Revenge
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Sin piedad. Con los miembros del crimen organizado no se juega. Si alguien les debe algo, hay que pagarles lo más rápido posible. Si no, ellos llegarán a cobrarlo. Y lo cobrarán de la peor manera: arrebatando el único bien que tiene un ser humano: la vida. Es entonces una venganza, una revancha.
Nadie está a salvo. Los ajustes de cuentas son pan cotidiano, son aterradores y quedan en la impunidad. Por lo demás, las bandas delictivas se mueven en la jungla urbana a sus anchas, sin ser molestados. Se les teme, se les huye y pocos los enfrentan. Dos casos de revancha sonados le han dado la vuelta al mundo en días recientes. Un caso en Monterrey, la otrora joya de la corona mexicana en materia económica y de industria y luego y hace apenas semanas en Torreón, donde la vida no vale nada.
VANGUARDIA ha dado cuenta de ambos episodios funestos y que ponen los pelos de punta de todo mundo. Al despuntar el amanecer del 31 de diciembre de 2010, justo antes de finalizar el fatídico año en Monterrey, Nuevo León, en un puente urbano donde es obligatorio el paso para cientos de obreros que nutren con su sangre fresca a las cientos de industrias de la región, fue colgada semidesnuda una mujer. La tristemente célebre "Pelirroja." Ésta tenía un nombre tatuado en el cuerpo y según los forenses, fue colgada viva; es decir, primero fue golpeada y al momento de tirarla amarrada del pescuezo por una soga en el puente, aún estaba viva y allí murió: colgada.
La "Pelirroja" era la líder una banda de secuestradores. Pero el problema es que al parecer, le debía algo a una banda rival. Éstos entonces negociaron con las autoridades del Penal donde la "pelirroja" se encontraba detenida -con plata o plomo, da igual-, que la trasladaran por "motivos médicos" a un Hospital del área urbana. La "Pelirroja" no fue rescatada, no. Fue liberada sólo para que cumpliera con su cita con el destino y con sus enemigos: fue colgada a ojos de todo mundo. Y las preguntas son obvias: ¿Qué les debía? ¿Por qué la colgaron, la mataron? ¿Quiénes fueron sus asesinos? Es tal el poder de la banda, que la sacaron del Penal del Topo Chico y la ajusticiaron. Así de sencillo.
La otra revancha no sucedió en Ciudad Juárez, sino en Torreón, la otrora Perla de La Laguna. A escasos 100 metros de la Delegación Laguna de la Fiscalía General del Estado, fueron ejecutados con tiros en la cabeza, dos taxistas que habían sido rescatados de sus captores sólo horas antes. Juan Antonio Leyva Gómez y Jaime Martínez Castro, fueron asesinados luego de declarar en dichas instalaciones policiacas. Es decir, los esperaron, los cazaron.
Esquina-bajan
Los niveles de violencia son alarmantes y nadie se siente seguro. El más sentido reclamo a cualquier Gobernador de cualquier estado de la república es uno sólo: seguridad. Según cifras disponibles, el 95% de los crímenes que se comenten en el país quedan impunes. Y estos tres brutales asesinados son apenas un locuaz ejemplo de la maraña de intereses, rivalidades y compra de territorios que se disputan las bandas organizadas bajo el disimulo de un gobierno -federal o local, da igual- que no puede.
Los dos taxistas que fueron ejecutados a los ojos de otro taxista y de una hermana de uno de ellos, apenas horas antes habían sido liberados luego de una persecución y tiroteo en la colonia Las Dalias, en Torreón, Coahuila. El gusto de vivir fue efímero. Los miembros del crimen organizado los estaban esperando y los ajusticiaron a sólo 100 metros de la Fiscalía de Coahuila en La Laguna. El horror y la impunidad tocando la puerta.
México se está evaporando y se escapa de las manos. La seguridad es un asunto de prioridad nacional que no sólo está en la agenda pública nacional, sino internacional, por la vecindad con el país más poderoso del mundo, los USA. El problema es que la impunidad es la moneda de uso corriente y los gatilleros saben de ello y claro, lo utilizan a la perfección.
Letras minúsculas
Revanchas. Nadie está a salvo.