Quien a nosotros trasquiló, las tijeras le quedaron en la mano (II)
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El Quijote II, 37
A pesar de que en su versión original este refrán era bien conocido en la España del Siglo 16, no parece muy claro el sentido en que Cervantes lo cita y lo aplica en este pasaje.
Inicialmente el refrán decía: “Quien a mi hijo trasquiló, las tijeras se llevó”. Hacia 1568 Juan de Mal Lara escribió que el dicho se originó cuando un niño que mucho se quejaba de dolores de cabeza, un acomedido vecino dijo a sus padres que sólo con cortarle el cabello sería suficiente para que ya no padeciera tales dolores. Muy servicial fue a la casa del niño, pidió unas tijeras y lo trasquiló. Luego, en un momento de descuido de los padres, se llevó las tijeras.
El mismo De Mal Lara escribe que el refrán se aplica a quienes “se encargan de pedir limosna para los pobres, y ponen en ello gran diligencia, haciendo grandes muestras de caridad, y la verdad del negocio es que ellos no lo hacen sino por aprovecharse de lo que les quede en las uñas”.
Más de dos siglos y medio después, en su nota a este pasaje Diego Clemencín empieza por preguntarse qué quiere decir el refrán y escribe: “Quizá lo siguiente: Los que hablan mal de las dueñas, teman no les llegue a su vez de que se hable mal de ellos, o cosa semejante. Así parecen exigirlo las cláusulas que preceden, aunque las tijeras en la mano del que trasquiló a las dueñas más bien indican las facultades de continuar zahiriéndolas, en el que lo hizo anteriormente”.
A pesar de la impresionante erudición de don Diego Clemencín y su prodigiosa memoria, que lo hicieron ser reconocido como un formidable crítico literario, no obstante su larga trayectoria como político, todo parece indicar que no conoció o no tuvo presente al redactar su nota el origen del refrán y entender así cómo se aplica, según lo expuesto por De Mal Lara en 1568.
Por su parte, la Real Academia ha dicho que “con este refrán se advierte que el daño o perjuicio que se ha recibido de alguno le puede sobrevenir a otro cualquiera por el mismo, si no se cautela de él y le previene”. Tampoco convence.
Como el anterior comentario es continuación del iniciado ayer, el refrán de hoy es:
DONDE INTERVIENEN DUEÑAS NO PUEDE SUCEDER COSA BUENA. El Quijote II, 27.
Con la anterior explicación y la de ayer, el refrán de hoy no requiere comentario.
@jagarciavilla