Entre chicles y chicleras
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Entre esos capítulos restringidos de nuestra historia patria, existen un sinnúmero de versiones que ha algunos años se
han desentrañado a través de la investigación de doctos historiadores dentro y fuera del Colegio de México y otras instituciones encaminadas a la tarea de conocer más sobre la tierra heredada.
En esa dinámica nos coloca un personaje cuyo papel de liderazgo, en una época de división creada por la lucha intestina de la francmasonería en el siglo 19, no solamente ha sido cuestionado, juzgado, condenado, sino además etiquetado entre los atributos de vendepatria y traidor.
Su alteza serenísima, como se hacía llamar Antonio López de Santana, es parte también de un episodio relacionado con un producto nacional por excelencia, que desafortunadamente fue comercializado por el enemigo de su tiempo y hoy es una industria que vende, sólo en nuestro país, 7.8 mil millones de pesos anuales. El chicle es un producto natural extraído de un árbol llamado Chicozapote, que antiguamente poblaba la región sureste del país y hoy también se cultiva en la zona.
Este látex natural era usado por los mayas mezclándole resinas aromáticas y hasta grasas de insectos, a fin de refrescar el aliento. López de Santana entra al cuento a través de su ambición desmedida, y es que, una vez derrotado por los tejano-americanos, se refugió en Staten Island, preparando su regreso a México; instalado en la ciudad visitó a un fotógrafo de nombre Thomas Adams, mostrándole un pedazo de chicle sin sabor que acostumbraba masticar.
Al tal Adams le interesó el material y trató de convertirlo en una masa más resistente, fracasando en su intento, pero al recordar el fervor con que el mexicano mascaba chicle, lanzó al mercado el producto como alternativa para refrescar el aliento en sustitución a la famosa cera de parafina que se usaba en ese tiempo. El primer chicle fue comercializado en forma de bola bajo la marca "Adams New York Gum", sin sabor. Posteriormente, un competidor agregó esencia de Tolú, siendo la marca Taif quien cubrió el mérito.
Para 1890 existían en el mercado americano las marcas Adams, Wrigley, LottaGum, Vassar, Bliber-Blubber y Chiclets, presentado en pastillas con otro producto mexicano: la cera de candelilla, usada como cobertura y mezclada con esencias saborizantes.
En nuestra nación, las cosas iban lentas, la comercialización de chicles "americanos"
era preferida al mascarlo sin sabor y ciertos estratos lo generalizaron.
En los años 30 del pasado siglo, dos empresas nacionales se dieron a la tarea de entrar a la competencia del mercado y abrieron sus puertas la empresa Canel's en San Luis Potosí y La Imperial en Monterrey.
De esta última sobrevivían dos principales marcas: Totito (una bola rosa con sabor a frutas) y Motita (una barra de sabores tutti fruti y plátano). De esta última deviene la palabra que define la bola de chicle que se forma cuando este es inflado: "hacer motitas" y fue vendida a Cadbury.
Canel's ha enfrentado un historia de competencia desleal y tiene el mérito de haber resultado triunfadora en un largo litigio contra Adams, el cual inició en 1994 y finalizó en 2003.
La marca nacional estaba siendo afectada por Adams, que sacó al mercado una goma de baja calidad pero de un precio significativamente menor llamada "Clark", que provocó serios problemas económicos para Canel's. Finalmente, la Suprema Corte de Justicia determinó una práctica de competencia desleal, obligando a la norteamericana a una cuantiosa indemnización y a sacar del mercado su "chafa" producto.
Hoy día, Canel's está invadiendo el mercado norteamericano con éxito, en una acción más parecida a una venganza, debido a que Adams (que al tiempo pertenecía a la farmacéutica Pfizer), vendió la compañía a la británica Cadbury y la oferta es más agresiva y peligrosa. A la guerra, entra otra mexicana en 2003, ya que Bimbo obtuvo la distribución exclusiva de los chicles "Wrigley" en el país, a través de su extensa red de comercialización al detalle, finalizando su contrato en 2007.
Un sistema más novedoso y efectivo que el que Wrigley había utilizado para comercializar el producto en Norteamérica, cuando regaló a cada suscriptor de teléfono un paquete de goma de mascar en 1915, cubriendo 7 millones de hogares.
Cadbury Scheppes cubre el 80 por ciento del mercado de gomas en nuestro país. Sus ganancias son estratosféricas y la planta más grande del mundo tiene sitio en Puebla. (A la memoria de Juan Borrego, humanista, líder y excelente amigo. Ojalá no se haga costumbre esa de enterrar a mis amigos).