¡Qué tiempos, señor Embajador!
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Y consignaban los diarios ibéricos en sus estrepitosos titulares: ¡ESCENIFICA DIGNATARIO MEXICANO HIRSUTO PLANTIGRADO! Ello en alusión al pachonsísimo oso que protagonizó allende el Atlántico nuestro embajador en España -y coterráneo coahuilense- don Jorge Zermeño Infante.
Nunca, desde que Cortés llevó ante la presencia de los reyes de España a los primeros aztecas, y uno de estos preguntó a la reina dónde estaba el baño de los caballeros águila, habíamos pasado bochorno semejante por una representación nacional en la Madre Patria.
Bueno, hay que dar el obligado antecedente para aquellos despistados que no leyeron la noticia y que nunca faltan.
Resulta que el bien acreditado diario español El Mundo, durante la Novena entrega de los Premios Internacionales de Periodismo que otorga, reconoció la labor de las mexicanas Luz Sosa y Sandra Rodríguez, de El Diario de Ciudad Juárez.
Los organizadores debieron suponer que el Embajador Mexicano estaría complacido de asistir a la premiación de sus paisanas en las tierras donde él funge como representante diplomático.
Pero sucedió que las galardonadas aprovecharon la palestra que les otorgó dicho premio -y mal habrían hecho en no hacerlo-para pintar un cuadro sucinto de la situación real en México, marcada por la violencia (desatada por una guerra que sólo el Presidente cree necesaria), la impunidad y los peligros para el ejercicio periodístico.
Y ya envalentonado por la ausencia de vellosidad lingual de las galardonadas, hasta el director del rotativo español calificó a nuestro país como el más peligroso del mundo, por encima de Irak.
Entonces don "Zerme" espetó un sonoro "¡Oigame no!" y adujo que en el país de las enchiladas sigue prevaleciendo aquella mexicana alegría que nos hizo tan célebres, e incluso reprochó a las condecoradas (en lugar de felicitarlas por su valor) por andar denostando la imagen de esta tierra mestiza que de tan chula hasta la Virgen morena escogió como su Patria.
Sin muchas armas retóricas, don Zermeño defendió lo indefendible y se marchó de allí muy indignado, según los reportes que nos llegan del otro lado del océano.
El incidente tuvo casi de inmediato funestas repercusiones, pues en respuesta a tan inmaduro comportamiento, hasta los Hombres G decidieron en represalia suspender su presentación programada para el domingo en esta capital coahuilense. Y yo culpo directamente al Embajador de que no podré ver actuar a mi banda favorita de la adolescencia. ¡Sufre, mamón!
Ningún favor le hizo a nadie con esto Jorge Zermeño. En primer lugar al pueblo de México, pues en nada le ayuda a limpiar la mala imagen que, según el diplomático es un infundio malicioso, nada más que un embuste de las periodistas galardonadas.
Tampoco le ayuda mucho que digamos a la administración de Felipe Calderón, pues refrenda la idea de que es un gobierno instalado en la negación y muy intolerante con la crítica.
No se hace tampoco ningún favor a sí mismo, y es que el dramita hace ver como una auténtica Prima Donna al otrora candidato a Gobernador de Coahuila.
Y a pesar de que a nadie le ha hecho el más flaco de los favores, apuesto a que el bono de productividad en el cheque de don "Yorch" no se verá en absoluto afectado.
Conocí -si es que el atender a una rueda de prensa se le puede llamar conocer a alguien- al señor Zermeño cuando era candidato a la Gubernatura del Estado. Traía ganas de cualquier cosa menos de contender. Ya desde allí no me pareció ningún individuo brillante. No dudo que lo sea, sin embargo no lo demostró en esa ocasión y mucho menos en el incidente que hoy aquí comentamos.
Exhibió la madurez de un bebé, no obstante se trata de un Embajador. De hecho, exhibió la diplomacia contenida en la rabieta de un niño.
Y dejó en evidencia que los gobiernos del cambio, de la alternancia, son de cero tolerancia hacia los señalamientos, ya que a las primeras críticas un embajador desaparece así como así.
¡Qué diferencia con los tiempos del régimen priísta! En los que cuando se criticaba al Gobierno, al que desaparecían inmediatamente era a uno.
¡Qué tiempos, señor Embajador!
petatiux@hotmail.com