Fuera camiones de carga
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El arribo de miles de alumnos a las escuelas debe ponernos en alerta con el diferente tráfico de la temporada: a los habituales conductores, se agregan numerosos padres y madres de familia que salen apresurados de sus hogares, dando, desde este pasado lunes, una nota distinta al acostumbrado movimiento durante las vacaciones del verano.
Hemos de estar atentos a la circulación, que se verá notablemente afectada en horas "pico". Pero si esto es en la semana apenas iniciada, la próxima, con la entrada a clases de los también miles estudiantes de Educación Preescolar, Primaria y Secundaria, nos pondrá de verdad a prueba.
Las cosas se verán complicadas: la ciudad no ha logrado llegar, ya no digamos a la armonía, que sería quizá utópico alcanzar al cien por ciento, pero al menos a condiciones civilizadas de interacción.
Mientras el centro sigue siendo tierra de nadie con el paso de unos peatones que indiscriminadamente se cruzan a mitad de calle y entre autos, en el resto de la ciudad circulan camiones de carga que representan un enorme peligro para cualquier ciudadano: ya sea el que anda a pie o el que conduce un coche.
¡Cuántas veces habrá que repetirlo! ¿Tendremos que esperar a que suceda un accidente mortal como el ocurrido en Aramberri, Nuevo León, con el tráiler que, sin frenos, fue a parar a una Guardería matando ahí seis personas, incluyendo niños? No esperemos más. Es menester que los camiones de carga dejen de circular por la ciudad a cualquier hora, en cualquier momento del día.
Viernes 12 a las 5:00 de la tarde, y se observa a uno de ellos, transitando, con doble caja, en el bulevar Jesús Valdés Sánchez y la calle Hidalgo. Sábado 13, a las 12:00 del mediodía, uno más circulando por Presidente Cárdenas a la altura de la calle Allende.
Ya vivió Saltillo su propia historia de dolor, su historia de terror con estos armatostes. Estremecedora. Aquella terrible mañana en que una jovencita que llevaba a su hermano a la escuela y recibió la avalancha de un tráiler, sobre el bulevar Nazario Ortiz Garza, muriendo al instante.
¿Qué ha pasado desde entonces? ¿Por qué siguen circulando camiones de carga en la ciudad a todas horas?
Un creciente desarrollo de esta ciudad capital requiere, exige, que se trabaje en ello, que se aplique una normatividad que preserve la seguridad de los saltillenses.
Y en este mismo sentido, la vigilancia en el primer cuadro de la ciudad debe ser más estricta. La situación sale de control. La gente de a pie no respeta la circulación de los vehículos y los conductores no respetan al peatón. Ahora que dará comienzo el uso de la Ciclovía es momento clave para que se recuerden las ordenanzas, para que el Ayuntamiento haga observar los reglamentos, que se cumplan y se desarrolle el ambiente vial tal y como debe ser.
¿Qué podríamos esperar de la Ciclovía si aún no resolvemos asuntos que se supone deberían ser la base para poder trabajar en otro plano? ¿A dónde parar las expectativas si no existencondiciones mínimas en casos tan básicos, tan de primer nivel?
Resulta ya un imperativo. Vivir el centro de la ciudad es sentir todos los días el caos. Lo increíble es que calles y demás espacios son aparentemente tan manejables que no pareciera que llevara tanta complicación gobernarlos. Sin embargo, así como está la cosa ahora, es evidente que no hay ahí mandato ni respeto a la civilidad. Cada quien obra como Dios le da a entender; no hay ni vigilancia ni respeto, ni cuidado alguno.
Una vez más: urge se haga cumplir un reglamento vial que ya resulta indispensable. Lo demás es seguir en la llamada selva del asfalto.
Una cosa lleva a otra: si no se cuida, si no se castigan las conductas inadecuadas, a un automovilista le va a parecer no solamente fácil atravesar a alta velocidad los estacionamientos de los centros comerciales para llegar a una vía rápida, además, ostentar la velocidad con el claxon presionando a los clientes de esos lugares.
Eso empieza a pasar. ¿Eso queremos que siga pasando? ¿Deseamos habitar una selva de asfalto?
Vito Alessio Robles
El domingo se cumplieron 132 años el nacimiento del gran historiador coahuilense Vito Alessio Robles. En el centro cultural que lleva su nombre se realizó una guardia de honor para recordar a quien con toda justicia es llamado "Padre de la historiografía del noreste de México", y cuya valiosa biblioteca se resguarda en ese lugar.