El Quijote adaptado por Pérez-Reverte
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En noviembre de 2014, como parte de los festejos conmemorativos del tercer centenario de su fundación, ocurrida en 1714, la Real Academia Española, RAE, publicó una adaptación de Arturo Pérez-Reverte de la inmortal novela cervantina. El adaptador es un renombrado periodista y escritor español, miembro de la RAE desde 2003, entre cuyas obras se cuenta “La Reina del Sur”, muy conocida por su adaptación –de la que no quedó muy satisfecho- como telenovela en EU.
A lo largo de cuatro siglos, han sido muchas las antologías, resúmenes y adaptaciones que se han realizado de El Quijote. En particular son numerosas las adaptaciones para infantes y las hechas para jóvenes. En lo personal no estoy de acuerdo ni recomiendo, incluso en el caso de los niños, que se lea El Quijote en adaptaciones o resúmenes. Menos aún si se trata de hispanoparlantes.
Sin embargo, luego de revisar la adaptación preparada por Pérez-Reverte debe reconocerse que está muy bien hecha. Porque contiene, de manera literal, los diálogos más sobresalientes de la fábula, sobre todo los que Don Quijote y Sancho sostienen, así como los principales pasajes descriptivos. Pero elimina no pocos episodios. Como los de las dos novelas independientes intercaladas en la I Parte, a saber: “El curioso impertinente” y “El capitán cautivo”, y en la II “las bodas de Camacho”, entre otros. Por ello, aun el mejor lector de la adaptación desconocerá en absoluto todo lo relativo a los episodios suprimidos.
Una edición ordinaria de El Quijote comprende entre 900 y poco más de mil páginas. La de Pérez-Reverte consta de 586, incluidas 24 de dibujos, por lo que se puede afirmar que su texto corresponde a más a menos las dos terceras partes del original escrito por Cervantes. Así, sólo trae 82 capítulos, en lugar de los 126 que comprende El Quijote completo.
Además de episodios íntegros cancelados, el mismo Pérez-Reverte informa al lector en el prólogo que para facilitar la lectura sin interrupciones de la trama principal, llevó a cabo una “labor de poda, muy prudente y calculada”. Pues bien, la adaptación puede asimismo calificarse de magnífica por “la limpieza de los puntos de sutura de los párrafos eliminados, para que la ausencia de éstos no se advierta en una lectura convencional”, lo cual efectivamente así ocurre.
Varias cosas adicionales e interesantes deben decirse en torno a esta edición de la RAE. La primera, que siguió con fidelidad extrema el texto de la espléndida y memorable edición de la propia RAE publicada en 1780 (a la que aquí ya antes hice referencia), incluida la magnífica tipografía utilizada hace más de dos siglos por el impresor madrileño Joaquín Ibarra. El papel de la actual es además terso y agradable.
Por cierto, para la edición de 1780 la RAE comisionó a un grupo de tres de sus miembros de número la preparación de aquélla, entre los que estuvo el mexicano Manuel de Lardizábal.
Esta edición de 2014 incluye 22 ilustraciones de las publicadas en la edición de la RAE de 1780. Además incorpora esta vez un dibujo del a la sazón joven artista Francisco de Goya, inexplicablemente no publicado en 1780 a pesar de habérsele pagado. Se saldó así, en ambos sentidos, 234 años después, una deuda histórica. (92)
jagarciav@yahoo.com.mx