Moreira, de cuerpo completo

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Opinión
/ 18 marzo 2011

Se dio el lujo de ridiculizar no sólo a los presidentes del PAN y el PRD juntos, sino que hizo mofa de la alianza de azules y amarillos

Con toda razón, muchos cuestionaron la ortodoxia mostrada por el nuevo presidente nacional del PRI, Humberto Moreira, durante su mensaje de toma de posesión.

Que si fue un mensaje vacío de contenidos, que si el político de Coahuila está lejos de ser un ideólogo partidista, que si no fue capaz de mostrar táctica, tampoco enseñó estrategia y menos el rumbo de quienes aspiran a volver a Los Pinos; que si su inconsistencia es consecuente con lo insustancial de su jefe, Enrique Peña Nieto, que si.

A decir verdad, Humberto Moreira no movió ni conmovió a nadie -dentro y fuera del PRI- en lo que debió ser su primer gran foro de exposición política y mediática: su toma de posesión como jefe nacional del PRI. La verdad es que salió debiendo a propios y extraños, que esperaban grandes anuncios, cambios profundos y la expectativa propia de un naciente líder llamado a llevar a su partido de vuelta al poder presidencial.

Acaso por eso -entendió su deuda en el aniversario 82 del PRI- en la primera confrontación con sus pares de la izquierda y la derecha -en el informativo de Carlos Loret del pasado lunes-, Moreira mostró de lo que está hecho, de lo que es capaz y para lo que fue llevado al PRI, al mandar a la lona con un certero descontón al jefe azul y al amarillo. Más aún, en metáfora boxística, se podría decir que Moreira lanzó un cruzado de derecha y uno de izquierda y, casualmente, mandó a la lona a los jefes de la izquierda y la derecha.

Es decir, que en el informativo matutino de televisión de mayor audiencia, Moreira se dio el lujo de ridiculizar no sólo a los presidentes del PAN y el PRD juntos, Gustavo Madero y Jesús Ortega, sino que hizo mofa de la alianza de azules y amarillos y de las contradicciones entre "espurios" y "peligros para México".

Como se sabe, resulta que Moreira, Madero y Ortega debatieron en 1-N de Televisa. Pero, en un descuido, el jefe del PRI tomó el papel de entrevistador y con sendas fotos de Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador -los dos portando la banda presidencial-, les preguntó a Madero y a Ortega que cuál de los dos era su presidente verdadero y válido. Luego sacó gráficas de desempleo, luego los capoteó con el aborto, los matrimonios entre personas del mismo sexo, y al final les recetó sonoros adjetivos de mentirosos e incongruentes.

A lo largo del debate, mientras Moreira disparaba la izquierda y la derecha, Gustavo Madero y Jesús Ortega se vieron incapaces de romper la dinámica del debate, de responder a las provocaciones de Moreira y de tomar la iniciativa. Al final hicieron el ridículo y Moreira salió con un sonoro triunfo.

Viene a cuento el tema porque, si muchos comparten la tesis de que Humberto Moreira defraudó en su discurso de toma de posesión, si se vio "chiquito", carente de propuestas, lejos de un ideólogo de partido y muy lejano del líder del partido del nuevo siglo que aspira a llevar de vuelta al poder presidencial al PRI. ¿cómo estarán los jefes del PAN y el PRD a los que vapuleó Moreira?

En efecto, Moreira está lejos del ideal que supone que la jefatura del nuevo PRI reclama a un ideólogo o un intelectual capaz de enarbolar la nueva ideología, marcar el rumbo, la táctica y la estrategia del partido que aspira a volver al poder en México. Pero lo curioso del caso -y acaso por ello la tragedia de la política, de la alternancia y de la transición democrática- es que los partidos no quieren ideólogos y menos reclaman intelectuales. Los partidos mexicanos buscan políticos marrulleros, habilidosos, fajadores, con la chispa del descontón y el timing mediático, para ganar elecciones, al costo que sea.

Y Humberto Moreira no sólo mostró sus dotes y habilidades para el cambio de golpes en corto, no nada más exhibió la chispa para desequilibrar al adversario y para el descontón de inicio; no sólo ha mostrado que es capaz de ganar elecciones -en Coahuila arrasó y arrasará-, sino que retrató de cuerpo completo a esos "bultos" que son Gustavo Madero y Jesús Ortega, que tampoco son ideólogos y menos intelectuales, y que ratificaron que la inteligencia y la velocidad de pensamiento no es lo suyo. Y a pesar de esas carencias, son jefes del PAN y el PRD.

En efecto, cuando Moreira vapuleó a Madero y a Ortega -con todas las carencias del jefe nacional del PRI-, no sólo ratificó ante ciudadanos y electores la mediocridad del PAN y del PRD, sino las razones por las que ciudadanos y electores rechazan al PAN y al PRD como alternativa de poder. Al tiempo.

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