El evangelio según Felipe
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Los evangelistas, Mateo, Marcos, Lucas y Juan narran en
cuatro relatos, la historia, la vida y la doctrina de Jesús de Nazaret. Lo hacen a través de lo que se conoce como evangelios canónicos incluidos en el Nuevo Testamento de la
Biblia. La palabra evangelio deriva de un vocablo griego que significa "buena nueva".
A través de la historia se han descubierto otros evangelios llamados apócrifos que no han sido reconocidos por el cristianismo ya que su redacción no se apega al principio de expresar una buena noticia. Ahí se incluyen los de Nag Hammadi, encontrado a mediados de siglo pasado en Egipto y el evangelio apócrifo del apóstol Felipe, un supuesto discípulo personal del nazareno. Este texto catalogado como falso, fue hallado por arqueólogos en 1945 y de acuerdo a los expertos, está lleno de información inexacta, contradictoria y de palabras ininteligibles, no relacionadas entre sí.
El domingo pasado se publicó, en los principales periódicos de México, una inserción pagada por el Gobierno Federal que llevó el titulo de "La lucha por la seguridad pública", la firma Felipe Calderón Hinojosa, es su evangelio personal. En dos planas enteras, intenta sin éxito explicar las causas del problema de la gravísima condición de inseguridad en que vivimos los mexicanos. Nos jura utilizando información inexacta y manipulada, que su guerra tiene bases fundadas, que había que actuar tal como lo hizo, que no dará marcha atrás y que la estrategia seguirá igual aún y que el fracaso se perpetúe.
Sin reconocer en ningún momento a las más de 23 mil victimas de esta guerra, Felipe Calderón se asume a la cabeza de una Yihad que asegura unidos ganaremos. Esta victoria se antoja tan irreal y lejana como real y cercano es el viernes pasado, fecha en que se rompieron todos los récords conocidos tras sufrir el día más violento en la historia del México reciente: 85 personas murieron, superando el día 3 de noviembre de 2008, cuando 58 personas perdieron la vida de forma violenta.
Pontificando, Calderón nunca acepta que la violencia desatada por el Estado mexicano ha provocado precisamente sólo escalarla y que cuanto más se prolongue, más difícil le resulta encontrar la forma de realizar actos compensatorios no violentos.
Que como siempre, el principal resultado de la violencia es la necesidad de emplear mayor violencia en
una espiral que parece no tener fin.
Los actos de violencia cometidos en nombre de la justicia, en la afirmación de derechos o en defensa de la paz no pueden acabar con la violencia y sólo preparan y justifican la continuación, que él mismo anuncia.
Hoy, la guerra de Felipe Calderón ha provocado que nos acostumbremos a ella y que nuestra capacidad de asombro disminuya. Ante el miedo de ser víctimas de la delincuencia, la sociedad empieza a aceptar que se extermine sin más a los integrantes de estos grupos sin entender que la obligación del Estado mexicano sería que se les llevara ante la justicia y se les juzgara por sus delitos, resguardando así el estado de derecho. Muy peligroso es para una sociedad volverse insensibles ante la violencia. Una población insensible es una población peligrosa porque se corre el riesgo de que en situaciones extremas se considere como no deseables a grupos vulnerables o que se quebranten en nombre de la seguridad, libertades que nos ha costado mucho trabajo obtener. La historia lo puede comprobar.
En 2006 la National Geographic Society hizo público su trabajo de restauración y traducción de un manuscrito que data del siglo II y que fue encontrado por unos campesinos egipcios en 1978. El papiro revela un diálogo entre Jesús y sus discípulos: "Tú serás el decimotercero, y serás maldito por generaciones, y vendrás para reinar sobre ellos".Es el Evangelio de Judas Iscariote, el traidor por antonomasia, el que guió hasta el huerto de Getsemaní a un grupo numeroso con espadas y palos de parte de los sumos sacerdotes y los ancianos, y tras un beso entregó al Maestro de Galilea, al Mesías que rechazaba el ojo por ojo y diente por diente. El final para Judas no podía ser mas trágico: desesperado porque sus dichos y justificaciones no hacían sino confirmar su traición, se suicidó colgándose de un árbol.