Antonio Usabiaga; las alianzas
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Murió el padre Antonio Usabiaga, sacerdote que se distinguió por sus sermones vehementes al mismo tiempo que didácticos. Las opiniones que se expresaban sobre él eran de apoyo incondicional o de rechazo violento. Un matrimonio se quejaba porque ofendía a los fieles burlándose de ellos.
Una mujer les dijo: "No vayan a su misa; hay otras iglesias". Murió de 79 años, cumplidos días antes. Más de la mitad los dedicó con verdadera pasión a su Instituto Seglar de Estudios Religiosos, que logró que lo reconociera la SEP de Coahuila y las universidades La Salle e Iberoamericana en sus sedes del DF. Usabiaga era peleonero, intempestivo y a veces sí ofendía a sus propios alumnos o parroquianos, pero con él siempre se aprendía algo nuevo. Sus clases de Biblia no eran catecismo, eran historia, arqueología, lingüística y hermenéutica. Daba clases no para católicos bien pensantes sino para sujetos enfrentados al significado profundo y comprometedor de los mensajes.
Participé en su escuela varios años. Me pidió impartiera el curso de Historia de la Iglesia en cuatro semestres, luego Iglesia en México en dos e introducción al griego y traducción de textos neotestamentarios en dos más. Ese acompañamiento me mostró a un hombre rijoso y, me parece, solitario, pero humilde y generoso. Pedro Pantoja recordó en su oración fúnebre que cuando trabajó en Barroterán, Pasta de Conchos y Esperanzas hubo una época de hambruna; recibieron de Usabiaga toneladas de papa que éste conseguía de los grandes productores saltillenses. Tenía un consultorio médico gratuito, entregaba alimentos a comunidades y comedores para pobres.
Recuerdo que durante algunos días, de eso hace 10 años, se quejó de dolores de espalda, columna y otros más. Entre los alumnos del ISER había al menos siete médicos. Casi lo obligaron a que les permitiese hacerle una auscultación. Una de las doctoras me dijo: "No tiene nada pero duerme en un viejo catre conformado por jorobas y resortes; hay que cambiárselo". Le compraron una cama ortopédica elegante. Él se enojó pero el pedido estaba hecho en Monterrey. Cuando llegó la mudanza, don Antonio les dijo que debían entregarla en tal dirección. Ahí vivía una señora que sufría mucho de dolores como los suyos. Los médicos se enteraron años después que nunca estrenó la cama.
Como fruto del trabajo de Antonio Usabiaga quedan generaciones de laicos de Saltillo y Monterrey formados en una concepción humanista, comprometida, crítica de su propia Iglesia y, creo, conscientes de ser cristianos (Usabiaga decía que católicos había miles y cristianos pocos). Criticaba a los ricos pero en su velación estuvieron muchos. Atacó el clericalismo siendo él mismo clérigo. No perdonaba lo que consideraba desviaciones de obispos y papas. Creía que muchos cardenales y un Papa traicionaron al Concilio Vaticano II. Predicaba que si la Iglesia tenía salvación ésta vendría nada más de los laicos. Nunca se rindió ante las adversidades.
Paso a otro tema. Se discute si la alianza PAN-PRD es contra natura (Beltrones dixit). Contra natura fue la desfachatez del PRI que amenazó a Calderón si tocaba a Ulises Ruiz y Mario Marín. Si no hay otra manera de rescatar esas entidades y otras, como Hidalgo, la alianza es el camino. Aquí no se trata de que sus plataformas políticas no sean compatibles sino de acabar con la impunidad, el cinismo, la corrupción galopante. Todos dicen, y también muchos priístas sinceros, que Ulises Ruiz debe vidas, secuestró enemigos y robó toneladas de pesos.
De Marín pocos pueden opinar bien (excepto su señora y quién sabe). Mandó secuestrar a la valiente mujer que denunció a los pederastas y a éstos los cubrió con el manto del poder. Si para castigar a esos pillos se unen izquierda y derecha, háganlo enhorabuena. Por su lado, la dirigente del PRI, Beatriz Paredes, no ha dudado en sellar una alianza estratégica con lo más atrasadito de la Iglesia. Entonces, ¿se vale o no hacer alianzas con quienes no coincide tu declaración de principios nada más que para alcanzar fines compartidos?
Evidente que sí. El bien de la Patria justifica ese género de alianzas.