Una tela de araña en el jardín

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Opinión
/ 20 diciembre 2010

A Paulina Peña, mi ahijada

En el jardín se ha instalado una araña. Me di cuenta por el brillo del sol que desnudó una línea que ella entrelaza en una esquina. La tejedora se afana, sigue dando a luz aceros de seda. El viento ondula las geometrías que se desprenden; el tramado se expande sutilmente y vuelve a su forma; como si respirara.

Su talento se suma para embellecer mi sencillo rectángulo en donde resguardo algunas plantas. Y es que ayer apenas vino el jardinero a podar el césped. Sin embargo la araña se ha instalado; construye para siempre. Esa es ya su vida y esa su casa.

Dejo a un lado mi siguiente tarea y pienso en ayudarle de cierta forma; ver si hay ramas o algún objeto que signifique un riego, alguna gran hoja que caiga, pero me doy cuenta que ella ha previsto todos los detalles. El sitio que ha elegido es perfecto. Perfecto salvo por la presencia del jardinero el próximo día 15, pero eso ella no lo sabe, o incluso, creo que si lo supiera, seguiría haciendo lo mismo que ahora: tejer.

Hoy por la noche ella, la araña, dormirá por segundos en mi jardín. Allí está desde hoy en mi casa, no como un simple decorado, sino como otro ser que me recuerda las tareas diminutas de la naturaleza, este espacio que nos revuelve a todos en un profuso caldo nutritivo.

Mi historia con las arañas es más vieja, pero recordaré sólo otro caso ahora. Hace un par de años, en el jardín de mi madre, plantábamos un poco de pasto y algunas otras plantas. En eso estábamos, cuando una araña tejedora bajó lentamente de las ramas de un naranjo; era muy pequeña, con visos gris, café y blanco impresos en su cuerpo; sus ojos negros, minúsculos y brillantes como gotas de obsidiana. Hechizados la miramos en su descender lento, y de pronto, detuvo el tendido de su trama, como si nos observara. Ese breve instante fue mágico; un ser se exponía ante nosotros sin miedo.

Entonces, mi sobrina Paulina, con su dedo tomó el hilo y miró más de cerca a la araña que permanecía como péndulo de un reloj antiguo y natural, oscilando levemente. De pronto, saltó a mi hombro y allí se quedó mientras seguíamos en las tareas. Intenté llevarla a otro sitio para su seguridad, pero fue infructuoso. Sí, para nuestra sorpresa, la araña regresaba, brincaba, subía por mi brazo volvía a mi hombro; allí se quedaba.

Después de intentar tres veces llevarla a otro lado, me di por vencida; quién mejor que ella sabía lo que le venía en gana hacer. Así, el resto del trabajo lo hice con esta inesperada visitante en mi hombro. Emocionada, yo miraba de vez en vez para confirmar que siguiera allí, con bien. Al concluir nuestras labores inexpertas de jardinería, mi hija, un amigo, mi sobrina, mi primo Enrique y yo, le dimos las gracias a la araña por su compañía. La deposité sobre las hojas del naranjo y se fue a su vida de araña, a estar en esa inmensidad que para ella podría ser el jardín de mi madre.

Ahora pienso en el tiempo de la araña y en el tiempo del hombre; ambos tan delicados; ambos también llenos de afanes y de belleza. Tejedores todos, de nuestras existencias, como Paulina hilando su vida en ese viaje a Puebla, donde las cuerdas de guitarra fueron tejidas por sus manos mientras cantaba desde ese brillo que ella es.

claudiadesierto@gmail.com

Nacida en Monclova, Coahuila. México, en Junio 3 de 1969. Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Maestra en Historia de la Sociedad Contemporánea. Doctora en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario. Ha publicado entre otros, “Los frutos del sol“ (Castillo MacMillan 2005) libro infantil y poemarios entre los que figuran Casa de sol (FECA-CONACULTA 1995), “Ruido de hormigas“ (Gatsby Ediciones, 2005), Carne para las flores, antología personal (Aullido libros, España 2011), Las flores desenfundan sus espinas, antología personal (Secretaría de Cultura de Coahuila, 2013) y “Donde la piel“ (Mantis Editores/CONARTE, 2019). Aparece en “Anuario de poesía mexicana“ (Fondo de Cultura Económica, 2006).

Obtuvo el primer lugar en fotografía Coahuila luz y forma 2003. En poesía, recibió beca del FONCA, estímulos como joven creadora y como creadora con trayectoria del FECA y del PECDA en varias ocasiones. Fue becaria FORCA-Noreste 2011-2012, en Lima, Perú donde impartió talleres sobre poesía objetual. Como invitada de honor del Festival Internacional de Teatro Tánger 2013 en Marruecos, se leyó su poesía traducida al árabe. Parte de su trabajo también tiene versiones en inglés, alemán, portugués y francés. Entre las revistas en las que ha publicado, destacan el número inaugural de la revista de poesía contemporánea de Valencia “21veintiúnversos“, ( octubre de (2015), y “Lichtungen“ (noviembre de 2016) en el apartado “Literatura del norte de México“, en el que sus poemas fueron traducidos por Christoph Janacs.

Fotografías medio ambientales, video poemas y atmósferas sonoras fueron exhibidos en la Galería Mohammed Drissi de Tánger (Julio-agosto 2021). Participó en la muestra de arte coahuilense titulada Segar el mar, dentro del 49 Festival Cervantino. Parte de su trabajo se encuentra en el portal virtual www.thenatureofcities.com, al lado de artistas medio ambientales del mundo. Actualmente es Directora de Divulgación Científica en el Museo del Desierto.

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