Historias "en crudo" de una gran familia

Nacional
/ 26 abril 2008

    Si se le sigue la huella al petróleo en México, se descubrirán los nombres de los hombres del poder, de sus amigos y de sus hijos, como si se tratara de un ritual de negocios que se traspasa de generación en generación.

    Todavía en 1959, la "autonomía de gestión" de Pemex era tan grande, que la paraestatal podía decidir por sí misma sus proyectos de inversión.

    Y no sólo eso. También podía decidir la forma de financiarlos y hasta contratar directamente los créditos, internacionales o nacionales, sin la participación de la Secretaría de Hacienda.

    Aunque parezca increíble, Pemex era tan autónoma, que podía dejar de pagar los impuestos retenidos por la venta de gasolinas sin que hubiera consecuencias para sus funcionarios.

    Era el primer año del gobierno de Adolfo López Mateos. Antonio Ortiz Mena, secretario de Hacienda de aquellos años, da cuenta de ello en sus memorias, que quedaron consignadas en su libro "El Desarrollo Estabilizador, Reflexiones de una Época".

    "Pemex comenzó a llevar a cabo una serie de proyectos para explotar algunos subproductos del petróleo. Los proyectos eran de larga maduración, pero fueron financiados con créditos de exportación a cinco años que debían comenzar a repagarse a los seis meses".

    Sin embargo, según cuenta el "padre del desarrollo estabilizador", esa libertad de la paraestatal era perjudicial para el país, ya que la contratación directa de créditos "contaminaba la política de crédito de todo el sector público federal".

    Ortiz Mena tuvo que adoptar una "posición muy firme" para evitar que Pemex continuara con esa política.
    Sin embargo, admite que el resultado fue "desastroso". Y es que Pemex dejó de informar al Gobierno Federal sobre los impuestos retenidos por la venta de gasolinas, con lo cual resultaron afectados los ingresos fiscales federales y las participaciones a estados y municipios.

    Ya desde entonces operaba el principio de la impunidad para los funcionarios públicos. Sancionarlos por no enterar de los impuestos retenidos "no era políticamente viable".

    El propio Ortiz Mena lo reconoce cuando dice que "en caso de que alguna empresa privada hubiera dejado de enterar al Gobierno Federal los impuestos retenidos, el empresario hubiera sido sancionado con una pena de prisión. Evidentemente esta acción no era políticamente viable".
    Por eso, el secretario de Hacienda se las tuvo que ingeniar para resolver la situación. Cuando se redactó la Ley de Ingresos de 1960, Ortiz Mena convenció a López Mateos de que incluyera un artículo para obligar a Pemex a depositar diariamente todos sus ingresos en el Banco de México.

    Hacienda se cobraría "a lo chino todos los días". Sacaría 2 millones de pesos diarios de la cuenta bancaria de la paraestatal como anticipo del pago de sus impuestos.

    Para tapar el hoyo negro de las finanzas de Pemex de aquella época, la Secretaría de Hacienda capitalizó a la paraestatal con 7 mil millones de aquellos pesos. Esto fue a través de acciones con derecho a retiro, y el monto correspondiente debería ser reembolsado en el futuro.

    Cuenta Ortiz Mena que don Jesús Reyes Heroles, entonces director de Pemex y padre del actual director de la petrolera, cumplió con la obligación.


    LA FAMILIA DE LOS HOYOS NEGROS

    Diez años después, en 1969, el presidente Gustavo Díaz Ordaz tenía que elegir a su sucesor.

    Antonio Ortiz Mena, "don Antonio", seguía siendo el secretario de Hacienda. Y se le mencionaba como el tapado. Sin embargo, algunos decían que el mal de Parkinson lo descartaba.


    Finalmente, el candidato del PRI fue Luis Echeverría. Durante su gobierno, el país giró un poco a la izquierda.

    En cambio, "don Antonio" fue respaldado por el Gobierno de Estados Unidos para ocupar la Presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

    El BID se convirtió en una especie de santuario donde encontraban refugio los políticos que tenían problemas con el gobierno de Luis Echeverría. Fue el caso, por ejemplo, de Guillermo Martínez Domínguez.
    No obstante el exilio en Washington del "padrino" de las finanzas públicas mexicanas, su familia financiera había ganado una enorme influencia en el Gobierno.

    Quizá por eso Luis Echeverría se vio obligado a nombrar a Hugo B. Margáin como titular de Hacienda.

    Pero el nuevo secretario no duró mucho en el encargo. Era un "emisario del pasado", un viejo amigo de Carlos Salinas Lozano, a quien le hizo el favor de conseguir un puesto en Hacienda para su hijo Carlos Salinas de Gortari.
    Un día, el presidente Echeverría hizo saber a todos que las finanzas del país se manejaban en Los Pinos. Entonces, Hugo B. Margáin tuvo que renunciar porque oficialmente se "cayó de un caballo".

    A pesar de esto, y con todo el fervor que Luis Echeverría tenía por las causas socialistas, la familia de "don Antonio" logró sobrevivir. Ya era muy grande.

    Ya era prácticamente imposible prescindir de las generaciones de "técnicos" que se habían formado en el periodo del "neo clásico" desarrollo estabilizador.

    También había crecido la influencia de Hacienda en Pemex.

    Un ejemplo es el joven Miguel de la Madrid Hurtado, quien prácticamente había crecido en el sector financiero de Hacienda y del Banco de México. Pudo hacerlo gracias a su tío Ernesto Fernández Hurtado, quien le consiguió chamba en el Gobierno cuando el ahora ex mandatario todavía era estudiante.

    Y no solamente eso. El Gobierno mexicano becó en 1965 al joven De la Madrid para que estudiara en Harvard. A su regreso, ocupó la Subdirección de Crédito de Hacienda.

    Por eso no resultó extraño que, con todo y la "excomunión" que Echeverría había decretado para los "emisarios del pasado", De la Madrid fuera a dar a Pemex.

    Después, en 1973, regresó a Hacienda como director de Crédito.

    Le debe el nombramiento a su maestro José López Portillo, entonces titular de la dependencia.

    Un colaborador cercano de Miguel de la Madrid en la Dirección de Crédito era Carlos Salinas de Gortari, joven economista cuyo padre había sido secretario de Estado. Además, era sobrino de "don Antonio" Ortiz Mena.

    López Portillo fue designado presidente de la República por Luis Echeverría. Así, el poder del grupo de Hacienda creció.

    Con el auge petrolero, la injerencia de Hacienda fue cada vez mayor en Pemex. La paraestatal se había convertido en la gallina de los huevos de oro.

    En 1979, De la Madrid fue designado secretario de Programación y Presupuesto por López Portillo. Francisco Labastida Ochoa, el hoy presidente de la Comisión de Energía del Senado, que también había trabajado en Hacienda, fue nombrado subsecretario.

    Otras dos subsecretarías serían ocupadas por una de las amantes del entonces presidente y por su hijo José Ramón.

    Como miembro de "la familia", el joven Carlos Salinas de Gortari llegó a la Secretaría de Programación con un nutrido grupo de amigos economistas, entre los que destacaban Pedro Aspe y Luis Donaldo Colosio.

    Francisco Rojas Gutiérrez era el coordinador de asesores de Miguel de la Madrid, y Emilio Gamboa Patrón su secretario particular.

    La economía crecía a todo vapor. Según el presidente López Portillo, habíamos encontrado un tesoro enorme bajo el suelo. Seríamos ricos y nos tendríamos que preparar para administrar la abundancia.

    El director de Pemex era Jorge Díaz Serrano, a quien casi todos consideraban "el bueno" para llegar a Los Pinos. Y es que el ex socio de George Bush era como el papá de la gallina de los huevos de oro.

    En los últimos años del sexenio de JLP, la lucha por la sucesión se recrudeció. Jorge Díaz Serrano se enfrentó con Miguel de la Madrid, pero perdió.


    ADICCION AL PETROLEO

    Miguel de la Madrid fue designado presidente. La familia se hizo más poderosa.

    México atravesaba por una crisis financiera terrible. López Portillo había nacionalizado la banca. Y aunque los precios del petróleo habían caído un poco, la producción de crudo no tenía precedentes.

    Ya para entonces, México era adicto al petróleo. Pero Miguel de la Madrid decretó un "cambio de rumbo". Ya no se invertiría en infraestructura petrolera. Al menos, no en el país. Tampoco se destinarían recursos a la exploración.

    En cambio, el mandatario prometía luchar por una renovación moral, lo cual sirvió de pretexto para encarcelar a Jorge Díaz Serrano, el ex director de Pemex y adversario político de Miguel de la Madrid.

    El entonces presidente inventó otro monstruo burocrático: la Secretaría de la Contraloría. La nueva dependencia serviría para un doble propósito: cobrar venganzas políticas y extender certificados de impunidad a funcionarios públicos.

    Designó como contralor a su viejo amigo Francisco Rojas Gutiérrez, quien después de ejecutar las instrucciones de acabar con Díaz Serrano, fue nombrado director de Pemex.

    Rojas sustituyó a Mario Ramón Beteta, otro distinguido miembro de la familia financiera, amigo y ex jefe del presidente De la Madrid, quien había salido de Pemex por su incapacidad para controlar al sindicato y por su deseo de ser gobernador del Estado de México.

    Aunque los pozos petroleros que Díaz Serrano había puesto en operación seguían vomitando grandes bocanadas de dinero, las finanzas publicas de México parecían un sediento barril sin fondo, que además tenían que compartirse con el también barril sin fondo de la ambición de los políticos y de los líderes sindicales.

    La relación del presidente De la Madrid con el sindicato petrolero fue de mal en peor a lo largo de su sexenio.

    En 1984, para minar la fuerza del sindicato, que se encaminaba a convertirse en factor de poder en la sucesión presidencial de 1988, De la Madrid instruyó a Carlos Salinas de Gortari y a Francisco Rojas, secretarios de Programación y Presupuesto y de la Contraloría, respectivamente, para enfrentar al sindicato de la paraestatal.

    Se emitieron disposiciones para eliminar la práctica de otorgar al sindicato petrolero casi la mitad del valor del programa de inversiones.

    Esta decisión canceló las utilidades extraordinarias que obtenía el sindicato sobre los más de 2 mil millones de dólares anuales de contratos de inversión.

    El golpe que dio De la Madrid el 31 de diciembre de 1984 con la nueva Ley de Obras Públicas, quitó al sindicato la posibilidad de subcontratar.

    "Si se hunde Pemex, se hunde usted, Sr. Presidente"

    La guerra por la petrolera estaba declarada. En 1986, durante el mensaje de salutación con motivo del cuarto informe de gobierno, los líderes petroleros amenazaron a De la Madrid: "Si se hunde Pemex, se hunde usted, señor Presidente".

    Joaquín Hernández Galicia, quien se sentía agredido, reaccionó apoyando a Cuauhtémoc Cárdenas, político que se había salido del PRI para buscar la Presidencia de la República.

    Había un serio peligro de que el hijo del general ganara las elecciones.

    Por eso, en marzo de 1988, en plena campaña presidencial, se creó el primer hoyo negro de Pemex para preservar para la "familia" los huevos de oro que ponía la gallina.

    Todos recordamos aquella elección y sus conflictos postelectorales, que finalmente se arreglaron gracias a las técnicas de Manuel Bartlett, a los buenos oficios de Manuel Camacho y, desde luego, a la buena disposición que siempre ha tenido Cuauhtémoc Cárdenas.


    A LA MODERNIDAD, POR LOS HOYOS NEGROS

    "Haiga sido como haiga sido", Carlos Salinas asumió la Presidencia de México en 1988. Ratificó a Francisco Rojas Gutiérrez como director de Pemex y su primera acción de gobierno fue encarcelar a los líderes sindicales.

    Joaquín Hernández Galicia fue llevado a prisión en medio de un gran operativo militar.
    Salinas instruyó a Francisco Rojas para que buscara al sustituto de "La Quina". La propuesta fue Sebastián Guzmán Cabrera.

    En 1993, ante la debilidad de Guzmán Cabrera, Salinas de Gortari y Francisco Rojas designaron a Carlos Romero Deschamps nuevo líder del sindicato.

    Rojas Gutiérrez también sería el encargado de acabar de construir los ductos que habrían de conducir la riqueza petrolera a los "hoyos negros".

    Reporte Indigo lo hizo público: PMI y sus empresas en paraísos fiscales. (Reporte Indigo)

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