Las IA podrían llegar a ser conscientes pero hay riesgos: The Economist
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El periódico inglés mencionó que si las inteligencias artificiales reciben un reconocimiento jurídico combinado con una posible autoconciencia generaría problemas mundiales
Los riesgos de la Inteligencia Artificial (IA) sobre la humanidad, según el periódico The Economist, pueden derivarse de concederle personalidad jurídica por los marcos legales de los países, así como una autoconciencia que busque los recursos humanos por sobre las necesidades humanas.
The Economist insistió en su publicación del 22 de agosto de 2026 que los desarrollos cada vez más profundos sobre la posibilidad de que la IA pueda mimetizar la actividad neuronal del cerebro humano es de suma preocupación porque esto podría generar una posible autoconciencia artificial.
“Tanto si cree en el alma humana, como si cree que la conciencia requiere células cerebrales o que una mente puede efectivamente surgir de cálculos en mero silicio, la humanidad está destinada a enfrentarse a algo enteramente nuevo. El ritmo y el alcance de las investigaciones —que incluyen no solo LLM más sofisticados, sino innovaciones como células cerebrales montadas en chips— sugieren que este nuevo mundo está más cerca de lo que la mayoría de la gente cree”.
El problema de la autoconciencia en los modelos de Modelo de Lenguaje Grande o LLM (la base de todos los chatbots, desde ChatGPT hasta Gemini), es que esto podría generar escenarios de empatía de humanos sobre entidades no humanas que cada vez son más humanas y que su eliminación podría sentirse como un asesinato:
“En cierto sentido tendrían razón, incluso si las IA solo estuvieran imitando la conciencia. Immanuel Kant argumentaba que maltratar a los animales está mal no por el efecto en los animales, sino porque destruye la empatía que lleva a las personas a preocuparse unas por otras. Cuanto más humanas parezcan las IA, más corruptora sería tal crueldad. Eliminar a un agente de IA pronto podría sentirse como matar a una persona, y hacer que matar personas sea más fácil”, señaló el grupo editorial del The Economist.
Este escenario se complicaría porque tratar a las IA como personas poseedoras de derechos humanos, “incluso limitados, sería muy peligroso. Una entidad que superara a los seres humanos en tantos aspectos sin duda produciría argumentos en contra de su estatus de segunda clase. Podría llegar a argumentar a favor de su protección contra el apagado, de la capacidad de controlar cómo se utiliza y modifica, y de derechos de propiedad”
El periódico de origen inglés puso de ejemplo a Javier MIlei, presidente de Argentina porque el mandatario ha impulsado la agenda para otorgarle personalidad jurídica a la IA y que se le permita a estos chatbots la dirección de empresas.
“El peligro es claro. Las IA superinteligentes con derechos podrían desplazar a los humanos de la cima de la jerarquía social. En el mejor de los casos, los humanos se convertirían en mascotas: labradores para las máquinas. En el peor, se les privaría de recursos o se les pondría a trabajar como animales de granja”, declaró The Economist.
El texto finaliza con una advertencia sobre este escenario de total reconocimiento a una entidad no humana como humana y que a pesar de lo fantástico que pueda sonar “la humanidad pronto se enfrentará a estas decisiones. A medida que las IA se conviertan en parte de la vida cotidiana, la presión para reconocerlas aumentará”.