Reformas laborales: el legado de la 4T
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He sido -y seguiré siendo, sin duda- un crítico de la autodenominada ‘cuarta transformación’. Sin embargo, eso no me impide identificar y reconocer los aciertos registrados, en los dos sexenios del morenismo, en materia laboral
Algo está muy mal en un país donde los análisis más inteligentes y pertinentes de la vida pública los hace un payaso, pero ni modo de ignorarlo o de negarle el crédito. Porque pues, nos guste o no, fue el Payaso Tenebrozo quien lo dijo y se nos quedó grabado para siempre: “Al poder no se le aplaude, se le revisa”.
Por ello justamente, en este espacio nos dedicamos, prácticamente todo el tiempo, al señalamiento crítico y no al elogio. Porque además, digámoslo con toda claridad y sin ambigüedades, las acciones de quienes nos gobiernan, contrario a sus deseos megalómanos, rara vez merecen el elogio pues, por regla general fallan en su cometido y, en el mejor de los casos, resultan altamente ineficientes.
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Lejos pues de la virtud, y para desgracia colectiva, quienes pueblan la nómina pública -en todos los órdenes de gobierno- yerran en los diagnósticos y, como consecuencia lógica de ello, fracasan en las “soluciones”. Y eso concediéndoles el beneficio de la duda, es decir, colocándoles en la clasificación de individuos cuyo actuar está guiado por la buena fe, algo realmente muy raro.
Precisar lo anterior era necesario, pues en esta entrega no vamos a señalar fallas sino a reconocer un acierto: el conjunto de reformas laborales impulsadas en los últimos dos sexenios. Tres aspectos, en mi opinión, merecen destacarse: la “liberación” del Salario Mínimo, el incremento de las vacaciones y la recién aprobada (en el Senado) disminución de la jornada laboral.
Pocas acciones gubernamentales, ejecutadas en el período post revolucionario, habían contribuido tanto a la dignificación del sector obrero como las anteriores. Se hicieron cosas relevantes en el pasado, por cierto: la creación del IMSS y del Infonavit son solamente dos ejemplos monumentales. Pero la deuda con los trabajadores y campesinos de México seguía mostrando un saldo importante.
La brecha sin duda ha disminuido merced a las reformas legales impulsadas en los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum Pardo. Dejar de reconocerlo sería mezquino.
No faltará -no ha faltado- quien “argumente”, en relación con el señalamiento anterior, largando la mayor de las obviedades: “Son medidas orientadas a ganar votos para mantenerse en el poder”.
¡Pero desde luego! De eso se trata la lucha por el poder público: de conquistarlo, usarlo para obtener el reconocimiento de los electores y, de esa forma, seguir ganando elecciones. Se llama política...
Por ello, constituye una torpeza monumental pretender minimizar el valor de estas reformas con facilísimos discursivos. Sobre todo, porque su concreción ha dejado claro, sin asomo de dudas, la mezquindad de los gobiernos priistas y panistas, cuyos representantes tuvieron la oportunidad -sobre todo los primeros- de concretarlas y no lo hicieron.
Un dato basta para documentar el señalamiento anterior: México participó, en 1935, en las discusiones de las cuales surgió el denominado “Convenio 47”, expedido por la Organización Internacional del Trabajo, mediante el cual se exhortó a las naciones del mundo a instaurar la jornada laboral de 40 horas a la semana. Era presidente Lázaro Cárdenas, a quien suele elogiarse por su “pensamiento de izquierda”... no hizo nada para adoptar la recomendación.
Más de nueve décadas después, aunque sea de forma gradual, la jornada de 40 horas a la semana será realidad... gracias a la autodenominada “cuarta transformación”. Y restarle valor a eso implica no entender nada.
Nadie afecto a leer los textos publicados en este espacio se confunda: no me he convertido en fan del morenismo... de la misma forma en la cual no soy fan de ningún otro ideario partidista.
Simplemente es preciso dejar algunas cosas por escrito para dar constancia de congruencia y dejar clara, si acaso es posible, la naturaleza objetiva del análisis.
Seguiremos en el tema.
¡Feliz fin de semana!
carredondo@vanguardia.com.mx