Aquí se conduce con precaución

Opinión
/ 1 febrero 2010

La llegada del ferrocarril a Saltillo, este año en septiembre hará 127 años, fue un parteaguas para nuestra capital. Un viajero de la época, Jules Leclercq, refiere Javier Villarreal Lozano en su libro "Los ojos ajenos/ viajeros en Saltillo", daba noticia del espectáculo que procuraba ese año
de 1883:

Al llegar el tren a Saltillo, es saludado por millares de curiosos que ven por primera vez una locomotora.

Ese arribo dinamizó la economía. El despegue fue poderoso. La posición de la capital de Coahuila, como un punto estratégico durante la Colonia, era fundamental para el crecimiento de la población. El ferrocarril aceleró el progreso. Para 1901, el periódico Mexican Herald describía a nuestra ciudad como una población de importantes transformaciones.

Desde hace cinco años Saltillo ha hecho gigantescos avances en el desarrollo de su población y ha aumentado de tal suerte el número de sus empresas, que atrae la atención de los capitalistas hacia aquella parte de la República. El tren servía a la capital del estado. El Mexican. definía a Saltillo como "estratégica como la que más, bien dirigida y bien equipada". A Parras de la Fuente, decía, la locomotora le facilitaba "exportar directa y rápidamente sus productos manufacturados, sus vinos, sus frutas, sus semillas y ganados, abriéndose para ese centro de producción los mercados nacionales que hasta hoy tenía cerrados".

La máquina de vapor como medio de transporte venía a cambiar y a modificar las formas de comercio; a desarrollar nuestra industria, a facilitar las comunicaciones con el resto de las poblaciones de la nación. (En adelante, también sería, por supuesto, determinante en las batallas de la lucha revolucionaria, iniciada en 1910. Un tema por demás interesante para seguir tratando en apartado distinto). Cada generación escribe su propia historia. La nuestra, dominada por descubrimientos científicos y cambios tecnológicos, vive también su experiencia en el ámbito de la comunicación y del transporte.

En menos de una década, nuestra capital pasa por uno de los mayores cambios en su fisonomía y el crecimiento. Distribuidores viales, puentes de circulación vehicular y peatonales a lo largo de toda la ciudad han transformado el rostro de una población cuyo primer gran crecimiento se disparó en la década
de los setenta, con el gobernador Oscar Flores Tapia.

Una de las diferencias entre aquellos ojos de finales del siglo 19 y los nuestros, habitantes del Saltillo a principios de este 21, es la forma de acceder a los medios de comunicación que transforman la vida cotidiana. Ver la locomotora de lejos y no conducirla, incluso no tener acceso a ella de manera continua, da una gran diferencia con los puentes de la actualidad: nosotros sí estamos y estaremos en constante uso de los que ya existen y los que vendrán, anunciados ya por el gobernador Humberto Moreira.

El desarrollo intrínseco que con ello se espera, queviene en paquete con el nuevo empaque urbano de la ciudad tiene que ir aparejado a una actitud inteligente de los saltillenses en particular, y de los visitantes en general.

Es de esperarse madurez, conciencia y responsabilidad de todos los que hacemos cotidianamente uso de las nuevas vialidades. Las autoridades tienen en ello una fuerte carga de responsabilidad: vigilancia y sanción a quien viole reglas de tránsito, pero también de colocación de señales.

En el embarcadero de Cancún, para viajar a Isla Mujeres, hay un letrero que advierte: "En este lugar: No se corre. No se grita. No se empuja". Cualesquiera de estas actitudes, en un sitio como éste puede provocar problemas mayores, más importantes que el que se caiga sobre el suelo. El riesgo es que, iniciado cualquier conflicto, pueda cualquiera de los adversarios caer al mar.

Sería aconsejable que con los nuevos cambios que se están propiciando en Saltillo, podamos también decir con nuestras actitudes: En esta ciudad se conduce con precaución. Haríamos con ello honor a los habitantes de esta ciudad capital y el desarrollo que ya se vive y se espera.

Don Gustavo Villarreal Lozano Falleció el jueves de la semana pasada, funcionario por muchos años de Bancomer, un siempre caballero de nuestro Saltillo. Muy querido y admirado, hizo grande y discreta labor social en la ciudad que tanto amó. A toda su familia, un abrazo muy afectuoso. Descanse en paz.

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