Deferencia, indiferencia y diferencia entre los jóvenes
Plácido Garza DETONA Reflexiones acerca de la edad
¿Les platico? ¡Arre!
Al terminar aquella cena, salió con su hijo, que iba al volante.
La pluma del estacionamiento se abrió, ¿como por arte de magia? No, es que el boleto había sido pagado previamente; previsores y calculadores que son algunos jóvenes; algunos...
En ese justo momento decidió que Rodrigo no lo llevara hasta donde había dejado su auto estacionado a unas cuadras del lugar a donde habían ido a cenar. Montañero como era, le gustaba caminar todo lo posible.
Al detenerse el auto apenas pasaron la pluma, mientras el hombre aquel se despedía de su hijo, un bocinazo detrás de ellos les interrumpió la cálida palmada que se daban en sus brazos.
Alguien desesperado y peleado con la vida les apuraba para que terminaran de despedirse porque seguramente le urgía salir a la calle.
El energúmeno detrás de ellos pasó a su lado dirigiéndole una furibunda mirada al más viejo.
Y cuando ya estaba inalcanzable, soltó un grito agresivo y soez.
Fueron palabras hirientes relativas a la vejez, difícil de ocultar, a pesar de la montaña y la frenética actividad que todavía llevaba aquel hombre de la tercera edad.
De reojo volteó a ver a quien lo había insultado tan grotescamente.
Vestía camisa verde, con la cual parecía manojo de $2 de cilantro.
Se dio cuenta de que era un joven más o menos de la edad de su hijo, pero a todas luces, muy distintos los dos.
Respondió al insulto con indiferencia y deferencia esbozando para sí mismo una sonrisa, que no alcanzó a ver el joven aquel que lo apuraba a bocinazos.
Y mientras caminaba por las calles con olor a la lluvia recién caída, pensó en el apuro que tienen algunos de edad terciaria o cuaternaria, que actúan como cavernarios.
Su hijo parecía no ser así, sino más bien paciente y controlado.
Y recordó cuando le preguntó -en otra cena de las que acostumbraban- ”¿A quién habrás salido tú con ese talento musical que tienes; seguramente no fue a mí, pues yo no toco ningún instrumento y menos el piano al revés”.
“Padre, Santiago y yo recordamos muy seguido que cada vez que nos llevabas a atender algún pendiente tuyo y nos pedías que te esperáramos dentro del carro, colocabas un cassette y pedías que mientras, escucháramos aquella música.
Cuando volvías, entonces te pedíamos que no quitaras el cassette.
Así fue como recibimos de ti, como herencia, el gusto por la música...”, dijo Rodrigo.
Cajón Desastre:
- Mañana cambio completo de programa, sin faltar el incomparable Iván y toda su Compañía, más la Irreverente e Insustituible de mi María Gabriela Kalifa Kaún de Garza.