El hedor de la política
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La política nacional despide un hedor fétido, hediondo, insalubre, insano y maloliente. La cloaca que estuvo azolvada durante los 70 años del la "Dictadura Perfecta" y que inexplicablemente no se atrevió a abrir el panismo para incrementar su capital político al desprestigiar a una oposición priísta históricamente podrida, presenta fisuras por donde empiezan a escapar abundantes vapores mefíticos propios de la avanzada descomposición moral del gobierno y de la comunidad. El enrarecimiento del ambiente no debe sorprender a nadie. Un sistema engangrenado desde su fundación en 1929, un auténtico aborto republicano, una sociedad carcomida por la corrupción, exhibió evidentes señales de intensa putrefacción a partir del oprobioso maximato encabezado por Calles y sus famosos "peleles", de los cuales la historia nacional dejó cuenta y razón para toda la posteridad.
Llevamos más de 80 años de observar el enriquecimiento inexplicable de la inmensa mayoría de los funcionarios públicos que, junto con sus familias, han entendido el tesoro público como un botín personal sin que nadie, ni los propios contribuyentes, los primeros afectados, se hayan atrevido a denunciar la cadena de peculados por temor a una represalia que propiciara la extracción de los muertos que cada mexicano parecen tener guardados de cara a la pared en un closet. Delatar los fraudes cometidos por destacados secretarios de Estado y gobernadores se entiende como el desacato a las reglas del juego adoptadas implícitamente por gobierno y gobernados durante ya más de 8 décadas. Con tal de mantenerse a toda costa en el poder la autoridad enajenó ilícitamente sus facultades a los particulares a cambio de cuantiosos sobornos la manifestación de insatisfacciones derivadas del saqueo del ahorro nacional y de los fraudes electorales. Al compartir ambas partes, funcionarios y particulares, las mieles de la impunidad se evitó el escándalo y la revuelta, sí, pero no se detuvo el envenenamiento del organismo nacional que hoy apesta para la indignación y vergüenza de todos nosotros.
Llevamos más de 8 décadas de defraudación impositiva. 8 décadas de observar con indolencia la creciente efervescencia social. 8 décadas de indigerible impunidad. 8 décadas de inobservancia de la ley. 8 décadas, 8 décadas de peculado, de enriquecimiento ostentoso y grosero de los funcionarios públicos que eran "sancionados" por la sociedad obsequiándoles exquisitos homenajes gastronómicos domésticos a los responsables del hurto del patrimonio nacional. 8 décadas de asesinato de periodistas. 8 décadas de corrupción en las agencias del Ministerio Público supuestamente creadas para defender los intereses de la sociedad. 8 décadas de inacción y de tolerancia ciudadanas ante el flagrante desfalco del ahorro público.¿Fraude histórico mayúsculo? Pero si ya llevamos 8 décadas de contemplarlos... Lo que realmente debe sorprendernos es la pasmosa paciencia de la ciudadanía ante tanta cuchillada asestada por el frente, los costados y la espalda de la nación durante las mismas 8 décadas. ¡Ay! ignominiosas 8 décadas: ahora nos duele descubrir lo que no ha dejado de ocurrir a lo largo de ellas. ¿8 décadas? ¡Qué va! Ya llevamos 5 siglos, quinientos años con algunas y muy raras excepciones...
México está lleno de "Montieles" todos los innumerables "Montieles" que han existido en las últimas 8 décadas están gozando su patrimonio mal habido en forma de ganaderías de reses bravas o de hoteles o de bancos o de fraccionamientos o de constructoras o de industrias o de agencias automotrices o de inmuebles diversos o de inenarrables inversiones en el extranjero producto de la estafa o del hurto o del fraude en todas su modalidades sin padecer la menor contrariedad ni sobresalto. La crisis actual nos conduce finalmente a la virtud.
¿Qué esperamos encontrar al empezar a abrir una cloaca pestilente que estuvo cerrada a piedra, lodo y concreto reforzado durante las últimas 8 décadas? La política nacional apesta y más habrá de apestar en la misma medida en que salgan a la luz pública los delitos cometidos por una caterva de funcionarios amafiados o no con el empresariado nacional para ejecutar fechorías en contra de la nación que por supuesto a nadie le ha interesado delatar sin detenerse a considerar que algún día reventaría el sistema exhibiendo sus miserias a propios y extraños, cuyo costo lo pagaría el país en su conjunto, aun los mismísimos enriquecidos con sus bóvedas y despensas llenas, puesto que la desesperación social podría atropellarnos a todos por igual ante la inequitativa distribución de la riqueza, de oportunidades y de la farsa en lo que hace a la impartición de justicia.
No debe sorprendernos el hedor de la política ni el tufo que despide la apertura de la cloaca ni la impunidad ni la riqueza ilícita conocida: debe sorprendernos, por contra, la apatía nacional durante las últimas 8 décadas de asistir a los desfalcos públicos como si se tratara de bienes ajenos a nosotros. Debe sorprendernos una nación que escasamente luchó desde el maximato hasta nuestros días por la aplicación de la ley ni por las instituciones. Debe, en fin, sorprendernos nuestra alarmante tolerancia, nuestro abandono durante las últimas 8 décadas...
fmartinmoreno@yahoo.com
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