el precio promedio de la gasolina en Estados Unidos se ha mantenido por encima de los cuatro dólares por galón.
La disputa, por tanto, se ha convertido en una carrera de resistencia económica. Washington intenta demostrar que puede privar a Irán de los recursos necesarios para mantener en funcionamiento su aparato estatal, mientras Teherán apuesta por soportar el impacto el tiempo suficiente para que la presión política y económica termine afectando también a Estados Unidos.
Para Maleki, los próximos dos o tres meses podrían resultar decisivos. Si las exportaciones de petróleo continúan prácticamente bloqueadas, el régimen iraní podría verse obligado a elegir entre reducir sus gastos, recurrir a sus reservas o asumir un creciente descontento dentro de sus propios círculos de poder.