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#CaravanaUSA aumenta el tono de su exigencia contra las armas en EU

Nacional
/ 29 septiembre 2015

    Integrantes de la caravana destruyeron armas en una plaza pública en Houston y enterraron a sus muertos de manera simbólica

    Houston, Texas.- Araceli Rodriguez se aferra al mazo antes de estrellarlo contra el trozo del AK-47, que acababa de ser cercenado por Javier Sicilia. La Caravana por la Paz aumentó el tono de su exigencia para pedir mayores restricciones a la venta indiscriminada de armas de alto poder en Estados Unidos.

    Al dar el segundo golpe al arma de asalto, Araceli grita: ¡Malditos!

    Después le entrega el mazo a Zacario Hernández -un índigena tzotzil apresado cinco años por acusaciones fabricadas de posesión de armas de uso exclusivo del ejército- y con ambas manos en la cara intenta contener el llanto.

    El sol de mediodía cala duro en la Plaza Guadalupe de Houston, y mientras la ceremonia de destrucción de dos armas prosigue, Araceli recuerda, con el rostro afligido, cada uno de los episodios vividos a partir de la desaparición del sargento de la policía federal Luis Angel León Rodríguez, junto a otros seis agentes policiacos comisionados para ocupar la secretaría de seguridad pública municipal en ciudad Hidalgo, Michoacán, el 16 de noviembre de 2009.

    "Sentí que estaba golpeando a los asesinos de mi hijo", dice Araceli, que hoy está vestida con pantalón blanco y una playera con la frase `Where are they?' (¿Dónde están?) y las fotos de Luis Angel y el resto de los agentes federales secuestrados por sicarios de la Familia Michoacana; sus cuerpos nunca aparecieron, pero tras carearse en la SIEDO con un integrante del cartel michoacano detenido a principios de 2012, Araceli pudo enterarse que todos habían sido asesinados, mutilados y enterrados junto a trozos de madera y basura, en un paraje desconocido de Michoacán el mismo día de la emboscada.

    Jesús Salguero González trabaja como soldador en una compañía que suministra piezas de metal a una de las muchas petroleras asentadas en Houston. Pero el hombre que lleva cubierta la cabeza con un paliacate de la bandera mexicana, no fue a trabajar este lunes 27 y dice que no le importa "si lo corren".

    A Jesús le pareció más importante traer la sierra eléctrica Evo-380 Raptor, para contribuir con la acción de protesta contra las armas, organizada por el comité de arte y cultura caravanera.

    "Siempre me ha gustado participar en movimientos sociales, asegura Jesús, y confiesa sentir mucha impotencia cuando ve las noticias de la violencia en México.

    "Me salí del trabajo para venir, no me importa que me corran, vale la pena apoyar este movimiento desde este país, todo sea por simbolizar y luchar por la paz".

    El soldador, oriundo del Distrito Federal, alecciona en menos de dos minutos a Javier Sicilia sobre el procedimiento correcto para utilizar la sierra Evo-380 durante el corte del fúsil AK-47 y la pistola magnum 357, compradas el sábado en una feria de armas en Pasadena, Texas.

    Para la adquisición de la "cuerno de chivo", arma favorita de los sicarios mexicanos, fue requerida una identificación de un ciudadano de Texas, simpatizante de la Caravana, y una revisión de antecedente de menos de diez minutos; el revolver fue comprado por una extranjera sin solicitar un comprobante de identidad.

    Así de sencillo es comprar una pistola o una ametralladora aquí en Texas, un estado con más de 5 mil 800 armerías que, muchas veces, son visitadas por traficantes de armas que fortalecen la capacidad de fuego de los cárteles de la droga mexicanos.

    ***

    Las piezas de metal inservible son recolectadas del piso de la plaza por cuatro integrantes de la caravana, cuyos familiares fueron víctimas de disparos de armas similares a las destruidas, para ser depositadas en cajas de madera y luego cubiertas con cemento.

    Arrodillada frente a una de las cajas de madera, Araceli se niega a utilizar la pala que le está alcanzado Melchor Flores, padre de un artista urbano desaparecido en Monterrey, conocido como el Vaquero Galáctico; prefiere sentir con sus manos la mezcla de cemento y arena preparada durante el acto solemne.

    Cuando terminó de enterrar el pedazo de "cuerno de chivo", Araceli extiende a los lados ambas manos cubiertas de cemento y mira fijamente al cielo, como elevando una plegaria.

    Según platica más tarde, la transformación y el entierro del fusil de asalto en la plaza de Houston, simbolizó para ella la cristiana sepultura que nunca le podrá dar a su hijo allá en México.

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