La respuesta no puede ser el silencio
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Podríamos unirnos al coro del silencio.
Podríamos fingir que nada pasa.
Podríamos hacer como que la normalidad inunda nuestra vidas.
Podríamos pretender que fue un sueño.
Podríamos, entonces, llenar este espacio con el intento de cada sábado por aligerar la carga de las jornadas previas y contribuir a suavizar el fin de semana...
Pero todos sabemos que no es cierto.
Todos sabemos que sí está pasando algo.
Todos sabemos que nos afecta.
Todos sabemos que hoy habitamos una ciudad distinta.
Todos sabemos que, debido a ello, el miedo se ha instalado en nuestras vidas.
Todos sabemos que voltear la vista hacia otro lado no resolverá el problema.
Todos sabemos que no queremos esa realidad para nuestra ciudad, para nuestros hijos.
Y frente a eso, el silencio no puede ser la respuesta.
Frente a eso, resulta imperativo exigir, a quienes pidieron nuestro respaldo para gobernar -a todos, sin excepción-, que recuperen, para el disfrute de las mujeres y los hombres de bien -que son abrumadora mayoría- el espacio público, las calles, las banquetas, los parques, la ciudad que es nuestra...
Ojalá no sea mucho pedir...