Ecos del Bicampeonato
COMPARTIR
Dicen que la primera vez es sencillamente inolvidable, sin embargo se supone que el tiempo y la experiencia deben contribuir a que cada nueva ocasión sea mejor que la anterior.
Eso dicen del sexo (y me parece una apreciación correcta), pero yo en realidad estoy hablando de beisbol.
El primer campeonato que conquistaron los Saraperos, no me cabe duda, vivirá por siempre en la memoria de los que entienden y -por consiguiente- aman al Rey de los Deportes en Saltillo.
Pero la hazaña del segundo título consumada esta semana tuvo mucho de lo que careció la del año pasado.
Para empezar, la novena saltillense llegó esta vez a la serie final tras pasar por encima de sus dos adversarios más enconados: Los Diablos Rojos capitalinos (para cuya desgracia y regocijo nuestro Saraperos les remontó una ventaja que ya parecía insalvable de tres juegos a uno); y nuestros eternos antagonistas, los Sultanes de Monterrey, en una serie de seis juegos y no pocos soponcios.
Tras la consecución de la disputadísima corona de la Zona Norte, el mérito de haber hecho pomada a los contendientes de la división sur, los siempre verdes Pericos poblanos, hasta parece minúsculo, pero tal logro nada tiene de modesto.
El caso es que el prestigio de los Saraperos como un equipo campeón, de primerísimo nivel en la Liga Mexicana, es ahora, gracias al Bicampeonato del Bicentenario, sencillamente inobjetable.
Y, como es normal en estas ocasiones, no se hicieron esperar los que buscan posar en la foto junto a los campeones, para ver si se les pega un poco de su resplandor. Pero eso es lugar común y no debe quitarnos el sueño.
A diferencia del año pasado, esta vez no fui al estadio y es que las damas en mi familia (mi madre y mis tías) me expropiaron los boletos disponibles y, como bien sabemos, éstos no se dan en maceta.
Así que vi los partidos en casa o en el bar, pero siempre en buena compañía. Celebro la cobertura de ESPN y de la televisión local, que nos dieron opciones para seguir la serie final de LMB, lo mismo desde Puebla que desde el Parque Madero.
Fue precisamente mirando el partido del domingo, entre entrada y entrada, que me puse en contacto con la actual campaña de la administración estatal, A.K.A. El Gobierno de la Gente.
Es verdad que muchas veces el patrocinio hace posible la transmisión libre de una gran cantidad de eventos, pero no por ello todos los comerciales son necesariamente gratos.
En una de sus inserciones televisivas, el Gobierno hace alarde de esa política de gratuidad que ha convertido en su sello distintivo. Presume como un logro que en Coahuila sea el Gobierno quien provea a los niños de útiles escolares, uniformes y calzado cuando, según mi entender, en una sociedad ideal estas cosas deben ser procuradas por los padres de familia.
No obstante, nuestro Gobierno siempre se ha ufanado de relevar a los padres de éstas y otras responsabilidades, pero eso ya no constituye novedad y lo hemos comentado hasta el hartazgo durante el sexenio.
Es el remate del anuncio lo que me alborota el sentido arácnido, levanta mis suspicacias y me hace arquear la ceja izquierda.
Al final del anuncio, un grupo de chamacos corea una frase que ya no es publicidad, sino mero adoctrinamiento:
"El Profe nos cuida", dicen.
Quizás los cuide de muchas cosas, pero no del lavado de cerebro, eso es seguro.
Obviemos sin embargo el carácter de inducción político-dogmática que significa esa frase en boca de unos chiquillos. Atendamos de momento otro aspecto:
Desde hace tiempo, por decreto está prohibido que en la publicidad oficial, costeada con dinero público, aparezca la imagen, el nombre o la voz de ningún funcionario (con excepciones en tiempos de Informes, pero no es por ahora el caso).
Y de hecho no aparece la cara, el nombre ni la voz del titular del Gobierno del Estado, Humberto Moreira. Pero está fuera de toda duda razonable que se le menciona por su mote inconfundible, "El Profe".
¿Podría él o cualquier funcionario de su gabinete, negar que es del mismo Gobernador Humberto Moreira de quien se hace alusión en esta publicidad?
Por supuesto que no. No al menos sin hacer el ridículo.
Sin duda, esta campaña se ajusta a un principio legal, pero no se apega a un principio ético. Encontraron, otra vez, la manera de burlarse de las restricciones que marca la Ley. Enhorabuena, eh.
"El profe nos cuida", dicen los chamaquillos y ello me recuerda las historias que se cuentan del dictador Fidel Castro a quien, según crónicas, se le daba trato de "Papá Fidel".
A mí me parece deleznable. Encuentro anormal, aberrante incluso, que un niño cante loas para un político, cuando lo normal es que busquen modelos positivos en la música, en los héroes de ficción, en los deportes.
Un niño normal vitorea a sus héroes, un beisbolista por ejemplo, pero ¿un político?...pffffff. ¡Por todos los cielos!
¡Felicidades, Saraperos!
petatiux@hotmail.com