Poder mirar a los ojos diez años después

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Opinión
/ 4 enero 2010

Cumplir diez años puede ser un honor o un lastre. Todo depende. Busqué el ejemplar del primer número de MILENIO Diario, el del 1 de enero del 2000, para encararme con el editorial inaugural de la primera plana, que por mis funciones de entonces me tocó escribir.

El editorial plasmaba una definición que hemos seguido tozudamente, a pesar del enfado recurrente de los gobernantes, la furia de los fanáticos que quisieran tener al diario rendido a sus pies y el desconcierto de los intelectuales que no suelen compartir esta idea: "MILENIO no viene a hacer milagros ni a curar a nadie ni a salvar a la patria".

El PRI cayó de Los Pinos a la oposición, Fox pasó de ser un titán a una caricatura, López Obrador se quitó el antifaz para dejar ver al líder mesiánico, el PRD se hizo grande y luego se hizo chiquito; al desnudo, el PAN enseñó que su piel es gris, no azul; los legisladores se volvieron lumpen con fuero.

MILENIO contó esas historias y muchas más. Registró, narró, interpretó, analizó, opinó. Pero no se movió de ahí. Pese a las invitaciones para sumarnos a "salvar a la patria" que nos hicieron los gobiernos, la izquierda, la derecha. Pese a lo pantanoso de algunos episodios: el sahagunismo, el desafuero, la crisis electoral de 2006, la guerra contra el crimen. Pese a una que otra intimidación política, comercial, gangsteril.

Diez años, pues, de editar un diario para los lectores y no para las "grandes causas nacionales". Por eso MILENIO enfurece y excita como ninguno a los intolerantes.

Qué orgullo seguir formando parte de un proyecto 100 por ciento periodístico que una década después nos permite mirar de frente a los ojos de quien sea.

Columna: La historia en breve. Periodista y conductor mexicano nacido en la Ciudad de México. Estudió la licenciatura en Comunicación en la Universidad Iberoamericana. Conductor del noticiero matutino de Radio Fórmula, fue director editorial de Grupo Milenio.

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