Don Chu. Así, sin la ye.

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Opinión
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El Padre Peñalosa, querido amigo con quien jamás hablé, lamentaba que no hubiera ataúdes donde se pudiera estar de rodillas. "Porque hasta muerto -explicaba- seguiría yo arrodillado dando gracias a Dios por tantos beneficios".

Lo mismo digo yo: nueve vidas podría tener, como los gatos, y las nueve no me alcanzarían para agradecer los incontables dones que de la vida (es decir de Dios) y de Dios (es decir de la vida) he recibido.

Entre esos bienes, lo he dicho muchas veces, está el de ser un cómico de la legua. Comparto la ventura de todos los juglares que en este mundo han sido, desde micer Berceo, que cantaba para ganarse un vaso de buen vino y poder yogar con fembra placentera, hasta el irlandés Walter Starkie, de cuya mano recorrí el camino de Santiago, que tocaba en su violín lacrimosas baladas de su tierra y luego pasaba el sombrero entre la gente. Así viajó por toda Europa, y escribió luego maravillosos libros que, adolescente yo, llegué a saber casi de memoria.

Dime tú, querido lector con el que empiezo ahora el nuevo año: de no ser un caminante de la legua ¿habría yo oído hablar alguna vez de don Jesús Valdez, conocido más bien como "Don Chu" -así, sin la ye-, originario y vecino de Huasabas, un pueblo de la sierra de Sonora?

Este señor don Chu era político en los tiempos del PRI, tiempos que ahora algunos evocan con nostalgia. Fue alcalde de su solar nativo. Cuando andaba en campaña organizó un mitin, y no asistió a él su compadre más querido. El ausente buscó después a su amigo, para disculparse. Y le dijo don Chu:

-No se preocupe usted, compadre. Me sobró burrada.

En la misma campaña las fuerzas vivas de Huasabas le ofrecieron a don Chu un almuerzo. Las viandas las preparó un jamaiconcito. Así, "jamaicones", son llamados los gays en la sierra sonorense. Muy modoso se le presentó a don Chu el experto en el arte culinario, y con voz atiplada le describió el menú a fin de que escogiera:

-Hay menudo, cabeza, tamales, huevos, enchiladas, tacos, tostadas, quesadillas y frijoles.

Contestó don Chu acomodándose bien en la silla al tiempo que se desabrochaba el grueso cinturón para que nada le estorbara la capacidad ventral:

-Así en ese orden está bien.

Don Chu fue electo alcalde. El primer día de su gestión -un primero de enero- fue a saludarlo su compadre, aquel que faltó al mitin. Llegó el señor cubierto con el tradicional sombrero de fieltro y ala ancha que usan para las ocasiones especiales los campesinos acomodados de Sonora.

-Descúbrase usted, compadre -le espetó don Chu antes de saludarlo.

Confuso y apenado el compadre se quitó el sombrero. Y añadió el flamante munícipe para justificar el pedimento:

-Si no lo hace por su compadre hágalo por ese reatón encerado que tengo atrás de mí.

El "reatón encerado" que don Chu tenía tras de sí era don Benito Juárez, cuyo hierático retrato presidía por entonces todas las oficinas públicas.

Dime, lector amigo: si no anduviera yo en la legua ¿llegaría a tener noticias de gente como don Chu, gente llena de ingenio y genio popular? Lo mejor para el buen caminante es el camino.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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