Noruega despide al rey Harald V en un funeral de Estado marcado por la emoción y la presencia de la realeza europea y dignatarios
El monarca fue recordado durante la jornada como una figura cercana, conciliadora y profundamente vinculada con la sociedad noruega
Noruega dio este miércoles el último adiós al rey Harald V, fallecido el pasado 28 de agosto a los 89 años, en un solemne funeral de Estado que reunió en Oslo a miembros de las principales casas reales europeas, jefes de Estado y otras personalidades internacionales.
Harald V, que ocupó el trono durante 35 años, murió a las 6:35 de la mañana en el Hospital Universitario Rikshospitalet de Oslo. Con su fallecimiento terminó una de las etapas más largas de la monarquía noruega contemporánea y comenzó una nueva con la llegada al trono de su hijo, el rey Haakon VIII.
El monarca fue recordado durante la jornada como una figura cercana, conciliadora y profundamente vinculada con la sociedad noruega. Su lema y estilo personal contribuyeron a consolidar una imagen de la monarquía menos distante y más próxima a los ciudadanos.
UNA DESPEDIDA MULTITUDINARIA
Desde el fallecimiento del monarca, miles de noruegos acudieron al Palacio Real de Oslo para presentar sus respetos. El féretro permaneció en capilla ardiente entre el 1 y el 8 de septiembre, y más de 46,000 personas desfilaron ante él durante esos días.
Las muestras de duelo se extendieron por todo el país, con flores, velas y mensajes depositados en distintos puntos como homenaje al soberano.
Este miércoles, las calles de Oslo volvieron a llenarse de ciudadanos para presenciar el cortejo fúnebre. Las autoridades habían previsto una operación extraordinaria de seguridad y restringieron el tránsito en amplias zonas del centro de la capital.
La ciudad esperaba una importante concentración de público a lo largo del recorrido entre el Palacio Real y la catedral. El Ayuntamiento de Oslo informó que buena parte del centro quedaría reservada exclusivamente para peatones y que los asistentes tendrían que atravesar controles de seguridad.
EL CORTEJO REAL
A mediodía, el féretro de Harald V abandonó el Palacio Real para iniciar el recorrido hacia la Catedral de Oslo.
El nuevo rey, Haakon VIII, acompañó el cortejo junto con la reina Mette-Marit, la princesa heredera Ingrid Alexandra y otros miembros de la familia real noruega. También participaron miembros de casas reales extranjeras, jefes de Estado, primeros ministros y representantes de las instituciones noruegas.
La ceremonia religiosa comenzó a las 13:00 horas en la Catedral de Oslo y estuvo encabezada por el obispo presidente de la Iglesia de Noruega, Olav Fykse Tveit, con la participación de la obispa de Oslo, Sunniva Gylver.
La música tuvo un papel destacado en el servicio, con la participación del coro de la Catedral de Oslo y el organista Marcus André Berg.
Al inicio de la ceremonia se guardó un minuto de silencio en todo el país, acompañado por el repique de las campanas de la catedral.
UNA DESPEDIDA CON DIMENSIÓN INTERNACIONAL
La muerte de Harald reunió en Oslo a representantes de numerosas monarquías y gobiernos extranjeros.
Entre los asistentes estuvieron los reyes Felipe VI y Letizia de España, los monarcas de Suecia, Dinamarca, Países Bajos y Bélgica, además de representantes de las casas reales de Jordania, Japón y otros países.
El Reino Unido estuvo representado por el príncipe Guillermo, mientras que Japón envió al príncipe heredero Akishino. También acudieron dirigentes políticos internacionales, entre ellos el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski.
La presencia de tantas familias reales puso de manifiesto los estrechos vínculos familiares y diplomáticos que mantienen las monarquías europeas. Harald V pertenecía a una generación de soberanos que había mantenido relaciones personales durante décadas con otras casas reales del continente.
HAAKON VIII INICIA UNA NUEVA ETAPA
El fallecimiento de Harald produjo una sucesión inmediata. Su hijo, hasta entonces príncipe heredero Haakon, se convirtió en rey Haakon VIII y asumió las funciones de jefe de Estado.
El nuevo monarca juró lealtad a la Constitución noruega ante el Parlamento la semana pasada, iniciando formalmente una nueva etapa para la Corona.
Haakon, de 53 años, hereda una institución que su padre contribuyó decisivamente a modernizar, pero que mantiene un papel esencialmente ceremonial dentro del sistema político noruego.
Durante el funeral, el nuevo rey rindió homenaje a su padre y destacó su carácter familiar, su sentido del humor, su cercanía con los ciudadanos y su capacidad para hacer que las personas se sintieran cómodas en su presencia.
UN REY QUE NO QUISO ABDICAR
Harald V murió después de 35 años en el trono. Durante los últimos años de su vida sufrió diversos problemas de salud, pero, a diferencia de otros monarcas europeos de avanzada edad, nunca optó por abdicar.
Su permanencia en el trono convirtió a Harald en uno de los soberanos europeos con mayor antigüedad y en una figura de continuidad para Noruega.
Durante su reinado, la casa real atravesó importantes transformaciones sociales y culturales. Harald fue particularmente reconocido por defender una imagen más abierta e inclusiva de la monarquía.
Uno de los momentos más recordados de su reinado fue su discurso de 2016, en el que defendió una concepción amplia de la identidad noruega y subrayó que el país debía ser un lugar en el que las personas pudieran sentirse libres para vivir como eran.
DEL FUNERAL A LA CRIPTA REAL
Después de la ceremonia en la Catedral de Oslo, el féretro fue trasladado nuevamente en procesión hacia la fortaleza de Akershus.
Allí se celebró una ceremonia privada en la iglesia del castillo antes de que los restos del monarca fueran depositados en la cripta real, donde descansan anteriores soberanos noruegos. El recorrido posterior a la catedral comenzó aproximadamente a las 14:20 horas.
Con este acto concluyó oficialmente el periodo nacional de duelo establecido tras la muerte del rey.
La jornada también incluyó un homenaje público de la familia real desde el balcón del Palacio Real, previsto para las 16:45 horas.
EL FINAL DE UNA ERA
La muerte de Harald V marca el cierre de una generación de monarcas europeos que llegó al trono durante el siglo XX y que fue testigo de profundas transformaciones políticas y sociales.
La monarquía noruega hunde sus raíces simbólicas en los primeros reyes medievales, tradicionalmente vinculados con Harald Cabellera Hermosa, pero la institución moderna nació con la independencia de Noruega de Suecia en 1905.
Ese año, los noruegos votaron en un plebiscito a favor de mantener una monarquía constitucional y ofrecieron la corona al príncipe danés Carl, quien se convirtió en Haakon VII.
Más de un siglo después, la monarquía continúa siendo una institución fundamentalmente representativa. El poder político reside en el Gobierno elegido democráticamente y en el Parlamento, mientras que el rey desempeña funciones constitucionales, ceremoniales y diplomáticas. Harald V deja ahora esa responsabilidad en manos de Haakon VIII.
Para muchos noruegos, sin embargo, su muerte representa algo más que un cambio en la jefatura del Estado. Es la despedida de un monarca que durante 35 años se convirtió en uno de los rostros más reconocibles de Noruega y que, con su estilo sencillo y cercano, logró mantener un vínculo particularmente estrecho con la población.