Isaac Eleazar Hernández, ‘Soñador profesional’
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El talentoso mexicano reconocido Mejor Bailarín Masculino del Premio Nacional de Danza del Reino Unido, comparte la fórmula de su éxito
En noviembre de 2017 fue reconocido como Mejor Bailarín Masculino del Premio Nacional de Danza del Reino Unido.
En el mes de junio pasado, se convirtió en una de las personalidades más notables en la historia del ballet al ganar el “Benois de la Danse”, máximo galardón internacional que otorga la Asociación de Danza de Moscú: “Un reconocimiento al profesionalismo, disciplina, virtuosismo y pasión que demuestran los mejores bailarines del mundo”, señaló el jurado. Esta distinción es considerada el “Oscar” de la danza: el más alto honor que un artista de ballet puede recibir.
Con su ya reconocida humildad comentó: “ser el primer mexicano en la historia que gana este importante premio es muestra de que todo se puede alcanzar si perseveramos en nuestros sueños", dijo el mexicano en esa ocasión.
La semana pasada recibió de manos del Presidente de México la presea “Medalla Bellas Artes”, que se entrega como reconocimiento a la trayectoria y las aportaciones a la cultura de los creadores y artistas de México.
El sábado pasado en el Auditorio Nacional presentó con un éxito rotundo la “Despertares”, que es lo mejor que hoy existe en el mundo de la danza internacional.
Me refiero a Isaac Eleazar Hernández Fernández, un joven jalisciense fuera de serie, un ejemplo para la juventud mexicana y del mundo. Un soñador profesional.
Cuando…
Cuando veo algunos jóvenes tendidos en el camastro de la comodidad, con sus gafas negras, soñando nada y haciendo poco, cuando entro en contacto con esos muchachos que teniendo todas las posibilidades para forjarse pierden inútilmente el tiempo al carecer de excelsos ideales y por haber sido abatidas sus voluntades por la enfermedad del conformismo, cuando observo a esos que sólo quieren incentivos externos para hacer, sin saber que la auténtica motivación se encuentra en el fondo del alma.
Cuando observo a ciertos jóvenes secuestrados por la rutina y carcomidos por la silenciosa mediocridad, cuando advierto en ellos viviendo fantasías provocadas por la virtualidad, cuando observo que renuncian a la posibilidad de soñar, imaginar, crear y emprender; entonces vienen a mi mente otros tantos –hombres y mujeres– que salvan sus circunstancias y construyen su destino, porque son movidos por el “resorte” de un ideal y consecuentemente están dispuestos a dejar la piel en el ruedo, en las rocas de que se encuentran en el ascenso de sus personales montañas, entonces, definitivamente creo que México tiene un promisorio futuro, porque ellos son el mismísimo testimonio de esta fe “racional”, tal como Issac lo demuestra hoy al mundo entero.
Rescatar al fuego
“Un periodista preguntaba un día a Cocteau (famoso pintor francés) -con esa tópica cuestión que se plantea en todas las encuestas- qué salvaría él del Museo del Louvre si, en un incendio, pudiera rescatar una única cosa. Y Cocteau respondió: “El fuego”.
Tenía razón. Porque el fuego es más hermoso que la Victoria de Samotracia, más bello que Monna Lisa, más vivo, sobre todo, que un Tiziano o que un Velázquez. Todos los cuadros, todas las esculturas son arte congelado. El fuego seguirá ardiendo y quemando mañana, seguirán braceando sus llamas, estará vivo.
“(…) Esa es la causa por la que no entenderé jamás a los satisfechos de sí mismos, a los que se dedican a mirarse en el espejo de su pasado y, mucho menos, a los que excomulgan el presente –“su” presente- en nombre de ciertas añoranzas de su ayer. Lo bueno de la vida es que estamos vivos.
Pero ¡Dios mío, qué lleno de jubilados está el mundo! ¡Cuántos siguen alimentándose de chupetear el ayer! ¡Cuántos se autoconvencen de que “ya han llegado”! Han llegado ¿a qué? ¿A auto-adorarse?
“(…) A mí dame un hombre lleno de esperanzas y siempre lo preferiré a otro que duerme en sus laureles. Dadme un hombre con pasión y con fuego y no me des otro que tiene una despensa llena de virtudes enlatadas”.
Con esas palabras Martín Descalzo bautiza el concepto “gente-fuego”, refiriéndose a esas personas movidas por la pasión ardiente de sus ideales, que no sucumben ante los infortunios, ni lloriquea ante las pruebas del camino.
Y esta gente-fuego es Isaac Hernández, ejemplo para aquellos que sólo danzan con las trivialidades de la vida.
Cuidado…
Isaac me recuerda un pasaje del libro “Etica para Amador” de Savater, en donde le pregunta a su hijo: -¿Sabes cuál es la única obligación que tenemos en la vida? Pues no ser imbéciles-. Y luego explica, “imbécil viene del latín ‘baculus’ que significa bastón: el imbécil es el que necesita bastón para caminar”, pero aclara, “el bastón al que nos referimos no es el que se usa muy legítimamente para ayudar a sostenerse y dar pasitos a un cuerpo quebrantado por algún accidente o por la edad. El imbécil puede ser lo ágil que quiera y dar brincos como gacela olímpica, no se trata de eso. Si el imbécil cojea no es de los pies, sino del ánimo: es su espíritu el debilucho y cojitranco, aunque si cuerpo pegue una voltereta de órdago”.
No culpar
Y comento esto porque somos imbéciles –que tampoco tiene que ver con ser “tonto”- cuando renunciamos a los sueños, cuando –como apunta Salvater– “creemos que no queremos nada, cuando decimos que todo nos da igual, cuando creemos que todo lo queremos: lo que tenemos y lo contrario de lo que tenemos, cuando ni siquiera sabemos lo que queremos ni nos molestamos por saberlo, cuando sabemos lo que queremos, pero lo deseamos suavecito, sin sudor, sin lágrimas y cuando queremos con fuerza, pero nos hemos engañado a nosotros mismos sobre lo que es la realidad”.
Todas estas maneras de ser requieren de apoyo externo, de un bastón, pues se basan en las ideas de los otros, reclaman esclavitud al evitar hacer lo que se debe hacer, se asientan en las excusas –culpar a los demás por las desgracias propias- permiten convertirse en cómplices de una manera de existir que depende del qué dirán, por vivir en función de ese fantasma anónimo que determina lo correcto de lo incorrecto, como es la moda y su vano significado del éxito y del fracaso.
Rebeldes
La juventud ha de emprender sus sueños en contra de todo y de todos, antes de que sea demasiado tarde, antes de que sus vientos dejen de soplar, antes de que la misma edad determine lo que es estúpido, imposible, o bien utópico. Antes de que esos sueños se contaminen con las críticas de los envidiosos, mediocres o de los que temen navegar en solitario.
Tal vez lo peor que le puede pasar a un ser humano es atentar contra su propia libertad, situación fácil de lograr cuando no se ama a nadie, ni se deja ser amado, cuando no se arriesga nada, no se cree nada, no se vive por nada ni por nadie, o cuando los sueños empiezan a ser eso: solamente sueños. Quimeras.
Una pregunta
Isaac comenta: “me considero un soñador profesional, los sueños me dieron la fuerza para seguir adelante, cuando eres el mejor no hay nadie que te pueda decir no, lo que me mantiene en tierra es la realidad, cuando salgo al escenario es un momento personal, en que debes aceptarte a ti mismo, tienes que creer en lo que haces para que la audiencia te crea”.
Hoy tengo una pregunta para cada joven que lee estas letras: ¿qué haces con tu tiempo sabiendo que otros iguales a ti están creando un mejor México al poner a trabajar sus propios talentos? Si estas emprendiendo, construyendo y haciendo el bien ¡Perfecto!
Para consumar sueños e ideas no existen atajos sólo la responsabilidad de asumir actos, de tomar el timón de la existencia para llegar a la costa seleccionada asumiendo todos los riesgos encantos y desencantos que implica toda odisea, sobre todo la de atreverse a ser y saber vivir humanamente.
Isaac es un soñador profesional que construye fecundas realidades: hoy, por ejemplo, ser el mejor del mundo. Como mexicano me siento muy orgulloso de su fecundo empeño.
(Recomiendo: https://www.youtube.com/watch?v=LNpGpNOVqZA&t=2s) (https://www.youtube.com/watch?v=EtPXxqHki2E)
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