Infalible fórmula para conservarse
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Conforme pasan los años, a algunas personas se les nota más en su físico, el paso del tiempo. A otros en cambio, pareciera que no les afecta tanto pues se conservan joviales.
En la vida, cada quien va inventando y reinventado sus fórmulas personales, su manera de ser y de actuar, y ello le va a producir buenos o malos resultados. La manera de ser de cada quien, le va a generar consecuencias para bien o mal.
Una vez escuché una anécdota que aconteció entre dos personas, que en su época de juventud, fueron muy allegados. Había transcurrido mucho tiempo, más de 20 años para ser exactos, de la última vez que se vieron, eso ocurrió siendo adolescentes y antes de casarse. Divina juventud entonces, memorables épocas de estudiante. Un día y sin esperarlo, caminando, se volvieron a encontrar.
- ¿Pedro? -dijo asombrado, uno de ellos al otro-
Pedro se quedó mirando en silencio el rostro de su interlocutor, y exclamó luego de una breve pausa
- ¿Juan?
- ¡Pero qué sorpresa!
- exclamó el que inició la conversación- ¿cómo has estado? Hace mucho tiempo que no te veía.
Conforme pasaban los minutos, y se actualizaban acerca de lo que cada quien había hecho con su vida, uno de ellos por cierto el más avejentado, observó algo que le llamó mucho la atención de su compañero.
- ¡Oye! - intrigado por una duda que lo asaltaba, al que se le notaban mucho los años interrumpió la amena conversación- Antes de que prosigas aclárame algo: "Qué haces que te conservas igual que cuando te dejé de ver? Pareciera que contigo no pasan los años". El evidentemente más conservado esbozó una ligera sonrisa en su rostro, se quedó unos segundos en silencio y le compartió su secreto:
- Desde hace muchos años advertí lo inútil que resulta discutir. Es una excelente manera de perder el tiempo y la energía. Desde mi punto de vista, alegar para demostrar que tienes la razón, es soberbia y necedad. Yo prefiero no tener la razón y ser feliz. Nunca discuto nada con nadie. Ese es mi secreto.
El más avejentado no podía concebir lo que acababa de escuchar
- ¡Esas sí que son tonterías!
-dijo incrédulo y altanero-.
- ¡Es verdad! - le respondió el que nunca discutía- Tienes toda la razón.
Leonardo del Cio
lavidamiamante@hotmail.com