Au revoir, Calderón
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Mi compañero reportero radiofónico, Sergio Alvizo -quien por cierto no es comunicólogo, sino licenciado en letras. ¿Por qué nadie egresado de Comunicación ejerce como periodista?-, tan pronto me veía caminando en la calle, desenfundaba su grabadora ultramoderna y me empezaba a preguntar una y otra vez sobre el papel de Felipe Calderón al frente del Gobierno de la República.
Si al tercer día me volvía a topar a mi compañero haciendo su talacha periodística-radiofónica, me volvía a abordar y así, a boca de jarro, me volvía a masacrar con bien medidas preguntas que sin más y desarmado, este columnista tenía que responder a su compañero de oficio. Sergio Alvizo oficia para un programa noticioso en la estación XHSA, 100.9 de FM y si algún lector o radioescucha tendencioso y malévolo se atreve a pensar que nuestras críticas recurrentes al ciudadano Presidente son de mutua complicidad, está en un error. Â
La crítica puntual, como el mismo seguimiento que don Sergio ha dado a las columnas publicadas en este generoso espacio de VANGUARDIA por este escritor, han sido más que una complicidad, fruto de dos aspectos sencillos: el azar y nuestro común pensamiento en un aspecto: Felipe Calderón Hinojosa no puede con el país, que a pedazos, se resquebraja en sus manos. Insisto, es mi particular punto de vista que al parecer, comparten miles de mexicanos que ya no vemos lo duro sino lo tupido.
El profundo malestar no es inventado por este servidor ni por el joven Alvizo, no; el malestar en los aspectos sociales, económicos, culturales y claro, en materia de inseguridad, es una mal endémico que azota a buena parte de la población, población que hemos sido presas de actos vandálicos, robos, amedrentamiento y toda esa suerte de "normalidad" que ahora, ya nadie condena.
Ya pasó el "grito" y los panistas, los conservadores en el poder, hicieron todo lo posible por No celebrar las fiestas del Bicentenario: lo lograron a la perfección. Los Estados de tierra adentro, los que habitamos la provincia (término latino, que literalmente dice que es "para los vencedores"), hemos imitado modas y tendencias chilangas que ahora, nos pesan como un fardo. Una de ellas ha sido el presentar en actos masivos a cantantes y grupos de moda para entretener a las masas de palurdos e iletrados. En Coahuila no fue la excepción, aquí vino un cartucho quemado: un tal Joan Sebastián. Un fiasco.
Esquina-bajan
La esperanza de unas fiestas dignas y pomposas, se agotó cada día que pasaba de la administración de Felipe Calderón. Para dichas "fiestas" se gastaron miles de millones de pesos y ahora, nadie sabe dónde quedaron. Tal vez en los bolsillos unos cuantos. Este columnista entonces repudia con amargura e indignación, el estado de cosas que guarda la nación en semejante charada que debió de habernos cohesionado, pero donde se tramó lo contrario: nuestra división. Calderón Hinojosa lo logró muy bien.
El día autorizado a los mexicanos para gritar, me pasó de noche. Ese día tuve un trabajo de redacción que desgraciadamente, se fue alargando hasta llegarme la hora de los licántropos: las doce de la noche. A esa hora busqué un par de tacos y un refresco qué cenar y el espectáculo era bochornoso en mi ciudad que es Saltillo: hordas de energúmenos habían tomando el centro de mi pueblo como una inmensa cantina y la habían convertido también en una pocilga donde se defecaba en las calles y a la vista de todos (así lo vi).
Todo, bajo la complacencia de Jericó Abramo Masso, que no pudo establecer un operativo limpio y digno de una metrópoli. El "grito" fue una triste charada para palurdos e iletrados, como siempre.
Letras minúsculas
A mediano plazo y mientras Calderón se va, a los mexicanos sólo nos queda una cosa: sobrevivir.