¡Oh, oh, dices tú!
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Llamamos "la prensa" al oficio reporteril, no obstante que en muchas de sus modalidades en ningún momento interviene una rotativa. Es sólo una forma de generalizar.
Muy resentido con dicha prensa, el conductor de televisión Adalberto "Adal" Ramones externó duras alegorías en contra de ésta.
Durante una conferencia que ofreció para el ITESM en Saltillo, Ramones aludió a uno de los estratos más bajos de la fauna urbana para designar a los reporteros: "Ratas de asfalto", "mal necesario", amén de tildarlos de gente no estudiada.
Podríamos ocupar mucha tinta, muchas planas en demostrar que ser un buen periodista requiere más méritos intelectuales y académicos que muchas de las posiciones que ha desempeñado en televisión.
Pero sería de alguna forma desleal argumentar a favor del periodismo empleando para ello al mismo medio periodístico. Los méritos del oficio además deben defenderse por sí solos.
Egresado como soy de una escuela y ahora facultad de Comunicación; reportero, locutor, columnista en mi vida profesional, es obvio que tengo entre mis conocidos y amigos -gente unas veces querida y otras tantas admirada- muchos que se sintieron agraviados con las apreciaciones de Ramones, comunicólogo también para mayores señas.
Pero. ¿sabe qué? Realmente necesitamos irnos más atrás en los antecedentes, no por fastidiar, sino por el mero afán de ver el cuadro completo (otra vez: "the whole pictiure").
Hace apenas pocos días, los reporteros de chismes del espectáculo ventilaron un hecho más bien anodino y baboso: la presencia de Adal Ramones en un centro de bailarinas encueratrices.
La gran cosa, ¿no? Todo lo que el país necesitaba saber para reorientar sus destinos.
De allí que Adal ande tan enfadado, lo cual es lógico y -si me perdona la maldita ambigüedad- no lo es tanto.
Cuando el debate entre amigos y colegas se desató, me atreví a participar defendiendo el derecho de Ramones a decir lo que dijo.
Sin duda que sus comentarios contra el gremio periodístico fueron en tono de insulto, pero dado que no se refirió a nadie en particular, según mi personal entender y parecer es muy libre de despotricar.
Para mí no entraña más ofensa que alguien declarando "todos los políticos son corruptos", "todos los maestros son unos asnos", "todos los curas son pederastas".
De hecho cuando este tipo de declaraciones se vierten hay mucha gente que las celebra, incluso periodistas, y no es que sean comentarios más acertados que las sandeces escupidas por Adal en su magistral conferencia.
¿Por qué injuriar a la prensa despierta tanta irritación?
Otro colega aducía que Ramones debió haberse moderado ya que inevitablemente sus declaraciones obrarían en su contra, pero tampoco encuentro en ello un argumento para censurarlo, ya que cada quien es muy libre de ahorcarse con su propia lengua.
En todo caso, lo que aplica es un "el que se lleva se aguanta", o "no te dejes arrebatar por elSíndrome del Fabiruchis". Ya me explico:
En su trayectoria profesional, el conductor no ha demostrado mucho empacho en emplear la reputación de alguien más en aras de divertir a su audiencia. Con tal de resultar entretenido, no le importa sacar partido de las pifias de otros.
Es de allí que extraña la ojeriza en contra de los reporteros (incluso contra los sufridos que fueron a cubrir su conferencia a los que, valiéndose de tener el micrófono en mano, Adal vilipendió).
Los reporteros que "quemaron" a Ramones, ni hablar, contribuyen con una de las formas más ramplonas de entretenimiento, pero practican una ética y principios de los que Adal devotamente participa, él y todos en su casa-empresa, Televisa. Es entonces donde ya no le veo la congruencia por más que se la busco.
Hay que aguantar: a veces le toca ser quien hace la comidilla con sus semejantes; ahora le tocó ser carne de cañón en una de las formas más bajas de entretenimiento (la prensa de chismes). ¡Ni modo!
Lo que me preocupa es que la prensa se torne quisquillosa, intolerante, que censure a quien la critique (aunque se trate de una estupidez) y lo crucifique con saña desmedida; que asuma una postura de "yo soy lo único intocable porque yo decido lo que el público lee, ve y escucha". Eso es, hacer lo mismo que Adal: emplear la pluma, el micrófono, la cámara, no con sentido de responsabilidad, sino para tener siempre la razón, a la fuerza, aunque no esté de nuestro lado.
Sí hay muchas sabandijas en el periodismo (¡Uf! ¡Me canso que dos o tres debajo de cada roca!). No será Adal el primero ni el último que haga una generalización estúpida. Pero en vez de pegar de alaridos quizás podríamos deslindarnos de las "ratas de asfalto" con un ejercicio que intente ser ejemplar.
petatiux@hotmail.com