Terraza Romana
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Por años he soñado con dos divas aladas, etéreas, eternas. Bellas por siempre, forman parte de mi mapa sentimental en las horas más altas. Una de ellas es, cómo no, Marilyn Monroe -en honor a la verdad la comparto con mi maestro, don Germán Froto y Madariaga. Cuando Marilyn murió, nos dejó viudos al Magistrado y a su servidor; nada nuevo-, la mujer; no una mujer, sino la mujer.
El otro sueño es el destello lúbrico de una estrella fugaz, pero inmortal. Medias caladas sujetas por un liguero de encaje negro. Corsé del mismo color, enfundada en una bata vaporosa y con tacones de verticalidad imposible. Es el famoso strip tease que Sofía Loren realizó en la película "Ayer, hoy y mañana" (1963). Recuerdo la secuencia completa, pero más recuerdo la fotografía perturbadora de Perluigi Praturion, la cual le tomó a la Loren justo cuando ésta desafiaba a la cámara y se despojaba de una de sus medias y la ofrecía como trofeo a su compañero de cama. De infarto.
La fotografía de buen tamaño la tengo tatuada en mi pálida memoria por un motivo: adorna el sanitario -siempre limpio, pulcro, bien dispuesto- de un restaurante italiano de abolengo y de rancia prosapia en Saltillo -sin duda, el mejor-, La Terraza Romana. Y sí, cada vez que iba al sanitario, allí estaba la Sofía Loren: musa de papel y celuloide, siempre joven, siempre segura de sí misma, siempre femenina, siempre a punto de desnudarse.
Tengo años yendo al restaurante La Terraza Romana, feudo del recordado don Emanuele Gentiloni Silveri y ahora, comandado por el joven chef y empresario, Fabio Gentiloni Arizpe, quien me dispensa su sincera amistad. Aquí y no en otro lugar era feliz coincidencia dominical toparme comiendo en familia al recordado don Armando Castilla Sánchez y a la señora Diana Ma. Galindo de Castilla. También, a la maestra Lucía Teissier. En diversas ocasiones topé, copa de vino tinto en mano, con ese gentleman inglés-saltillense, don Germán Ramírez y familia. Sobra decirlo, aquí también era una parada obligada para bastimentarnos con mi hermano, el añorado Armando Sánchez y el periodista Carlos Arredondo.
Sin cometer una infidencia al respecto, he alagado aquí a novias o amigas que he tenido (las novias me han botado, todas. En fin, algún día platicaré de estas derrotas amorosas que he tenido y por lo cual mi corazón es un retazo inútil). Enclavado en el Centro Histórico, en la mítica calle Victoria y a pasos de la bella Alameda Zaragoza, hoy "La Terraza Romana" luce una remodelación espectacular de la cual daré cuenta atropelladamente.
Esquina-bajan
La Terraza Romana, tiene una larga tradición en Saltillo. Tiene 19 años de estar establecido y en este tiempo, no sólo su sazón y toque italiano no se ha perdido, sino que ha echado raíces y afincado con el paso del imbatible tiempo. Aquí se guisa y cocina con hierbas de aromático olor que le han dado una culminación especial a los platillos y pastas italianas cocinadas al momento en horno casero.
El joven chef y empresario Fabio Gentiloni no ha escatimado peso alguno para mostrar la nueva cara de su restaurante (no puedo publicar la cifra lector, pero el chef tuvo que echar mano de sus ahorros para ofrecer un lugar ahora, recargado), una armoniosa y romanesca remodelación en la cual lucen exactos, frisos italianos. La decoración fue montada a base de lajas y rocas donde se han ensamblado aromáticas velas en un espacioso bar, lo cual le da un aire de mesón italiano medieval de añeja estirpe.
Mis amigos lo saben: me gusta adjetivar, hacer estribillos, slogans publicitarios. Cuando convoco a reunión en La Terraza, siempre arrastro la siguiente frase, "Nos vemos en el restaurante que siempre está de moda: La Terraza Romana. Hoy, para fortuna de todos, mejor que nunca.
Letras minúsculas
Hey Carlos Arredondo, don Germán Ramírez ¿confirman la comida de hoy con focaccia, una botella de tinto italiano de la casa Chianti y ravioles con salsa arrabiata? ¡Yo invito caballeros!