Las aguas salvajes

Opinión
/ 17 julio 2010

Aún quitado de la pena, regresamos a Monterrey procedentes de la bella Zacatecas, no sin antes recibir una probadita de las heladas aguas de la lluvia tempranera en mi tierra saltillense, ahora sólo de paso, para
encontrarnos con la sorpresa del abominable "Alex" ese fin de semana.

La llamada generosa de Jaime Luis desde Acuña me hizo revirarle: ahora quien debe tener cuidado eres tú; para allá van las lluvias. Las consecuencias del huracán para la región fronteriza de Coahuila fueron no solamente devastadoras, sino también históricas.

Para los anecdotarios conocidos de las inundaciones de los años 50 y 2000, se suman los sucesos de los pasados días, que encaramaron la tragedia, la desesperanza y el luto. El saldo blanco logrado por el esfuerzo que encabezaron Moreira y mi amigo Pepe Maldonado en Piedras Negras fue entintado con su muerte y las de quienes le acompañaron en el desenlace. Pepe es algo más que un político muerto en cumplimiento de su deber.

Los números del fenómeno natural provocado se cuantifican en más de 112 mil personas damnificadas entre los tres estados, 3 mil 742 empresas afectadas, 16 muertos, 30 mil 980 casas dañadas y 4 mil 132 autos en pérdida total. Para los cálculos actuariales de las aseguradoras el costo de la reconstrucción podría llegar a los 23 mil 700 millones de pesos.

El río Sabinas, que nace en la serranía de Santa Rosa, fue el peor enemigo de la Región Carbonífera, ya que cobró factura a su invasión lenta, ilegítima y letal. El costo del aprendizaje por convivir con la naturaleza se traduce siempre en tragedias que vienen terminando por pagar los gobiernos y la sociedad civil.

Ante los reporteros, un sexagenario de la colonia Rovirosa exclamaba retador: No' ombre, yo aquí me quedo, qué voy a andar haciendo en la loma. Pero y ¿si viene el agua, don Jesús? Si viene no me va a ver ni el pinche polvo, de la carrera que voy a pegar. Y su casa terminó bajo el agua.

Sin mi intento de apología, sino de reconocimiento, llegó Moreira puntual a la reconstrucción con su ejército de bulldozers, manos de chango, camiones de volteo, palas y láminas y se puso a trabajar en conjunto con la raza, con el pueblo.

Distinto panorama me tocó vivir en abril de 2004 en Villa de Fuente, porque mientras en Alcoa me ordenaron entregar dinero a la Cruz Roja y Borrego organizó las brigadas de atención médica, dotó de despensas y aportamos esfuerzo y la sociedad se comprometió con sus hermanos, el emperador Martínez llegó a la foto con una serie de funcionarios que les dio por organizar una feria del mueble, dizque para apoyar a los damnificados.

La referida feria resultó uno de los mayores atracos de la historia. Acudí en afán de reportaje y me percaté de la dinámica. Al inicio, a los damnificados registrados se les daban 4 mil pesos en vales de canje en las mueblerías participantes. El atraco estaba bien planeado. Los precios, por ejemplo, de un simple abanico de plástico de pedestal chino era de 1,980.00 (en Walmart estaban en 25 dólares), una plancha seca, 1,600.00.

Al frente de su stand, me encontré a Memo Sánchez, a quien le reclamé el robo en despoblado. Lástima, me dije, que no haya heredado la bondad de don Domingo. (Hoy es primer regidor del ayuntamiento y la ciudad tuvo el riesgo de tenerlo como alcalde. Enhorabuena al Congreso por no decidirse por singular atracador).

Resulta alarmante conocer que según datos de Conagua, 11 mil coahuilenses viven aún en zonas consideradas de riesgo, es decir al lado de lechos de arroyos y ríos, en un síntoma de la corrupción y el agandalle de políticos y lidercillos balaceras, que dotan a la gente de terrenos en zonas federales, con la táctica de que las cosas en palacio se mueven despacio y entonces. ¡usted posesiónese y no averigüe!

En estos años a Moreira lo han acompañado los triunfos, pero también grandes desgracias a las que ha respondido con algo más que solidaridad. La gente del norte se hace fuerte ante la tragedia y en forma admirable deja el llanto para otro tiempo y se pone a trabajar. Bendita actitud.

La lección aprendida es en esperanza, pero también en respeto a la naturaleza y sus sencillas pero inviolables leyes, que nos cuesta cumplir y evitar los riesgos, prevenir y no lamentar, construir sobre la piedra y no sobre la arena, como escrito está en el verdadero libro.

Nota de pie.- Mientras el profesor en mangas de camisa organizaba la reconstrucción, el Barney Abramo en traje de casimir italiano "inauguraba" el bacheo en Saltillo. Le faltó andar sin zapatos al wey, sin duda. ¡Qué lamentable ejemplo! Si vale.

Orestes Gómez es saltillense, estudió en la Facultad de Jurisprudencia de la UA de C y la Normal Superior de Coahuila las licenciaturas en Derecho y Educación Media. Ha impartido cátedra en la Facultad de Jurisprudencia de la UAC, Preparatoria Mariano Narváez de la UA de C, UANE planteles: Saltillo, Torreón, Piedras Negras y Matamoros y en la Universidad Autónoma de Piedras Negras. Ha impartido conferencias en la UANE Saltillo, CTM Coahuila, Asociación de Maquiladoras de Nuevo León y Facultad de Economía de la UA de C. Ganador del premio estatal de Periodismo de Coahuila en 5 ocasiones: 1996, 1999,2000 y 2006 en editorial en prensa y la presea Antonio Estrada Salazar por 25 años de trayectoria. Ha escrito tres libros: uno de poesías titulado “Memorias del Tigre Espejo”, “Cuentos Conurbados” y uno relacionado con los Recursos Humanos “A Little bit about Mexican Law and Human Resources”. Es un tigre espejo que merodea por entre los muros de la desigualdad, la represión y el oprobio escupiendo verdades através de su incómoda pluma.

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