Río que canta
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Es un trío de viejitos michoacanos. No. No se ponen a bailar. Ofrecen cantar "Caminos de Michoacán". Parece que se la saben bien. Se colocan a un lado de la cascada para salir en la foto. "Tengo 85 años", confiesa. Su voz de barítono es entonada y potente. "Somos tres... ¡que sean treinta!", dice el solista después de acompañarse con las dos guitarras y el violín en canción de rompe y rasga. El viajero paga el momento festivo sin regatear.
El parque está empedrado. Tiene tramos de grandes adoquines de piedra lisa. Dan sombra arbolones de follaje explosivo sobre las cabezas de los visitantes. El agua del Cupatitzio (río que canta), lo va haciendo en diferentes tonalidades y con presentaciones sorprendentes.
Los nombres de las fuentes son sugestivos: Copa de Oro, Cutzi (luna), Xipacata (arco iris), Flor de Lluvia. Y hay fuente de los enamorados y del recuerdo. Huriata (ante el sol) se llama la fuente en que posa el trío de viejitos entonados y fotogénicos. Después del puente y el manantial de la Yerbabuena siguen la cascada y el puente del Gólgota, antes de llegar a la Rodilla del Diablo.
La señala una flecha blanca sobre la piedra. Rodilla y pierna -cuentan- quedaron diabólicamente estampadas en la hondonada sobre la roca, a orillas del remanso.
El rosario está hecho de huesos de fruta. Las resorteras son de madera blanca y el dulce de amaranto lleva incrustados en su óvalo, del tamaño de una mano, nueces, cacahuates y semillas de calabaza. Van a dar al morral del viajero después de comprarlos en los puestecillos del recorrido.
La gente puede comprar empanadas de flor de calabaza, recién salidas del aceite hirviendo, en los cenadores de nombres purépechas: Canacua, (corona) Tzinzún (colibri), Tzentzángari (cara bonita), o (niña) Characú. Los más hambrientos comerán una trucha arco iris preparada al estilo tarasco.
Durante el recorrido, el agua canta de verdad. Muy cerca, en el conducto que atraviesa las piedras del sendero o allá abajo, en el río de espumas blancas y giros caprichosos, o en las cascadas que suenan como acorde sinfónico al pasar. Un pájaro clarín logra superar el gran rumor del río con las notas agudas de su canto.
La vegetación es variadísima y puede admirarse desde la florecilla silveste hasta las altas copas vaiveneantes, sostenidas por troncos paquidérmicos. La juventud acumulada del viajero fue la causa de la baratura del boleto de entrada al parque nacional del río Cupatitzio, en Uruapan. "Muéstreme su credencial... gracias... son sólo cinco pesos... ¡Pase!..."...