¿Por qué manda Occidente?
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El libro que comentaremos esta semana se titula "Why the West Rules. For Now. The Patterns of History, and What They Reveal About the Future"
Se publicó en octubre pasado, y su autor es Ian Morris, arqueólogo, profesor de Historia y de los Clásicos en la Universidad de Stanford. Es un gran libro no sólo por que se puede leer muy fácil, y porque muestra un gran conocimiento de parte de su autor, sino porque apuesta por explicaciones creativas.
El eje del libro es la construcción de un gran índice que Morris llama "índice del desarrollo social", que le permite comparar a Oriente y Occidente por cosa de 15 mil años. Como usted imaginará, un índice de ese tipo requiere no sólo inventiva, conocimiento y trabajo, sino también mucho valor. Y este tipo de trabajos son los que, a juicio de este columnista, valen más la pena. Si fallan, son errores grandiosos, que son los que hay que cometer.
Morris construye este índice para comparar estas dos versiones de la civilización humana (por ponerles un nombre) que surgieron en Oriente y en Occidente. Primero define qué entiende por Occidente, que es la civilización surgida en Mesopotamia, y en Oriente, en las márgenes del YangTze. Además de estos dos lugares en donde se descubrió de manera independiente la agricultura, Morris menciona otros cinco, cuyas culturas tarde o temprano fueron subsumidas en las dos primeras: Mesoamérica, Sudamérica, el valle del Indo, y un poco más dudosas, el Sahara oriental y Nueva Guinea.
Partiendo de esos dos orígenes, Morris intenta comparar las dos civilizaciones haciendo uso del índice que hemos mencionado. Se trata de un indicador que conjunta cuatro dimensiones que el autor considera que muestran con claridad el avance social: la cantidad de energía que puede consumirse, la cantidad de información que se puede manejar, las formas de organización (especialmente el tamaño de las ciudades) y la capacidad de hacer la guerra. Estos cuatro subíndices se evalúan cada milenio, cada cuarto de milenio, cada siglo o cada medio siglo, dependiendo de la información que tenemos. Los cálculos y las fuentes están en un PDF que usted puede ver (gratis) en www.ianmorris.org. El documento es más grande que el libro y mucho más árido, pero detallado.
Entre otros temas que toca, y que dan buena muestra de la calidad del autor, Morris se imagina el descubrimiento de América realizado por los chinos, especialmente por Zheng He, el famoso almirante del siglo XV que llegó a Africa. La forma en que Morris narra ese ficticio pasaje, la llegada de Zheng a Michoacán y su posterior desplazamiento a Tenochtitlan, es genial.
En lo general, tanto el análisis histórico como la propuesta del índice de desarrollo social y su evaluación para cada época es de gran valor. Como siempre ocurre con este tipo de indicadores, habrá muchos que se quejen. Porque no se debe "cosificar" asuntos de tantas dimensiones como lo es el desarrollo, o porque los indicadores seleccionados no son los más relevantes, o porque la información utilizada para calcularlos no tiene la calidad deseada, o por lo que usted quiera. Es la mejor comparación entre Oriente y Occidente que he visto con esa amplitud de tiempo y temas, y como un punto de partida para análisis más detallados, no tiene desperdicio.
De acuerdo con el método que utiliza, Morris concluye que Occidente ha tenido una capacidad superior de organización, manejo de energía, información y dominio de la guerra por 14 de los 15 milenios. Sólo en esa época que genéricamente llamamos Edad Media estuvo Oriente por encima de Occidente. No debería ser necesario, pero aclaro, como lo hace Morris, que esta comparación no tiene absolutamente nada que ver con cuestiones genéticas, raciales o parecidas, sino que es resultado de dos caminos de desarrollo que se originaron con una ventaja inicial de Occidente, por cuestiones geográficas, que sólo perdió por el milenio que le comento.
El último capítulo del libro es el pronóstico, y la razón por la cuál el libro se titula ¿por qué Occidente manda?... por el momento. En opinión del profesor Morris, en los próximos años (unas cuantas décadas) Oriente logrará superar a Occidente en dos o tres de los indicadores: consumo de energía, organización (tamaño de las ciudades), información, y por ello Occidente dejará de "mandar". Este capítulo es el más débil, por mucho, del libro. Y seguramente será el que más le criticarán los historiadores, que no gustan de andar pronosticando. Este columnista sugiere que, para el asunto del pronóstico, tengamos más confianza en George Friedman, de quien hablamos hace unas semanas, que en Morris. Pero en cuanto al análisis histórico, tengo pocas dudas para poner este libro a la altura de Armas, gérmenes y acero, la gran obra de Jared Diamond que usted seguramente conoce. Y si no, corra a comprarlo (hay ediciones en español desde hace varios años).
En suma, el libro de Morris es una excelente manera de entender, a vista de pájaro, la historia de la humanidad, y es un gran experimento orientado a comparar, muy razonablemente, las dos civilizaciones que los humanos construimos y que han durado hasta la fecha. No debe uno de confiar demasiado en el pronóstico, pero eso, creo, es lo menos importante de un libro profundamente útil.