El fuero de Fernández Noroña

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Opinión
/ 1 marzo 2011

Si los legisladores de 1917 hubieran imaginado los excesos del Diputado Federal Gerardo Fernández Noroña, seguramente hubieran suprimido el fuero constitucional.

El fuero proporciona inmunidad a los diputados y senadores en la expresión de puntos de vista, en el artículo 61 de la Constitución federal se les declara inviolables por las opiniones que expresen en el desempeño de sus cargos. Este privilegio surgió ante el enorme poder del ejecutivo, manifiesto, incluso, con el  encarcelamiento de los legisladores incómodos. Las circunstancias cambiaron, actualmente al Presidente de la República no le alcanza para sacar del aire a una periodista, mucho menos para encarcelar a un representante popular. Enhorabuena que sea así.

Hoy, ante una realidad diferente, la figura del fuero debería ser eliminada de la Constitución; lo que antes fue un manto protector de la libre expresión, es actualmente un salvoconducto para difamar, vituperar y denostar, sin más límite que la sensatez del representante popular, no obstante, en el caso de Fernández Noroña,  la cordura no parecer ser un rasgo característico de su personalidad.

Al lenguaraz legislador le sobran ocurrencias y le falta vergüenza. En el salón de sesiones de la Cámara de Diputados, de manera pública y en medio de una sesión, acusó a una diputada de entregar su cuerpo;  recientemente desplegó una manta en la que, da manera implícita, señala a Felipe Calderón como alcohólico y el martes, durante una conferencia en la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, dijo estar seguro de que uno de los empresarios más poderosos de México está vinculado con el narco.

No se trata de suprimir el juicio crítico de un legislador, pero sí de censurar los insultos, existe una línea que divide las opiniones de la difamación; adelante, que realice las acusaciones que quiera, contra quien quiera, pero que presente pruebas, que prevalezca, al menos, un ejercicio mínimo de investigación antes de incriminar. Es bien sencillo hablar, lo complicado es realizar trabajo de escritorio para sustentar afirmaciones.

La beligerancia verbal del diputado por el PT es tanto su mejor activo político, como su debilidad principal; es un lastre que lo arrastra y encasilla, lo ubica no como ideólogo, intelectual o estratega, sino como un porro, un  reventador, a eso se ha reducido y esos son los servicios que presta a Andrés Manuel López Obrador.

El discurso de Fernández Noroña lejos de engrandecer la actividad política la envilece ante los ojos de los ciudadanos, la convierte en una batalla campal en tierra de nadie, donde todo se vale. México no necesita que los rufianes ocupen las curules, requiere si, protagonistas de altura, que dignifiquen la política con su actitud, sus propuestas y, porque no, también con la forma de relacionarse con sus adversarios.

La palabra es también cuchillo o R-15, su uso implica responsabilidad proporcional a la investidura que se tiene, al nivel de influencia que se ejerce y al carácter masivo que se da a la emisión de los mensajes, de ahí la importancia de que los legisladores pierdan su fuero y respondan ante la justicia por el daño moral que causan.

Mal hizo la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro al darle foro de expresión a Fernández Noroña,  bien lo dice la consigna popular: "ven que el chango es chiflado y todavía le aplauden".

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Columna: Acrópolis

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