Muerte industrializada
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Es necesario emborrachar al cócono. La tía le administra con gotero una muy competente dosis de mezcal. El guajolote se alegra bastante con las libaciones, pero no sabe que lo agasajan así para matarlo: el mezcal -mejor habría sido vino blanco, jerez, u oporto, dice la tía Amelia- evitará que la carne del guajolote se haga dura por efecto del susto de la muerte. La criada Goya consumará la ejecución. Goya sabe las cosas de la vida, y por lo tanto sabe también las de la muerte. Pone una tabla en el lavadero y coge el hacha de la leña.
-Deténganmelo -dice con voz profesional.
Alguien agarra al cócono por la cabeza, otro le estira las patas, y Goya da el hachazo con eficiencia que habría envidiado el doctor Guillotin. El guajolote escapa de las manos de quienes lo detenían y corre descabezado por el patio. Ya no recuerda el niño el sabor de aquel pavo cocinado con elegancia por la tía Amelia, pero no olvida la visión del pájaro negro corriendo sin cabeza por el patio.
Pasan los años -ése es su único quehacer-, y hace unos días el mismo niño, ya muy crecido, fue a Nuevo Casas Grandes, en Chihuahua. Es la primera vez que va, y queda fascinado por esa remota población. En ella comienza, por el Norte, la gran sierra. Casas Grandes es sitio de mormones. No de menonitas, entiéndaseme bien. De mormones. Se establecieron ahí hace muchos años, con un permiso que consiguieron del gobierno liberal. Su mejor colonia, próspero centro de lujosas casas, lleva el nombre de don Benito Juárez. Ahí han levantado los mormones un espléndido templo coronado -como el de Salt Lake City-por un dorado arcángel que lanza al viento el son de su trompeta.
Quien esto escribe siente simpatía por los mormones. Alguna vez escribirá algo de cuando llegaron a Saltillo. Los mormones son gente laboriosa; su vida de familia es ejemplar. Quienes viven en Nuevo Casas Grandes son ya mexicanos, y han renunciado a las antiguas prácticas de poligamia que alguna vez usaron los varones de su Iglesia. Pero hay una comunidad cercana, llamada Le Baron, en donde aún subsiste la costumbre de que un hombre tenga varias esposas. Me hablaron de un señor que tiene tres señoras, y más de veinte hijos con ellas. Cuando van en familia al Cine "Variedades" forman un espectáculo mejor que la película.
Quise saber por qué, si la bigamia es un delito, ese hombre no tiene problemas con la ley. Me explicaron que en Chihuahua la bigamia no se persigue de oficio, sino por denuncia de parte ofendida... o insatisfecha, al menos. Y ninguna mujer ha denunciado nunca a un mormón bígamo. Bendito sea Dios.
El viajero es invitado a visitar la gran planta empacadora de pavos que tiene en Nuevo Casas Grandes el señor Parson, mormón él. Millones de pavos han sido sacrificados y empacados ahí -ahumados unos, crudos otros, congelados todos- para ser vendidos en Estados Unidos y México. Doce mil pavos pasan cada día por la línea de producción. Entran a ella las aves colgadas por las patas; llegan a una compuerta en donde reciben fuerte descarga eléctrica que las priva del sentido, sin matarlas; luego un infalible ejecutor les corta la yugular; se desangra el pavo; una máquina lo despluma; se le sacan las vísceras; se le lava muy bien y pasa al cuarto de congelación. Menos de 10 minutos pasan desde que el pavo entra vivo hasta que sale ya congelado de la planta.
Cambian los tiempos, cambian. ¿Qué otra cosa pueden hacer los pobrecillos? Ayer Goya con su hacha, y el cócono corriendo sin cabeza por el patio con su fuente de sangre derramada; hoy esa planta industrial de donde salen pavos por millones... Hasta la muerte se ha industrializado. Y no de pavos nada más.